Dedicado a los niños y niñas de 5º B,This book was created and published on StoryJumper™
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MomotaroCuento popular de Japón






Érase una vez, hace mucho tiempo...
En un pueblecito de la montaña, un hombre muy
viejo y una mujer muy vieja vivían en una
solitaria cabaña de leñador.





Un día que había salido el sol y el cielo estaba
azul, el viejo fue en busca de leña. La anciana
bajó a lavar al arroyo estrecho y claro, que
corría por las colinas...
¿Y qué es lo que vieron? Flotando sobre el agua
y solo en la corriente, un gran melocotón.






La mujer exclamó:
-¡Anciano, abre con tu cuchillo ese
melocotón!






WAAAAAHHH!
¡Qué sorpresa!
¿Qué es lo que vieron? Dentro estaba
Momotaro, un hermoso niño.
Se llevaron a su casa a Momotaro, que se
crió muy fuerte.

















Siempre estaba corriendo, saltando y
peleándose para divertirse, y cada vez crecía
más y se hacía más corpulento que los otros
niños del pueblo.







Entonces, en el pueblo todos se
lamentaron:
-¿Quién nos salvará de los Demonios y de
los Genios y de los terribles monstruos?
Yo seré quien los venza -dijo un día
Momotaro-. Yo iré a la isla de los Genios y
los venceré.








-¡Denle una armadura! -dijeron todos-. Y
déjenlo ir.
Con un estandarte enarbolado se dirigió
Momotaro a la isla de los Genios. Iba provisto
de comida para mantener su fortaleza.






Por el camino se encuentra a un Perro que le
dijo:
-¡Guau, guau, guau! ¿Adónde te diriges? ¿Me
dejas ir contigo? Si me das comida, yo te
ayudaré a vencer a los Demonios.








En un monte también se encontró con un
Mono:
-¡Ki, ki, kia, kia! -dijo el Mono-. ¡Momotaro,
eh, Momotaro, dame comida y déjame ir
contigo! ¡Les daremos su merecido!










En el camino apareció un Faisán:
-¡Kian, kian! -dijo el Faisán-. ¡Dame comida e
iré con ustedes a la isla de los Genios y los
Demonios para vencerlos!










Finalmente, Momotaro y sus amigos hicieron
una balsa y embarcaron para ir al encuentro de
los Genios y derrotarlos.
Pero la isla de los Demonios estaba muy lejos y
el mar, embravecido.










El Mono desde el mástil gritaba:
-¡Adelante, a toda marcha!
-¡Guau, guau, guau! -se oía desde la popa.
Y en el cielo se oía: -¡Kian, kian!







El valiente Momotaro llegó a la isla, dónde
había un castillo. Desde lo alto del cielo el
Faisán espiaba la isla y avisó:
-¡El guardián se ha dormido! ¡Adelante!
-¡Mono, salta la muralla! ¡Vamos, prepárense!












Momotaro gritó:
-¡Eh, ustedes, Demonios, Diablos, aquí
estamos! ¡Salgan! ¡Aquí estamos para
vencerlos, Genios!
-¡MOMOTAROOOO! ¿Cómo te atreves a
entrar a nuestro castillo! Nosotros te
atraparemos y te comeremos!"











El Faisán con su pico, el Perro con los
dientes, el Mono con las uñas y Momotaro
con sus brazos, luchan denodadamente. Los
Genios y los Demonios, al verse perdidos, se
lamentan y dicen:
-¡Nos rendimos! Sabemos que hemos sido
muy malos... Nunca más volveremos a serlo.
Les devolveremos el tesoro y todas las
riquezas.














Sobre una carreta cargan el tesoros y todo lo
que había en poder de los Genios.
El Perro tira de ella, el Mono empuja por detrás
y el Faisán les indica el camino.










Y Momotaro, sentado encima de la carreta,
entró en su pueblo donde todos lo aclamaron.
Más tarde, se casó con su novia y fueron
felices, muy felices, y a mí me dieron con la
puerta en las narices...
The End
