
Había una vez un jugador, el era argentino, vivía en Rosario, le gustaba ir a la playa y jugar a la pelota. Cuando el jugaba era milagroso, porque cada vez que tocaba la pelota, y hacia un movimiento, siempre resultaba ser un gol asegurado.
Cuando él llego a primera, siempre era titular, el equipo estaba invicto, pero un día el jugador milagroso se lesionó, y no pudo jugar por cinco meses.

Qué mal, me lesioné por cinco meses.
Ese mismo día jugaba su equipo, ellos perdieron y se le fue su racha. El equipo perdía todos los partidos. Luego cuando se recupero el equipo volvio a ganar. Ganaban todos los torneos, el era el diez, algunos lo llamaban el Dios del fútbol, o el Milagroso, pero el en realidad se llamaba Lionel Andrés Messi.
FIN
