
Para Virginia Castelló
por hacer milagros con su sonrisa
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PALABRAS EN VENA
La poesía siempre nos desbroza caminos
enmarañados, nos abre sendas que habíamos
perdido.
"Porque vivir se ha puesto al rojo vivo", "pido la
voz y la palabra".
Un injerto de sabiduría que Virginia grita con
necesidad de urgencia inaplazable.





Ella lo sabe mejor que nadie. Sabe del rojo
intenso de la enfermedad y los hospitales,
del sufrimiento y la resistencia y la lucha. De
la soledad y la tristeza que ella combate
cabalgando sobre maravillosas músicas;
blandiendo, junto a su serena sonrisa,
hermosas armas cargadas de futuro: la
esperanza, la compañía, la ternura, el
consuelo.



Virginia se entrega a la proeza de suavizar la
experiencia de la hospitalización. De la mano
de artistas generosos que la acompañan en
ese periplo por salas y pasillos donde el
sufrimiento y la desazón campa a sus anchas.
Donde seres humanos desvalidos y frágiles
necesitan, más que nunca, luz y calor. Y
Virginia se los acerca a raudales. Conjura,
por unos momentos, sus miedos, junto a ellos
y siente aturdida esa energía que carga el
ambiente y transforma un hermoso acto
musical en una catarsis.




Se sumerge en esa experiencia, al lado de
ellos, hablando con ellos, sintiendo con ellos
y no sale indemne de ese trance. Su alma
rebosa de emociones y experiencias, de
miradas emocionadas y agradecidas, de
palabras que intentan comunicar lo inefable,
de lágrimas bañando las sonrisas que hablan
por sí mismas.



Su alma está llena de tanto que la desborda y
necesita un asidero, un resquicio por el que
canalizar tanta humanidad, tanta emoción.
Para convertirlo en fuerza que fluya para ella
misma y para los demás.
Virginia, rodeada de música y de amor,
necesita también de palabra. Para sacar de
dentro toda esa íntima experiencia y
compartirla, y así, robustecerla y afirmarla , y
seguir regalando milagros.



Y aquí, algunas perlas de los milagros que
cada día lleva a diferentes hospitales












LA PASIÓN
Virginia Castelló es una mujer apasionada , y,
además, sabe lo que quiere.
Le apasionan los niños por eso es maestra de
formación.
Le apasiona la música, en especial el flamenco, por
eso un día lo dejó todo en su país, Venezuela, y se
vino a Sevilla con su cuatro, a empaparse y
entregarse al flamenco.
Una mujer apasionada y que sabe lo que quiere es
peligrosa porque suele conseguir lo que se
proponga y cambiar el mundo.

LA DULZURA
Virginia es apasionada y también muy sensible.
Esas sensibilidades que buscan al otro para
completarse. No es una sensibilidad contemplativa
o estética, es una sensibilidad que la lleva a la
acción y a cuidar a los demás. Tiene un arma
infalible para conseguirlo: su dulzura. Todo en ella
es dulce. Su forma de hablar, de moverse, de
sonreir... La sonrisa de Virginia ilumina a su
alrededor con ternura y humildad. Te acoge y ya
no quieres salir de ella.

Esa luz que desprende Virginia ha alumbrado sus
sombras con destellos luminosos. Porque Virginia
no teme a las sombras. Va a su encuentro y las
convierte en otra cosa. Sombras sí, pero llenas y
fructíferas.
Una sombra muy dura fue para ella la enfermedad
y muerte de su cuñada. La acompañó en ese
tránsito doloroso y demasiado temprano. Y en ese
recorrido germinó un proyecto que ella todavía no
intuía pero que estaba engendrando durante ese
tiempo., sin saberlo. Acompañar a los que sufrían
en los hospitales como ella había hecho con
____________

LA REBELDÍA
Despidió a su amiga y salió a la calle convencida de
que quería ayudar a otras personas en momentos
tan duros como había vivido su cuñada. Las
asociaciones con las que quería colaborar le decían
que era demasiado pronto, que no estaba
preparada para algo así porque su luto era
demasiado reciente. Ella no lo aceptó y finalmente
empezó a colaborar con la AECC. Básicamente
había que dar un poco de conversación, llevar un
periódico a los enfermos, pasar un rato "aséptico"
con ellos.

Y había unas normas en las que moverse:no hablar
de temas personales, no establecer vínculos
personales con ellos si no era através de la
asociación, no se podían hacer actividades
diferentes a las establecidas... Y a Virginia todo
esto se le quedaba corto, muy corto, muy frío y
muy poco efectivo.

Además, las personas que la conocían se aferraban
a su dulzura y su luz y le demandaban más. Y ella,
gustosa, se lo daba contraviniendo las reglas
encorsetadas de estas asociaciones. Era una
voluntaria rebelde que fue creando su propia
cruzada personal contra la enfermedad y la
burocracia, añadiendo a sus visitas músicas,
confidencias, consuelo y compañia mucho más allá
de las coordenadas que la asociacón le imponía.

Y para abrir más su necesidad y seguir a sus
pasiones que tiraban de ella inevitablemente,
empezó a colaborar con Aladina, llevando con su
cuatro, música a los niños hospitalizados. Y Virginia
llenó esos espacios tan especiales que son las
habitaciones de niños enfermos de alegría,
optimismo y música.
Y ahí surgió la revelación: ¿Por qué no hacer lo
mismo para los adultos?

Gracias, Virginia


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