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Año 1944, en Leningrado, antigua URSS, había un
hombre llamado Vladimir Poroshenko. Era sargento y
entrenaba a la infantería de élite. Estos eran los
primeros en atacar y por eso tenían que estar en
buena forma. Vladimir siempre les llevaba al desierto
de Karakum en Turkmenistán a soportar el calor del
desierto. Tenían que sobrevivir durante tres días con
muy pocas provisiones. En invierno se iban a Siberia a
un campo de pruebas que algunos hasta morían en el
intento. Los que pasaban perfectamente les daba una
semana de vacaciones, pero los que las superaban de
milagro, tenían que hacer el mismo recorrido tres
veces y dormir a la intemperie. El que dormía a la
intemperie se enfrentaba a la amenaza de los osos
polares. Algunos morían por los osos


Un día Vladimir estaba tranquilamente charlando con sus
amigos Petrov y Dmitri acerca de sus soldados cuando,
de repente, la secretaría viene y le dice:
-Vladimir, hay un chaval que le quiere ver.
Aquel "chaval" era un hombre de unos 30 años, con algo
de sobrepeso, alto y muy fuerte.
-Sargento Poroshenko, mi nombre es Sergei Lushenko.
Es un honor estar con usted. Mi pdre combatió con usted
en la invasión a Finlandia pero murió en combate-dijo
Sergei, algo nervioso.
-¿Oleksander Lushenko?-preguntó Vladimir.
-Sí-contestó.
Ah. Era un buen amigo. Me salvó la vida cuando me
lanzaron una granada y él la paró con el pecho y explotó.
En aquel momento cogí mi fusil y empecé a matar a
todos vengando su muerte.
-Fascinante. Eso no me lo contó mi madre.


-¿Cómo te lo iba a decir? Si solo sobreviví yo y no pude
comunicarlo porque no sabía ni la dirección ni conocía a
tu madre.
Hubo un silencio un tanto incómodo para ellos y
entonces Vladimir preguntó:
-Bueno ¿a qué has venido?
-Ah sí. Casi se me olvidaba. Quería alistarme y estar en la
infantería de élite con usted.
Vladimir rió y dijo:
-¿Pero tú te has mirado? Estás gordo y no pareces estar
en buena forma.
-Estoy en buena forma se lo aseguro.
-Veamos intenta hacer 100 flexiones en un minuto.
Vladimir cogió un cronómetro y Sergei empezó a hacer
flexiones.
-¡Tiempo!-dijo Vladimir-. Solo has hecho 20 flexiones.
Entrena y vuelve el año que viene. Y baja esos kilos.


-Entrenaré, entrenaré y entrenaré hasta estar en tan
buena forma como sus soldados.
Por aquel entonces no había gimnasios y las bicicletas era
muy caras así que lo único que podía hacer era flexiones,
abdominales... Al día siguiente Sergei se levantó a las
cinco de la mañana, se preparó un buen desayuno, salió
de casa y empezó a correr por todo Leningrado o, al
menos, lo que podía ya que no estaba en muy buena
forma pero recorrió dos kilómetros por las calles de
Leningrado. Cuando ya estaba cansado volvió a su casa,
eran las siete de la mañana, y Sregei tenía que ir a la
obra de una casa de las afueras y tenía que estar allí a las
ocho. Llegó tarde pero su jefe le perdonó porque eran
muy buenos amigos desde la infancia.
Al salir de trabajar, volvió a entrenar pero esta vez, en
vez de ir al mismo ritmo todo el rato, iba 5 minutos en
sprint y 5 minutos en un ritmo suave. Así entuvo tres


horas recorriendo esta vez 7 kilómetros y medio lo cual
era raro ya que venía de trabajar pero la historia que le
contó Vladimir le motivaba porque Sergei quería morir
igual que que su padre: en combate como un héroe.
Pasó un año y Sergei ya había perdido 31 kilos de los 102
que tenía. Vladimir iba paseando por la calle y le vio.
Sólamente le podía reconocer la cara. Entonces Vladimir
dijo:
-¡Sergei! ¿Eres tú?
-¡Hombre, Vladimir! ¡Cuánto tiempo!
-Oye que si quieres alistarte hoy puedes.
-Vale.
Inmediamente se fueron al cuartel y Vladimir le hizo unas
pruebas. Sergei las superó tranquilamente.
-Vaya, Sergei. Sí que estás en muy buena forma-dijo
Vladimir impresionado.
-Vladimir, el Soviet me acaba de comunicar que tenemos


