

Había una vez un niño llamado Pedrito de 9 años, él deseaba mucho viajar al espacio en un cohete gigante tal como lo veía en las películas de ciencia y ficción y vaya coincidencia que justo su padre trabajaba en una reconocida base de estación de cohetes.







El Padre veía que a Pedro le gustaba mucho el espacio, así que pensó:
- Mañana le diré, para que me acompañe a la estación y que conozca cómo es mi trabajo y también vea los cohetes.


Al día siguiente el padre le pregunta a Pedro si quería acompañarlo a su trabajo, y este sin dudarlo respondió que sí.
Al llegar al trabajo, Pedro le dijo a su padre si podían subirse al cohete para ver el interior, ya que él nunca había visto uno por dentro.
Él le contestó que sí, pero como Pedro estaba tan ansioso, presionó el botón rojo que decía «despegue» y empezó la cuenta regresiva, 10, 9, 8, 7…. Y el cohete despegó.
El padre más que molesto estaba asustado, ya que se habían ido sin la protección necesaria para poder montarse en el cohete.
Mientras se iban acercando a la Luna su preocupación era cada vez más intensa.
Al llegar a la Luna, Pedro se asustó al ver de lejos a un aliens, pero a la vez estaba sorprendido ya que sus cuentos no mentían al respecto de cómo se veían los aliens. Él quiso acercarse para hablarle ya que era lo único que le faltaba: Comprobar para ver si sus cuentos no mentían, pero no podía salir del cohete ya que no llevaba su traje espacial.




El padre se dio cuenta cómo su hijo se quedó fascinado al ver un alíen, pero a la vez estaba pensando en cómo regresar a la tierra lo más pronto y seguro posible.

Tras estar pensando, se acordó que había posibilidad de poder contactarse con los de la Tierra para que el cohete pudiese regresar y descender sin ningún problema.
Pedro no dejaba de sentirse culpable por hacerle pasar un mal momento a su padre. Sabía que al volver a casa, no estaría tan contento con él.




Finalmente, desde la Tierra lograron auxiliarlos y el cohete pudo descender sin ninguna dificultad.
El padre sintió alivio de estar a salvo con su hijo, Pedro estaba nervioso de la gran impresión.
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