Cuento para que los niños coman frutas.
Realizado por alumnas del curso: 2º E.I
con mucho cariño.
Amalia Cañavate Marchena
Macarena Pérez Panduro

Había una vez en un pueblo muy lejano una pequeña frutería en la que trabajaban Francisco y Antonia los padres de María.

A María no le gustaban las frutas de su frutería en cambio, le encantaba ayudar a sus padres a reponer las frutas que cada día se vendía.

Aquel día, María, como siempre, se dispuso a ayudar a sus papás.
Y ... ¡oh sorpresa!
¿Qué era aquélla melodía que se oía?
María se volvió. No se podía creer lo que veía.
¡Son las frutas de mi estantería!

Ante ella, pequeñita, rojita y con pequitas apareció una fresa.
Y dijo:
-Sí, soy una fresa y si me pruebas te daré tu recompensa.
¿Tú que piensas?

Fué entonces cuando apareció la naranja, redondita y con barriguita.
Y le contestó:
-Juntas sabemos mejor y si nos pruebas te alegrarás un montón. ¡Te lo digo de corazón!

El plátano, que es amarillo de cabeza a pies, al escuchar la conversación se intrigó un montón y salió corriendo hacia el cajón y allí gritó:
-Tengo mucho potasio, así que:
¡Cómeme despacio!

Dormidita en un rincón la pera que es verde por fuera y tiene un rabito pequeñito, se despertó, se acercó y refunfuñó:
-¿Es que no cuenta mi opinión? ¡Yo también tengo sabor!

Fué entonces, cuando María sus frutas saboreó, en un plato atractivo que su madre le preparó y , pensativa , exclamó:
¡Qué buen sabor!

A partir de entonces, todos los días, María abría su frutería con más alegría, porque comía una de sus frutas al mediodía.








El repartidor, asombrado al ver tanta emoción se preguntó:
¿Qué te pasa María que tienes tanta alegría cuando aparezco yo?
Y María le contestó:
-¡Un secreto es la razón!
¡Las frutas están muy ricas y me gustan un montón!
¡Poned atención porque el final ya llegó y nos despedimos con mucha fruta y un achuchón!


