

El alumnado del inst. J.V. Foix de Rubí, en Barcelona redacta sus leyendas...
Curso 2021-2022

LA RIERA DE RUBÍ Ivette de las Heras
Esta historia que os contaré transcurrió hace ya varios y fue la que dio origen a la emblemática riera de un pueblo a las afueras de Barcelona.
I
- ¿Escuchaste la noticia sobre la joven de los Obregón? Resulta que cayó enferma hace unas semanas y desde entonces no se le ha visto fuera de sus aposentos. Pobre alma en pena, espero que Dios la ampare y salve de tal terrible enfermedad. Los Obregón deben encontrarse desolados, pues no es
ningún secreto que Alicia era su primogénita favorita ¡Y razones tenían para ello! Nunca se había visto en esta villa tal belleza e inteligencia guardadas dentro de un mismo cuerpo, es sin duda el orgullo de su familia.
- Pobres, qué desdicha. Oí de la esposa del doctor que sufre Alicia una muy rara afección, la cual hace que no pueda estar en contacto con la luz del Sol.
Según me contó, cuando la vio estaba toda quemada y llena de ampollas, y tanto era su dolor, que en los alrededores de la casa se escuchaban sus llantos y gritos, debido al dolor que le propiciaba que le cambiaran las ropas.
Que desgracia tan grande ha caído encima de una pobre niña, se estremece mi corazón solo de pensar que tal cosa le pasara a mi Beatriz…
- iNi lo menciones! Imagínate tener que ver a tu hija así… Dios, que lamento… El único momento en el que puede salir al exterior es de noche, el resto del tiempo debe estar encerrada, espero Dios tenga misericordia de ella y cure pronto su dolencia.
II
La noche había comenzado a caer y junto a ella, los amarillos rosas y rojos del ocaso habían desaparecido, para dejar así paso a la oscura negritud. Desde la balconada, se divisaban las siluetas del bosque, alumbradas por la tenue luz de la luna, que bañaba de tonos grises todo el prado.
Viendo ya la Luna, decidió Alicia, que era momento de salir de su encierro. Cogió pues un pequeño farol y decidió adentrarse al bosque, al igual que hacia casi cada noche.
Una vez allí comenzó a escuchar un misterioso canto, era como si miles de gotas estuvieran cayendo, formando así una melodía. Comenzó a seguir la misteriosa voz Ivette de las Heras Giralt
adentrándose cada vez más en el bosque, hasta entrar en un páramo hasta ahora desconocido. Dentro del bosque se había formado una pequeña llanura, en el centro de la cual se hallaba un gran y viejo árbol, rodeado de cientos de luciérnagas, que hacían parecer que las mismas estrellas hubieran bajado a darle la bienvenida.
Pasando por el lado del árbol cruzaba un pequeño riachuelo, en el que se hallaba el origen del canto.
Desconcertada sobre que tan cierto era lo que estaba viendo, Alicia se acercó con cuidado, para tratar así de ver más claramente aquella misteriosa criatura. Se trataba de una hermosa muchacha, cuyo pelo parecía fundirse con el agua y que levaba el cuerpo envuelto por una tela de semejanza a la propia Luna, la cual parecía fuera a desvanecerse en cualquier instante.
En un intento de acercarse aún más, Alicia llamó la atención del ser, el cual dejó de cantar y miró con miedo y curiosidad hacia la joven. Temerosa tras ver tal criatura de la que nunca había escuchado hablar, Alicia volvió hacia su hogar.
III
Estos encuentros casuales fueron repitiéndose cada vez más continuamente y Alicia quedó enamorada de la criatura.
- María, ¿puedo hacerle una pregunta?
- Claro, señorita Obregón, como desee.
- Verá, si los seres mitológicos como ninfas existieran,¿sabe usted por qué razón no saldrían de un mismo sitio, un río, por ejemplo?
- Bueno, señorita, la verdad no sé mucho sobre este tema en cuestión, pero quizás no puede dejar su casa, al igual que usted.
