
Era una calurosa mañana de verano en Balbuena, el pueblo abandonado. Allí había reunidos tres niños (Juan, Ángel y Sara). Solían ir allí para Jugar. Ese día, como muchos otros, iban a entrar en una de las casas, la cual les hacía servir de escondite secreto, cuando se dieron cuenta de que la puerta estaba abierta de par en par.
- Qué raro. Juraría que la dejamos cerrada – dijo Sara.
- Habrá sido el viento, ya sabes que la puerta nunca cerró bien- contestó Ángel poco convencido.
- Entremos- dijo Juan- no nos va a pasar nada.
Accedieron a una amplia sala con paredes de piedra.Los tres amigos entraron. Juan iba en cabeza. En su piel pálida se reflejaba la luz del sol proveniente de una de las ventanas. Detrás de él iba Sara. Tenía una camiseta de tirantes color cielo y unos pantalones negros como la noche. Por último Ángel. Su cabello rubio le caía sobre los ojos azules. Accedieron a una amplia sala con paredes de piedra
El suelo de madera crujía bajo sus pies. Apartados en una esquina había una caja con juegos de mesa. En el centro de la sala había una mesa de madera oscurecida por el tiempo. A su alrededor había tres sillas. Hasta que no llegaron a su lado no se dieron cuenta que depositada sobre ella había una pequeña nota. Ángel la cogió con desconfianza. La carta había sido escrita con letra muy clara. Se la dio a Juan con la cara pálida. Este la leyó en alto:




Queridos profanadores:
Ya que en los últimos cinco años no habéis hecho otra cosa que perturbar la paz de este lugar (mi tumba) y no habéis sabido interpretar mis indirectas (las ratas que salieron corriendo hace un año, el esqueleto de una vaca depositado a la entrada el año pasado o la caída de una de las vigas del techo la semana pasada mientras os encontrabais dentro) he decidido tomarme la justicia por mi mano. Un beso:
Vuestra peor pesadilla.


- ¿Será alguna broma?- preguntó Sara con voz temblorosa.
- Lo dudo. Nadie viene aquí desde hace siglos.
- Mejor nos vamos – dijo Juan.
Nadie le llevó la contraria. Echaron a correr hacia Felgueras para no volver.

Al día siguiente los amigos se reunieron en la capilla del pueblo. Era el lugar menos transitado y ellos iban a hablar sobre lo ocurrido el día anterior. Después de un largor rato de discusiones se dieron cuenta de que algo , mejor dicho alguien les estaba observando. Un hombre de mediana edad, de unos dos metros de altura vestido con una toga marrón.
- Veo que recibisteis mi carta.- Dijo con voz cavernosa. -Espero de que no olvidarais lo que decía.
Efectivamente, nadie se había olvidado. Lo que menos habían olvidado era la parte en la que decía que se iba a tomar la justicia por su mano. No tenían seguro a lo que se refería pero lo que fuera no les iba a agradar nada.
¿Quién eres?- Dijo Ángel dando un paso a delante.- En la carta no lo dices. Eso es de muy mal gusto.
-Veo que eres muy descarado. Soy Musca, el alcalde de Balbuena. Vosotros entrasteis en la casa en la que se encuentra mi tumba y anduvisteis por ella como si nada. No hicisteis ningún sacrificio ni nada. Ninguna muestra de afecto.Pero no os preocupéis. Vuestro final está muy cerca.
Esas palabras horrorizaron a los niños. No les dio tiempo a reaccionar. El techo de la iglesia empezó a derrumbarse. Las paredes cedieron,. Los niños intentaron huir pero toda la estructura cedió. Los niños se quedaron sepultados entre los retos de la iglesia, pero sus cadáveres nunca se encontraron. Ahora todo aquel que va a Felgueras no vuelve para contarlo.
fin :)

- < BEGINNING
- END >
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