
-El Papel y La Tinta
Autor: John Foster


Estaba una hoja de papel sobre una mesa, junto a otras hojas iguales a ella, cuando una pluma, bañada en negrísima tinta, la manchó llenándola de palabras. ¿No podrías haberme ahorrado esta humillación? Dijo enojada la hoja de papel a la tinta. Tu negro infernal me ha arruinado para siempre. No te he ensuciado. Repuso la tinta. Te he vestido de palabras. Desde ahora ya no eres una hoja de papel, sino un mensaje. Custodias el pensamiento del hombre. Te has convertido en algo precioso. En efecto, ordenando el despacho, alguien vio aquellas hojas esparcidas y las juntó para arrojarlas al fuego. Pero reparó en la hoja "sucia" de tinta y la devolvió a su lugar porque llevaba, bien visible, el mensaje de la palabra. "Luego, arrojo las demás al fuego" ¿Cómo te sentirías es aquella situación? ¿Con enojo por que alguien te manchó de tinta o feliz por estar vestido de palabras?
-El pequeño monstruo que vivía dentro del armario
Autor: Erich Lluch



El pequeño monstruo que vivía dentro el armario no se podía dormir. Le daba miedo. Mucho miedo. ¡Pensaba que vivía un niño fuera del armario!
Por las noches, cuando el pequeño monstruo que vivía dentro del armario se iba a acostar, escuchaba ruidos fuera. A veces, pequeños llantos. Otras, una voz llamando a su mamá. A menudo, golpecitos o ronquidos.
-Mamá, tengo miedo- decía el pequeño monstruo que vivía dentro del armario cada vez que se metía en la cama por la noche.
-Qué tontería, no vive ningún niño fuera del armario – le respondía su mamá, y abría la puerta del armario de par en par para mostrarle una habitación oscura y en silencio.
Una noche, el pequeño monstruo que vivía dentro del armario reunió todo el valor que pudo y abrió la puerta despacito. Sólo una rendija. Y se asomó a la habitación. No vio nada. No escuchó nada. Abrió un poquito más y sacó la cabeza. Todo parecía en calma. Lentamente, salió del armario. Caminando de puntillas, para no hacer ruido, atravesó la habitación y se acercó hasta la cama. Bajo las sábanas había un bulto. Un bulto que era…. ¡el niño que vivía fuera del armario!
De pronto, el niño se despertó. El pequeño monstruo que vivía dentro del armario y el niño que vivía fuera del armario quedaron cara a cara, durante un instante en silencio, mirándose el uno al otro con ojos abiertos como platos.
El pequeño monstruo que vivía dentro del armario corrió a esconderse dentro del armario. El niño que vivía dentro del armario corrió en busca de sus papás.
-¡Mamá, mamá! – gritó el monstruo que vivía fuera del armario – ¡corre, ven! ¡Hay un niño fuera del armario!
Mamá monstruo, alarmada, se asomó a una habitación oscura y desierta.
-¡Qué tontería! No vive ningún niño fuera del armario. ¡Duérmete! -y cerró la puerta.
En ese mismo instante, el niño que vivía fuera del armario apareció con su papá.
-¡Papá, papá! -exclamaba- hay un monstruo dentro del armario.
-¡Qué tontería! No vive ningún monstruo dentro del armario. Mira -y abrió la puerta.
Al escuchar el tirador de la puerta, el pequeño monstruo que vivía dentro del armario se escondió en el cajón de los calcetines. Aterrorizado, cerró los ojos y los apretó fuertemente para que el niño que vivía fuera del armario no pudiera verle.
¿Alguna vez te ha pasado lo mismo? ¿Qué tú le digas a alguien que pasa algo alarmante, pero nadie te cree?
-Un conejo en la vía
Autor: "Potter"

¿ Para qué ¿ , responde su padre. El conejo, le dice , el conejo allí en la carretera, herido ¡
Dejémoslo, dice la madre, es solo un animal,
No, no, para, para.
Si papi, no sigas , añade Carlitos. Debemos recogerlo y llevarlo al hospital de animales. Los dos niños se ven muy preocupados y tristes.
Bueno, esta bien. Y dando vuelta recogen al conejo herido.
Pero al reiniciar su viaje son detenidos un poco mas adelante por una radiopatrulla de la policía vial y les informan que una gran roca ha caído sobre la carretera por donde iban, cerrando el paso.
¡ De no habernos devuelto por el conejo, seguramente esta enorme piedra hubiera caído sobre nosotros ¡ dijo el padre. Oh Dios, dice la madre, mil gracias por habernos protegido. Y gracias a ti también amiguito, añadió mirando al blanco y peludo acompañante que descansaba en las piernas de los niños.
En la clínica veterinaria le colocan unas inyecciones y vendajes al pobre animalito. Debes cuidarlo en tu casa unos días y darle de comer verduras y agua pura, le dijo el medico veterinario a Daniel.
Así lo haré, responde.
Quinces días después el conejo se recupera y los padres de Daniel lo adoptan como mascota para felicidad de los dos chicos.
¡Siempre ayuda a los necesitados, la vida te devolverá el favor!
-Los milagros de la naturaleza
Autora: Judith Anderson