Las noches en que Alicia se escapaba al bosque siguieron pasando, hasta que una sequía acechó al pueblo. Entonces, al volver Alicia, vio a la ninfa tirada en el suelo, con la tez apagada y la mirada ida, sin un río en el que jugar.
Llena de dolor, trató toda la noche de mantener al ser con vida, pero al salir los primeros rayos del alba, este yacía muerto en sus brazos. Quedándose así, Alicia comenzó a llorar desconsoladamente, viendo que lo único que daba una alegría a su vida se había desvanecido, y quedase así por días, llegando al final a un punto en que no podría nunca saberse si lloraba por el dolor de la muerte de su enamorada o por el dolor que su enfermo cuerpo le propiciaba tras estar dando al Sol.
Y tanto fue que lloró, que el pequeño riachuelo cogió cada vez más fuerza, hasta convertirse en una gran riera, en la que la ninfa pudiera vivir. Pero esto fue en vano, puesto que tanto el ser como Alicia murieron, dejando en el valle ecos de gritos de dolor.
CAN XERCAVINS Elisabet Montañez
Allá por el 1456 un príncipe muy rico vivía enamorado de una de sus sirvientas, un amor
imposible, ¿Cómo iba un príncipe a estar con una muchacha que ni se asomaba a lo que él era? ¿Qué pensaría la gente, el pueblo? El príncipe Alexander Pearce sabía que aquella blasfemia era impensable, pero su amor por esa joven de ojos marrones miel y cabellos largos y rubios, era más fuerte e intenso que todo lo que pudiera importar, estaba dispuesto a ganarse su corazón.
Ella sabía que era imposible por evitaba el tema y lo evitaba a él a toca costa pero en el fondo
sabía que aquel querer era mutuo.
“¿Por qué no quieres aceptar mi amor?” se preguntaba Alexander para sus adentros.
En una tarde normal en la que el príncipe debía hacer sus cargos normales, salió del castillo para explorar sus alrededores junto al caballo que él consideraba su mejor compañía, un caballo blanco con la cola negra y la crin marrón.
En el trayecto, él y su hermoso caballo tropezaron y cayeron desplomados al suelo dejándolos
inconscientes en medio del bosque aquel llamado Can Xercavins.
Al despertar, Alexander se vio atrapado en una jaula, atado por pies y manos, miró a su alrededor extrañado y asustado y fue cuando vio quiénes estaban detrás de aquello.
En el pueblo, se contaba la leyenda de que habían elfos que por las noches cantaban y bailaban, pero nadie jamás los había visto y se pensaba que simplemente era una leyenda vieja, pero el príncipe confirmó que no eran un cimple cuenta de brujas cuando abrió los ojos y observó a esas mini criaturas con mini trajes de color morado y gorros de color negro riendo sin parar, cantando y bailando.
- ¡Cómo osáis! ¡Soltadme inmediatamente-. gritó desesperado.
Los elfos solo reían y bailaban.
Los elfos estaban muy informados sobre el gran amor que sentía Alexander por aquella muchacha, pero ellos también sentían atracción por esa doncella y no permitirían jamás que el príncipe les arrebatara el amor de la joven.
Cayó la noche y los elfos salieron de su hogar para pasear por el pueblo cantando y bailando, se decía que se llamaban ‘Xercas’.
Mientras tanto, Alexander logró escapar y la joven al enterarse de que el príncipe había desaparecido salió a buscarlo al bosque.
Alexander y la moza se encontraron en el bosque y al no poder contener más su amor cayeron
en un bucle de magia amor al mirarse y se besaron el alma y los labios.
Los Xercas los vieron y no pudieron contener aquella envidia dispararon infinidad de saetas que mataron a los dos enamorados, dejando caer y mezclarse su sangre en la tierra.
Al contacto de la sangre por el suelo del bosque, comenzaron a surgir millones de narcisos blancos, los Xercas no dieron crédito a lo que veían.