que ayudar a los americanos a derrotar a los alemanes-
le dijo su secretaria.
-¡Dichosos alemanes!- exclamaron los dos a la vez.
Vladimir mandó a sus soldados a correr 100 vueltas,
después, hicieron pruebas de todo tipo y luego a correr
otra vez.
Al día siguiente Vladimir y sus soldados, entre los que se
incluía Sergei, cogieron un avión y fueron desde
Leningrado a Szczecin en Polonia, ocupada por los
soviéticos temporalmente. Todos saltaron en paracaídas.
Mientras los americanos atacaban a los alemanes desde
Francia para abrirse paso a Berlín, la infantería de élite
iba de camino a Berlín matando a todo lo encontraban a
su paso ya que el este alemán estaba muy desprotegido
por los ataques anteriores de los soviéticos.
Mientras se abrían paso para ir a Berlín, tres soldados
murieron por los francotiradores escondidos en las casas


de la gente y otros ntres quedaron heridos pero
continuaban como si nada.
A pocos kilómetros de Berlín, en un pueblo cercano, los
soldados se escondieron en un caserío abandonado a la
espera de refuerzos, porque habían muy pocos aviones y
los tanques eran muy lentos. Pasaron los días pero las
previsiones no eran un problema. Los soldados llevaron
una radio para comunicarse con las demás tropas. De
repente, oyeron una voz que venía de la radio. Decía:
"Los tanques están cerca de vuestras posiciones".
Entonces los soldados salieron de aquel caserío, y ahí
estaban a un par de kilómetros unos tanques enormes, un
montón de soldados corriendo, bombarderos en el cielo...
Los bombarderos bombardearon directamente Berlín.
Hitler, los generales y sus seres queridos estaban en un
enorme búnker preparado para todo.


Las tropas venían y venían y Vladimir, entre miles de
soldados, encontró a su amigo Dmitri, porque era muy
alto.
-¡Dmitri!-exclamó.
-¿Vladimir?-se preguntó Dmitri-.¡Hombre, Vladimir!
Apenas te veía ¿No te faltan tres soldados?
-Sí murieron por los francotiradores. ¿Estás preparado
para machacar esos alemanes?
-Pues claro.
Aquel gran ejército esperó a los americanos. Esperaron
dos días hasta que, por fin, vinieron. Cuando ya estaban
todos, toda Berlín estaba rodeada. No había nadie por las
calles o, al menos, eso parecía porque no se veía a nadie
por las calles de la ciudad. Aliados y soviéticos fueron
poco a poco al palacio de Hitler que debajo tenía el búnker
donde se escondía. Al llegar al palacio se


encontraron con un montón de tropas alemanas.
Entonces Vladimir dio la señal para abrir fueo y todos
empezaron a disparar. Un alemán le lanzó una granada a
Vladimir. Sergei lo vio, cogió la granada con la mano y se
lo devolvió, salvando la vida a Vladimir.
-¡Me has salvado la vida!-exclamó-. ¡Y no has muerto!
-Solo cumplía con mi traba..-Sergei no pudo terminar la
frase porque recibió una bala en la nuca y murió.
-¡Malditos alemanes!-gritó, sollozando.
Entonces Vladimir hizo lo mismo que en Finlandia pero
Vladimir se adelantó demasiado y murió porque un
alemán le disparó en todo el cuerpo. Aquel alemán
celebró la muerte bailando y, obviamente, murió al
instante.
La batalla duró casi todo el día hasta que muriera el


último alemán e inmediatamente entraron en el palacio.
No había nadia más que los soldados. El palacio tenía 136
dormitorios, 94 baños, uno de ellos con una bañera de
oro, 6 salones de estar, un despacho donde gobernaba y
200 habitaciones varias. Encontraron la puerta del
búnker, sin embargo, se abría con la voz de Hitler. Había
que decir "Hein Hitler". Petrov era buen imitador, lo
intentó una y otra vez pero nada, no podía disimular
aquel acento ruso. Estaba muy nervioso por la pérdida de
su amigo Vladimir. Dmitri, Petrov y Vladimir eran amigos
desde muy pequeños ya que era del mismo barrio.
Entonces un soldado dijo la clave y se abrió. Aquel
soldado tenía padres alemanes. Al abrirse la puerta del
búnker había un pasillo con muchas puertas. Detrás de la
mayoría de las puertas estaban los seres queridos de


Hitler, investigadores, etc. Abrieron la puerta donde
estaba Hitler y encontraron a los generales asustados que
murieron al instante como todos los demás y al frío y
muerto cuerpo de Hitler. Entonces los soviéticos
volvieron a la URSS y los aliados al Reino Unido.
Fin

