Para aquellos que han sufrido la perdida de alguien.This book was created and published on StoryJumper™
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El día en el que la familia Miterrant cayó en crisis,
fue un día de invierno, lluvioso, frío y oscuro.
Todo empezó hace cinco meses en verano, en un
caluroso día. La familia Miterrant era una familia
de granjeros que vivían en Francia, a las afueras de
Donibane Garazi. En la misma granja vivían el
padre, la madre, las dos hijas y el hijo.

















El padre, Pierre, era valiente, humilde, alegre y
simpático. Siempre vestía un peto azul y desgastado
con una camisa de cuadros blanca y roja que tenía
unas cuantas manchas de barro y grasa.















La madre y las dos hijas tenían el cabello moreno y
los ojos verdes, eran muy guapas y se parecían
muchísimo.


























El hijo, Paul, era joven, rubio, simpático y tenía los ojos
verdes.

Todos los días el padre y el hijo trabajaban ocho horas en el
campo, plantando y recogiendo la cosecha. En cambio, las dos
hijas y la madre se ocupaban de las labores de casa. parte de
eso les llevaban la comida a Paul y Pierre


Un día se dieron cuenta que en cuanto volvían a casa, los
pájaros les comían las semillas. Decidieron ponerle fin al
problema.
Como todos los sábados la familia bajó al mercado, pero a
diferencia de las semanas el anteriores, esta vez compraron un
espantapájaros. El espantapájaros llevaba una camisa amarilla,
unos vaqueros anchos y un sombrero de paja. No parecía estar
bien hecho pero era el más barato.
Lo primero que hicieron al llegar a casa fue colocarlo.
Estuvieron observando y vieron que funcionaba. La familia se
alegró mucho y para celebrarlo cenaron carne.




La madre le abrió la puerta y le invitó a pasar. Le ofreció un té y ella
aceptó. Una de las hijas se lo preparó y se lo trajo con unas pastas que
acababa de hacer.
A la mañana siguiente una mujer preocupada apareció en la
granja, era la mujer que les vendió el espantapájaros.
























Se sentaron en unas viejas y la mujer comenzó a hablar, le
temblaba la voz:
-Cuidado con el espantapájaros que habéis comprado. Ayer se
me olvidó decíroslo pero este espantapájaros lo encontré en la
calle, hace dos meses. Empecé a revisarlo y me di cuenta de
que tenía una nota en el bolsillo de sus pantalones. La nota
decía así: "Puedo ser un buen amigo o un pésimo enemigo".
Os juro que la nota tiene repercusión.
Tras un período de silencio y de reflexión el hijo, Paul,
intervino con una carcajada de burla:
- iVaya tontería!
La mujer se levantó de la silla y ésta crujió. Con voz muy
firme les confirmó:
- Mi tiempo se ha acabado, probablemente no volvamos a
vernos.
La mujer se dio a la fuga.


















A la mañana siguiente como todos los días, Paul y Pierre se
dirigieron a la huerta. El padre se puso manos a la obra, mientras
el hijo le bromeaba al hombre de paja. Cuando iban a regresar
a casa, Paul le pegó un golpe al espantapájaros con la azada. El
padre, al ver el gesto del hijo, lo regañó muchísimo.
Aquella noche no fue una noche tranquila. El viento golpeando las
ventanas y los truenos no dejaron dormir a nadie.
Al amanecer, padre e hijo volvieron a la huerta. Pero esta vez
vieron a una mujer tumbada en el suelo. Pensaron que sería
alguna mujer que había pasado la noche en la huerta. Pero no
fue así.Era la mujer que les había vendido el espantapájaros.
Estaba muerta.Tenía una rama atravesandole el pecho. El padre
volvió inmediatamente a la granja y se lo comunicó a la familia.






























































































































































































Rápidamente cogió la bicicleta de madera construida por él y se
dirigió al pueblo. Al llegar, se detuvo en una casa de piedra que tenía
cinco pisos, tocó la puerta y un hombre se la abrió:
-¿A qué se debe esta visita, señor Miterrant?
-Ha aparecido una muchacha muerta en mi huerta, Agente Gerôme.
El Agente Gerôme era el policía del pueblo y amigo de Pierre. Era
regordete, alto y tenía 52 años. Sin ni siquiera responderle Gerôme
salió del edificio, se metió en el coche y se fue a la huerta de Pierre.

















Tras unas dos semanas de investigaciones los policias
llegaron a la conclusión de que aquella muerte fue un
accidente. Pero la familia Miterrant sabía que no fue así y
que aquel espantapájaros tenía algo que ver.
A medida que fueron pasando los días la situación de la
familia fue empeorando. No conseguian ningún beneficio
económico. No había manera de conseguir ninguna verdura
en buen estado, toda la plantación se echaba a perder tanto
lechugas, como coles, zanahorias, tomates, acelgas...

























Viendo que la familia no progresaba, tras una
charla decidieron que los hijos debían buscar un
nuevo camino. La mayor de las hijas metió en una
vieja y desgastada maleta las cuatro cosas que tenía
y se fue a Burdeos a trabajar en una familia de
nobles. Al cabo de unas semanas avisó a su
hermana pequeña de que le había encontrado un
empleo.
Paul decidió darle un giro total a su vida y se fue a
la mar, en un transatlántico enorme.


Mientras tanto en la granja no había ningún
avance, al contrario, empeoraba. Debido a la
ausencia de sus hijos la madre cayó en una
gran depresión. El matrimonio se estaba
distanciando cada vez más. Pierre, más o
menos se defendía bien, es decir, pasaba la
mayor parte del día en la granja y seguía con
la costumbre de bajar al pueblo todos los
sábados. La mujer, en cambio, pasaba cada
vez más tiempo en la cama.




























Disponía de tanto tiempo para pensar que llegó a la
conclusión de que el origen de todos los males estaba en el
espantapájaros. Después de darle muchas vueltas la mujer decidió
terminar con el espantapájaros. ¿Cómo?





























Una noche invernal, lluviosa y de mucho viento, iba a quemarlo. Eran
las dos de la madrugada cuando se levantó de la cama envuelta en su
manta, fue a la cocina, cogió la caja de cerillas y se dirigió a la huerta.
El viento golpeaba con cada vez más fuerza. Ni corta ni perezosa se
acercó al espantapájaros, se agachó e intentó prenderle fuego. Cuál
fue su sorpresa que para cuando se dio cuenta estaba envuelta en
llamas junto al espantapájaros.

































El marido se percató a los días de que la mujer había
desaparecido. Empezó a rastrear por el pueblo pero no
encontró nada. A la madrugada siguiente, al no poder
dormir, se acercó a la ventana y mientras reflexionaba
sobre su vida, familia... vio un bulto extraño sobre la
huerta. Inmediatamente salió corriendo con los nervios
a flor de piel. Al llegar se derrumbó, pues la imagen
que vio fue una desagradable sorpresa: halló los restos
de su mujer junto al espantapájaros.














Junto a los restos de su esposa plantó unos claveles
rojos (que significaban amor) y blancos (que
significaban amistad). Poco a poco los claveles fueron
adueñándose de toda la huerta. Aquella plantación
llamaba la atención.
Pierre vendió su granja y se dedicó a la venta de
claveles, rehaciendo su vida.





Tardó varios días en reaccionar ante aquella imagen y llegó a la
conclusión de que no quería hacer partícipes de ese dolor a sus
hijos, pues ahora estaban esperanzados con el futuro y no queríá
romperles esa ilusión, por eso, decidió sufrir en silencio.
