
This book was created and published on StoryJumper™
©2015 StoryJumper, Inc. All rights reserved.
Publish your own children's book:
www.storyjumper.com



EL CAMINO HACIA EL TRONO

Érase una vez un reino, Claras Cascadas, en el que
vivía un grandioso rey de nombre Magnum. Era un
hombre mayor, de setenta o setenta y cinco años. Él
había defendido su reino cada día de su vida, pero ya
no era tan joven como para gobernar, luchar y dirigir
un reino él solo.


Y decidió poner a alguno de sus tres hijos al frente
del reino, pero, como cada uno era diferente y tenía
sus propias virtudes, no sabía a cual elegir. Tras
mucho pensar y dar vueltas en sus aposentos, pensó
en hacer una prueba, porque tenía claro que el
siguiente gobernador de Claras Cascadas tenía que
ser honesto y solidario. Ya que le había costado
tanto levantar su reino, no lo iba a echar todo a
perder por una mala decisión.


Estuvo unos días pensando cuál sería la prueba
decisiva, pero, como no obtuvo ninguna idea, decidió
preguntar a su amigo y consejero Aslam, ya que se
conocían desde pequeños. También se lo consultó a su
esposa, Taylor. Los tres tuvieron una idea que se
acercaba a lo que el rey quería conseguir. La prueba
consistía en dejar a sus hijos en una aldea a las
afueras del reino, en la que tendrían que permanecer
varios días.


Magnus hizo llamar a Caspian, el mayor de los
hermanos, el más fuerte y listo; su pelo era clarito y
sus ojos marrones. También llamó a Cinthia, la hija
mediana, que era impulsiva, amable y sencilla; sus
cabellos eran dorados, sus ojos claros y sus labios
rojos como rosas. Por último, llamó a Herodes, el
hermano pequeño, de ojos verdes y estatura media.
Al ser el menor, estaba acostumbrado a conseguir lo
que quería.


Cuando llegaron a los aposentos de sus padres,
Magnus y la reina ya los esperaban muy serios. Estos
dijeron a sus hijos:
- Vais a hacer un viaje solos. En dos días tenéis que
estar preparados para partir.
Los hermanos se pusieron tan contentos que
olvidaron preguntar a sus padres por qué ellos no les
acompañaban.


Pasados los dos días, un grupo de caballeros se
encargó de llevarlos hasta la aldea, de la que ellos no
sabían nada. Al llegar allí, después de dos o tres
horas a caballo, Herodes empezó a quejarse y a pedir
una explicación. Entonces, Aslam, el consejero del
rey, les dijo:
-El rey Magnus está envejeciendo y quiere que uno de
vosotros se ponga al frente del reino. Para esto, ha
preparado una prueba, que consiste en habitar en una
aldea pobre y vivir del trabajo que cada uno sea capaz
de hacer.



Después de explicarles la prueba, Aslam les presentó
a Emilio, que fue el encargado de mostrarles la aldea
y de decirles lo que debían hacer. Los tres príncipes
se tomaron el trabajo de forma diferente: a la
princesa Cinthia le encantaba vivir en el campo,
aprender cosas nuevas y ayudar a los demás; el
príncipe Herodes nunca hacía nada, ya que pensaba
que debían de darle todo hecho; el príncipe Caspian,
que era muy listo, decidió ayudar, por egoismo, para
poder ser rey.


Pasada ya una semana, el rey Magnus pidió a Aslam que
fuera a la aldea a buscar a sus hijos. Y así se hizo.
Cuando Aslam llegó, vio a Herodes sentado, a Cinthia
con unas cestas llenas de frutas y a Caspian lavando
los caballos. Entonces los llamó y les comunicó que ya
podían volver al castillo. Al oir esto, Herodes se puso
de pie de un salto. Cuando estuvieron preparados para
irse, vieron que Emilio también los acompañaba.


Ya en el castillo, Emilio habló con los reyes y
les contó todo lo que habían hecho sus hijos. A
continuación, el rey Magnus se dirigió primero
al príncipe Caspian y le dijo:
-Yo deseo para mi pueblo un rey honesto y no
alguien que sólo actúe por su propio interés.
Seguidamente, se dirigió al príncipe Herodes,
diciéndole lo siguiente:
-No por ser alguien importante se debe
menospreciar a los demás. Para ser un buen rey,
hay que tratar a todo el mundo por igual.


Por último, el rey felicitó a Cinthia con estas
palabras:
-Serás la nueva reina por tu buen corazón y
porque no te importa tu posición, sino que
tratas a todo el mundo por igual. Eso sí, a
veces tienes que controlar tus sentimientos y no
ser tan impulsiva.
A los dos días, se celebró su coronación en el
salón del trono real y todo el reino se alegró
por la nueva soberana.
Moraleja: todos somos iguales y no somos
mejores o peores por ser más ricos o más
pobres.
