Así, pensando en esto, comenzó a reír con mucha alegría por su buena suerte y, riendo, riendo, se dio una palmada en la frente, el cántaro de leche cayó al suelo y se rompió en mil pedazos. Doña Truhana, cuando vio el cántaro roto y la leche esparcida por el suelo, empezó a llorar y a lamentarse muy amargamente, porque había perdido todas las riquezas que esperaba obtener del cántaro de leche si no se hubiera roto. Así, porque puso toda su confianza en fantasías, no pudo hacer nada de lo que esperaba y deseaba tanto.