
Érase una vez un niño que se llamaba Lucas. A Lucas le encantaba leer y, un día sin permiso de su abuela, cogió un libro de terror.
Se sentó junto a su oso y empezó a leer la historia. Lucas terminó el libro tranquilo.
-Eso no da miedo. Los monstruos no existen. - Dijo Lucas.
Cuando llegó la noche, Lucas se subió a su habitación. Siempre leía un poco antes de ir a dormir.
Lo que no tuvo en cuenta es que la oscuridad hace que todo sea peor de lo que parece.
En mitad de la noche, Lucas se despertó aterrorizado. Se escuchaban muchos ruidos extraños y había monstruos que parecían querer comerle.
Tenía tanto miedo que pasó toda la noche escondido debajo del edredón.
A la mañana siguiente, Lucas bajó corriendo a contarle a su abuela lo que había pasado durante la noche.
Ella le explicó que los monstruos no existen. Lo que pasó es que como había cogido un libro para mayores, su imaginación de niño hizo que las sombras de su habitación parecieran mostruos terroríficos.

