Este libro va dedicado a nuestras compañeras de 1ºB, con él trabajaremos las diferentes emociones como la alegría, la autoestima, los celos... en los niños y niñas de la etapa infantil.










Yo soy Martina
Había una vez una niña llamada Martina que vivía con sus papás y su hermanito pequeño en un pueblito.









Desde que llegó su hermanito ella sentía curiosidad por él











Pero mamá ya no le hacía tanto caso, por estar con su hermanito, tanto que algunos días Martina se quedaba sin su cuento de buenas noches, y ella se sentía muy celosa.


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Claro cariño, nunca te he dejado de querer, pero Alex es muy pequeñito y tenemos que cuidarlo, y tú ya eres muuuy mayor y también me puedes ayudar.
-Mamá, mamá,
¿todavía me quieres?
Un día Martina le preguntó a su mamá:




















Al día siguiente, se fueron a ver a la abuelita, que vivía en un precioso pueblo en la playa.





Su abuelita al verlos llegar se alegró muchíiiiisimo, por que estaba muy triste al llevar mucho tiempo sin verla.





Martina entró en casa con su abuelita que le tenía un regalito
-Cariño, te doy esta cajita para que guardes aquí todos tus momentos felices.













Ya era la hora de comer, y había pizza y pollo mmm, su comida favorita.
Fue el primer momento feliz para guardar en la cajita de la felicidad.






Después de comer, se fueron a la playa
mamá, papá y Martina,
otro momento feliz para la cajita,
porque le encantaba la playa


Jugando en la arena, conoció a Lola, otra niña de su edad, que tenía el pelo muy muy liso y muy largo. Y ella sentía envidia porque ella lo quería tener igual, y Lola le dijo que a ella le gustaba más su pelo rizado, pasaron todo el dia juntas jugando y divirtiéndose, y se dieron cuenta que da igual como sean sus melenas porque las dos son geniales tal y como son.












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Cuando llegó la hora de cenar, Martina vio algo en el plato que le produjo muchísimo asco, y es que su abuelita había hecho espinacas y a ella no le gustaba su color. Pero al probarlas se dio cuenta de que están riquísimas, y todos estaban super contentos con Martina porque había probado una comida nueva.











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Al finalizar el día volvieron a casa y Martina ya llevaba su caja llena de momentos felices.
Ya no se sentía celosa por su hermanito pequeño porque sabía que tenían que cuidar más de él.



y vivieron felices y comieron perdices.

