
Un día cualquiera, estaba en casa papá, la hija y su perro.
Laura quería sacar a Lili de paseo, pero su padre no le dejaba porque era muy pequeña.



















Hola cariño, ¿cómo te ha ido el trabajo?


De repente la madre llegó con su compañero a casa, muy contenta por su día de trabajo, porque había salvado a un niño que se cayó a un pozo, junto a su compañero.
Se pusieron todos a hablar de lo que había pasado, menos Laura que se estaba aburriendo mucho.












Como Laura estaba tan aburrida, tiró la lámpara para que le hicieran caso.
Laura se fue a su cuarto llorando, porque sus padres le regañaron por tirar la lámpara.







Al momento, llegó su padre y le preguntó a Laura por qué estaba llorando. Ella le contestó que estaba triste porque tiró la lámpara.
Entonces su padre le dijo que fuera a disculparse con su madre y así se quedaría más tranquila.










Lo siento mucho mamá, ¿me perdonas, sí o no?
Sí, te perdono.
Los padres se preocuparon de Laura, porque estaba
muy rara y le preguntaron:
- ¿ Qué te pasa, estás muy rara?
- Nada, solo estoy triste porque llevo todo el día esperando que me hagáis caso, y no me lo hacéis.
- Lo siento Laura, tienes toda la razón - dijo triste y con la cabeza un poco agachada la madre.
- Laura lo siento, es que hemos estado muy agobiados estos días por el trabajo y es cierto que no te hemos prestado atención.










Los padres le dijeron a Laura, que habían pensado que iban a comprar la bombilla que ella había roto, con el dinero de sus ahorros.
Laura, se quedó un poco triste y se escondió detrás de la televisión. Pero sus padres le tenían una sorpresa preparada...




¡Ay, qué chulo!




¡Sorpresa!
Los padres le prepararon a Laura una salida al bosque, pasaron allí la mañana jugando todos juntos con su perro a la pelota, viendo animales y plantas, y también se quedaron allí a comer.
A la familia no la tenemos que dejar abandonada, es nuestro mayor tesoro, un regalo de Dios.
