Esto se lo agradezco a toda mi familia, sobre todo a mis padres, que me apoyaron en todo desde el principio.
Se lo dedico a mi primito Gael, para que cuando empiece a leer tenga algo de mi parte.

Hace mucho tiempo en una tierra desconocida vivían seres “mágicos”. El suelo era de caramelo, los coches de gominola, las casas de chocolate, el tejado de miel...
En ese mundo vivían Doky y Pelusa que competían desde pequeños. Doky era un perro y Pelusa un gato. Se odiaban a muerte y cada vez que se veían el gato pensaba: "Algún día te agarraré con mis zarpas..." y el perro: "Cuidado con esos bigotes..."


Un día, un alboroto en la calle, hizo que Doky y Pelusa dejaran la comodidad de su casa y fueran a la calle. En la carretera había un objeto extraño, parecía una lámpara de un color azulado. Pelusa corrió hasta la lámpara y la agarró. Doky corrió hasta donde estaba Pelusa y le arrebató la lámpara.
- ¡¡Es mía!! Me la he pedido antes- Dijo Pelusa.
- ¡¡No!! Ahora la tengo yo. – Le contestó Doky.


De repente, un humo azul interrumpió su conversación, seguido de una voz ronca.
- Saludos –dijo un ser muy extraño.
Era un ser de color azul, tenía orejas pequeñas, ojos saltones, cara pálida y no tenía pies.
-Llevo aquí mil años y, a cambio de mi liberación, os recompensaré con un tesoro. –dijo la criatura.
- Vale, dame el tesoro.-dijo Pelusa.
-Alto ahí.- repuso Doky – El tesoro me lo llevo yo.- respondió rápidamente.
- Muy bien, como no os ponéis de acuerdo os llevaré a mi mundo.-decidió la criatura.
De pronto, en un abrir y cerrar de ojos aparecieron en un lugar tétrico. Estaban rodeados de pinchos, trampas, laberintos y cráteres. Era de noche, había tormenta y hacía un frío invernal.
- Ahora tendréis que competir en un duelo por el tesoro. ¡¡Mua ja ja ja jaaa!!- dijo la criatura a la que se le habían puesto los ojos rojos y malignos.
Luego desapareció dejando a Doky y Pelusa solos.
-¡¡Qui-quiero i-irme a ca-casa!! –gritó Doky entrecortadamente.
-¡¡Miedica!! Eres un gallina. ¡¡ja ja ja!! – le respondió Pelusa.- Sé que yo voy a ganar- dijo con un tono de superioridad entre carcajadas.
Eso fue lo que hizo que Doky saliera por patas a la primera prueba gritando:
- ¡No me vas a adelantar!
La expresión de Pelusa al ver que Doky le adelantaba fue inolvidable y le dijo:
- ¡Esperame, cobarde!- con el ceño fruncido.
La primera prueba se trataba de un pasillo lleno de pinchos que aparecían y desaparecían cada rato.
Doky lo pasó con dificultades porque los pinchos le aparecían cada rato delante suya y Pelusa lo hizo tan bien que adelantó a Doky.
La segunda prueba fue muy diferente. Eran cráteres que escupían lava. A Pelusa y a Doky les costó, porque, aparte de que tenían que esquivar los cráteres, se empujaban entre sí diciendo: "¡¡SOY EL MEJOR!!" o "¡¡YA QUISIERAS!!", sudando.
La tercera y última prueba era un laberinto con trampas mortales que les impedían llegar al tesoro. Doky fue el primero en pasar y cuando él vio una cuerda en el suelo del estrecho pasillo recogió una roca y la lanzó haciendo que un hoyo se abriera dejando una cuerda colgante que Doky pudo usar para llegar al otro lado, mientras Pelusa tenía un pasillo lleno de baldosas blancas y negras. Había una secuencia que aparecía en la pared y que Pelusa utilizó, que era: blanco x 2, negro x 3, blanco x 4 y negro.
Esto se le estaba haciendo a Doky muy largo, puesto que no tenía buena orientación y volvía a cada rato al mismo sitio. Pelusa estaba muy excitada por el tesoro y no se dio cuenta de que tenía una trampa delante. ¡Casi cae en un hoyo! Menos mal que tuvo reflejos y se agarró a una esquina del hoyo; pero no tenía la suficiente fuerza para salir y empezó a gritar:
-¡¡¡¡AYUDA!!!! ¡¡¡¡AYUDA!!!!- gritó con una expresión de miedo en la cara.
Ese grito hizo que Doky siguiera la voz de Pelusa y fuera a su lado.
- Pelusa, tranquilízate – dijo sacándola del hoyo.
- Muchas gracias Doky, perdóname por lo de antes.-dijo agradecida.
- De nada- dijo Doky sonriente.
Doky y Pelusa tomaron el mismo camino y al fin llegaron al tesoro.
- Por fin, ¡¡Lo conseguimos!! –dijo Doky
- ¡¡Sí!!- añadió Pelusa.


Los dos abrieron lentamente la tapa y... ¡No había nada!
- ¡¡Nos han mentido!! – gritó Doky con furia perruna.
- Y ahora, ¿cómo volvemos a casa? – Preguntó Pelusa con expresión paranoica.
De repente, a Doky se le pasó una idea por la cabeza.
- Pelusa, tienes que subirte a mis patas y saltar encima de la pared del laberinto.
Pelusa le hizo caso saltando encima de la pared.
-Se ve todo desde aquí. ¡¡¡Ahí está la salida!!! – dijo emocionada.
Doky la siguió hasta la entrada.

- Veo que lo conseguisteis.- dijo la criatura de antes.
- Nos has ¡¡¡¡MENTIDO!!!! – le respondieron Doky y Pelusa.
Pero, de pronto aparecieron en casa y cuando Doky y Pelusa se miraron supieron que habían encontrado el tesoro, que era una gran amistad.
MORALEJA: La amistad es el mayor tesoro.



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- END >
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