En un precioso y frondoso árbol nació un alegre y risueño gusanito llamado Nano, un habitante que dio mucho de que hablar en el bosque. Y es que desde que nació, Nano siempre se ha portado distinto de los demás gusanos.
Caminaba más despacio que una tortuga, tropezaba en casi todas las piedras que encontraba por delante, y cuando intentaba cambiar de hojas......¡qué desastre!....siempre se caía.
Por esa razón, la colonia de los gusanos le llamaba el gusanito torpecillo. A pesar de las burlas de sus compañeros, Nano mantenía siempre su buen humor. Y se divertía mucho con su torpeza.
Pero un día, llegado el otoño, mientras Nano se daba un paseo por los alrededores, una gran nube cubrió rápidamente todo el cielo, y una gran tormenta se cayó.
Nano, que no tuvo tiempo de llegar a su casa, intentó abrigarse en una hoja, pero de ella se resbaló y acabó cayéndose al suelo, haciéndose mucho daño. Se había roto una de sus patitas, y se había quedado cojo. Pobre gusanito... torpecillo y cojo... Agarrado a una hoja, Nano empezó a llorar. Es que ya no podía jugar, ni irse de paseo, ni caminar... Pero, una noche, cuando Nano estaba casi dormido, una pequeña luz empezó a volar a su alrededor.
Primero, pensó que sería una luciérnaga, pero la luz empezó a crecer y a crecer... y de repente, se transformó en un hada vestida de color verde. Nano, asustado, le preguntó:
- Quién eres tú? Y le dijo la mujer:
- Soy un hada y me llamo naturaleza.
- ¿Y porque estas aquí?, preguntó Nano.
- He venido para decirte que cuándo llegue la primavera, ocurrirá un milagro que te hará sentir la criatura mas feliz y libre del mundo - Explicó el hada.
- Y ¿qué es un milagro?, continuó Nano.
- Un milagro es algo ¡extraordinario, estupendo, magnífico!...... Explicó el hada y, enseguida desapareció.
El tiempo pasó y llegó el invierno. Pero Nano no ha dejado de pensar en lo que había dicho el hada. Ansioso por la llegada de la primavera, Nano contaba los días, y así se olvidaba de su problemita.
Con el frío, todos los gusanos empezaron, con un hilillo de seda que salía de sus bocas, a tejer el hilo alrededor de su cuerpo hasta formar un capullo, o sea, una casita en la que estarían encerrados y abrigados del frío, durante parte del invierno. Al cabo de algún tiempo, había llegado la primavera.
El bosque se vistió de verde, las plantas de flores, y finalmente ocurrió lo que el hada había prometido... ¡El gran milagro! Después de haber estado dormido en su capullo durante todo el invierno, Nano se despertó.
Con el calor que hacía, el capullo se derritió y Nano finalmente pudo conocer el milagro. Nano no sólo se dio cuenta de que caminaba bien, sino que también tenía unas alas multicolores que se movían y le hacían volar..
Es que Nano había dejado de ser gusano y se había convertido en una mariposa feliz, y que ya no cojeaba.
- ¡Nunca te des por vencido, si tú crees que puedes hacer algo, lo harás!
-Carrera de zapatillas
Autora: Alejandra Bernadis Alcainel




Había llegado por fin el gran día. Todos los animales del bosque se levantaron temprano porque ¡era el día de la gran carrera de zapatillas! A las nueve ya estaban todos reunidos junto al lago.
También estaba la jirafa, la más alta y hermosa del bosque. Pero era tan presumida que no quería ser amiga de los demás animales.
La jiraba comenzó a burlarse de sus amigos:
- Ja, ja, ja, ja, se reía de la tortuga que era tan bajita y tan lenta.
- Jo, jo, jo, jo, se reía del rinoceronte que era tan gordo.
- Je, je, je, je, se reía del elefante por su trompa tan larga.
Y entonces, llegó la hora de la largada.
El zorro llevaba unas zapatillas a rayas amarillas y rojas. La cebra, unas rosadas con moños muy grandes. El mono llevaba unas zapatillas verdes con lunares anaranjados.
La tortuga se puso unas zapatillas blancas como las nubes. Y cuando estaban a punto de comenzar la carrera, la jirafa se puso a llorar desesperada.
Es que era tan alta, que ¡no podía atarse los cordones de sus zapatillas!
- Ahhh, ahhhh, ¡qué alguien me ayude! - gritó la jirafa.
Y todos los animales se quedaron mirándola. Pero el zorro fue a hablar con ella y le dijo:
- Tú te reías de los demás animales porque eran diferentes. Es cierto, todos somos diferentes, pero todos tenemos algo bueno y todos podemos ser amigos y ayudarnos cuando lo necesitamos.
Entonces la jirafa pidió perdón a todos por haberse reído de ellos. Y vinieron las hormigas, que rápidamente treparon por sus zapatillas para atarle los cordones.
Y por fin se pusieron todos los animales en la línea de partida. En sus marcas, preparados, listos, ¡YA!
Cuando terminó la carrera, todos festejaron porque habían ganado una nueva amiga que además había aprendido lo que significaba la amistad.
Colorín, colorón, si quieres tener muchos amigos, acéptalos como son.
FIN
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