Por esta leyenda el bosque Can Xercavins recibe su nombre, se dice que el alma de aquellos dos sigue presente en los narcisos que aún crecen en este.
SALTO MORTAL Irene Toribio
Todo comenzó en los años 70, en un pueblo llamado Rubí, concretamente en la urbanización de Castellnou.
Se construyeron una de las piscinas más conocidas de Cataluña, se las bautizó como la Playa del Valles. Venían familias de los pueblos colindantes a pasar el día, disfrutando de sus magníficas instalaciones, ya que disponían de dos piscinas para niños y una piscina principal, la cual disponía de un trampolín tipo tabla de aproximadamente dos metros de altura y una plataforma de hormigón armada en la que había dos grandes trampolines olímpicos, además había un bar-restaurante, vestuarios, gradas, un pequeño parque con columpios y un mini golf.
Los ilusionados bañistas venían a disfrutar de esas maravillosas instalaciones de las cuales se hablaba por toda Cataluña.
En el año 1971 ocurrió una gran desgracia, un bañista llamado Juan, acompañado de su grupo de amigos decidió subir al trampolín más elevado y tirarse de cabeza. Con tan mala suerte que en la piscina no había supervisión para evitar que la gente pasara nadando debajo de los trampolines.
La desgracia quiso que Claudia estuviese en el peor sitio, en el momento indicado. Golpeándose los dos jóvenes directamente cabeza con cabeza, en ese mismo instante la piscina se cubrió de sangre. Des de ese día se dice que las piscinas de Castellnou están malditas y que los espíritus de Juan y Claudia siguen divagando por ellas.
A pesar de lo ocurrido hubo personas que nunca creyeron la historia, pero a causa de este suceso se cerró el trampolín más alto, para evitar que saltaran los bañistas.
Pasaron los años y se decía que mucha gente había visto o había sentido los espíritus de los dos bañistas.
Era el año 1981 Pedro que era un chico de quince años muy extrovertido y sonriente, un 25 de agosto les dijo a sus amigos de ir a la piscina como hacían de costumbre.
Cuando llegaron allí, Pedro les quiso contar su idea:
Pedro subió muy decidido, saltó la cadena que tenía un cartel donde claramente prohibía el paso. Sus amigos estaban dentro del agua gritándole:
Pedro se lanzó de cabeza, muy decidido y a media caída se le aparecieron los espíritus de Juan y Claudia, en ese mismo instante. Pedro se asustó con tan mala suerte que cayó en muy mala postura partiéndose el cuello. Sus amigos fueron muy rápidos a socorrerle y consiguieron salvarle la vida, pero no pudieron evitar que quedara tetrapléjico, ya que se rompió varias vértebras.
Unos minutos más tarde, llegó una ambulancia para trasladarlo al hospital de la Mutua de Terrassa, población cercana a Barcelona.
Pedro estuvo varios días en coma y cuando se despertó, le explicaba a todo aquel que le visitaba que vio a los dos espíritus que habían muerto unos años atrás.
Llegó la noche y Pedro estaba muy débil, su madre se fue un momento al baño y en ese instante, aparecieron los espíritus de Juan y Claudia, para decirle:
Su madre al escuchar el grito, salió corriendo del baño, tocó a su hijo porque no respondía y gritó:
Los médicos entraron a la habitación y comprobaron que Pedro había fallecido de un ataque al corazón causado por pánico.
Días más tarde, las piscinas de Castellnou se cerraron para siempre quedando abandonadas.
Se dice que los espíritus de Juan, Claudia y Pedro siguen deambulando y atormentando a todas las personas que entran en este recinto.
La hija de Alameda: historia de la antigua estación de Rubí Anna Cordero


El trece de septiembre de 1918 fue el día en que se inauguró la flamante y esperada estación de ferrocarriles de la villa de Rubí. Cristóbal Alameda era el hombre al cargo del proyecto que había hecho posible la construcción de la nueva estación. Su esposa, Melisa y él, recientemente casados, eran una pareja ampliamente conocida por la población local, de gran influencia e importancia en la sociedad jerarquizada del momento.
