Dedicado a todas esas personas que se esfuerzan cada día para conseguir lo que se proponen.

Arturo era un canguro al que le encantaba tocar el saxo y cuyo sueño era montar una banda de jazz, junto a las inseparables cerditas Lupi, Luci y Mapi, las tres hermanas idénticas, José el gato y Ramón el camaleón.


El lunes cuando regresaban con el sol del mediodía comenzaron a hablar de lo que estaban ensayando cada uno en casa , ya que todos tocaban algún instrumento. Las tres hermanas enseñaron varias piezas que estaban tocando. Sin embargo, Arturo no enseñó la suya porque le daba vergüenza que le escucharan tocar con los fallos que aún cometía. El sentía que no tocaba igual de bien que el resto, ya que acababa de empezar a tocar y además, al tener los brazos más cortos que sus amigos le costaba más tocar el instrumento.


Un día volviendo de clase, Luci, una de las 3 cerditas propuso que después de volver de las vacaciones en Canarias podían ir a su casa a tocar todos juntos. Su padre le había construído una casa de ladrillos, insonorizada, ya que la antigua que tenía de paja, un día que sopló mucho viento se voló. Ese día podrían demostrar lo bien que tocaba cada uno.

Cuando Lupi escuchó la propuesta de su hermana, no pudo evitar decir:
- Cuando queráis podemos tocar, ya que soy capaz de tocar cualquier pieza y no me hace falta ensayar.
Al escucharlo, Arturo se puso muy nervioso puesto que tocar delante de todos y bien, no era tarea fácil. Le horrorizaba solo de pensarlo.
Nada más llegar a casa, dejó la mochila, cogió su saxo y empezó a ensayar. Estuvo día y noche ensayando hasta que un día detonó la bomba. Su hermano Frederick estaba viendo una película de cuyo nombre no se acordaba y para más inri sonaba…
“ Seré más raudo que un violonchelo,
tendré la fuerza de un gran tambor,
con la energía de una guitarra
la luna sabrá guiar al corazón”

Fue tal el agobio y la frustración, que cansado de no ser capaz de tocar nada bien tiró el saxo por la ventana con tal infortunio que fue a parar al coche del Sr. oso, llamado Mathieu, el cual estaba limpiando. El joven canguro comenzó a contarle, que se sentía mal, que no sabía tocar y que no se le daba bien la música… y tanto insistió que al final le dijo que él le ayudaría a tocar bien y a repararle el saxo. Al día siguiente, Mathieu tocó a su puerta y le dijo que le acompañase a su casa. Este accedió y fueron enseguida, ya que vivían puerta con puerta. Al entrar en su casa se percató de que estaba llena instrumentos, de partituras, de discos, etc.
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