Melisa se encontraba embarazada de su primogénito cuando se dio la inauguración, a finales de verano, y en el pueblo no se hacía más que oír rumores y habladurías sobre el matrimonio.
Entre los habitantes de Rubí se decía que vivía una bruja y curandera milagrosa a quien muchos confiaban su salud y sus enfermedades. Algunos la consideraban la protectora de los caídos, una figura poderosa y la alababan clamando sus hazañas. Muchos otros, reticentes a dicha leyenda, pasaban de largo.
Dada la ocasión, más de uno dijeron haberle hecho una visita para obtener remedios que aseguraran la salud de la embarazada, que luego entregaban como presente a Melisa.
La llegada del tren en la recién estrenada estación obtuvo en la población el éxito esperado.
Fue, desde su apertura, uno de los lugares más concurridos de la ciudad y Cristóbal, junto con su esposa, recogió grandes beneficios de su proyecto que, a su vez, aumentaron su popularidad.
Al poco tiempo, todos aguardaban ya con expectación el nacimiento del primer hijo de los Alameda.
Nació, finalmente, un frío día de diciembre.
Sin embargo, el descontento popular se hizo palpable tras dar a conocer que se trataba de una hermosa hembra de piel finísima y dulces rasgos faciales.
La noticia se escampó por campos y tierras, provocando todo tipo de reacciones en los habitantes y aldeanos. Cristóbal tampoco recibió el suceso con grandes alegrías, pues el varón que, según deseaba, lo habría sucedido en su trabajo y posición social, no había llegado. Entonces, se limitó a resignarse a los hechos y seguir adelante con su mirada fría y su figura erguida y orgullosa.
La Sra. Alameda, en cambio, acogió a la pequeña con el amor incondicional e incomparable que solamente una madre es capaz de dar desinteresadamente. Adoró a la recién nacida como el mayor de sus tesoros, desde la luz de sus pequeños ojos verdes, hasta sus manos finas y estrechas. La llamó Herminia.
Herminia creció en brazos de su madre, ignorante del rechazo discreto de la sociedad a su incontrolable condición de mujer. Dio sus primeros pasos y fue germinando, hasta florecer en forma de una adolescente altiva y determinada, de la mano de su madre. Su belleza iba creciendo en igual medida a su fortaleza.
Los ferrocarriles se habían convertido, para ella, en un segundo hogar, pues su padre pasaba horas encerrado, trabajando en cualquier desperfecto en la estación, y Melisa a menudo también se quedaba allí, haciéndole compañía u observando el ir y venir de trenes y pasajeros.
Todo parecía estar en su lugar.
Desafortunadamente, todo se truncó cuando una desgracia rompió la paz de la familia: de improviso, una noche de verano, Melisa falleció súbitamente por un ataque al corazón. El suceso azotó a Cristóbal y a Herminia; su mundo, de golpe, se desmoronó y, tanto padre como hija, se vieron abrumados por la ausencia del ser que más querían, su mayor apoyo. Cristóbal se vio sumido en una profunda depresión. A pesar de su frialdad y aparente desapego, el dolor por la pérdida de su esposa sobrepasó sus límites, dejándolo rendido, desarmado frente al mundo.
Herminia, con quince años de edad, sufrió doblemente, pues la falta de ambos de sus referentes paternos la dejó indefensa.
Pasaron meses y meses, pero la situación seguía igual. Cristóbal no mejoraba, sino que iba en decadencia, día tras día, hasta que la locura empezó a apoderarse de su frágil cuerpo y de su mente. Los murmullos y suposiciones de la población fueron esparciéndose de nuevo hasta resultar ensordecedores.
A medida que pasaba el tiempo, desaparecían los últimos rastros del hombre que Cristóbal había sido: el hombre que inauguró la estación en esa ciudad desalmada, la encantadora y heroica celebridad de Rubí.
En cierto momento indefinible, en un acto de desesperación absoluta, Cristóbal recordó la supuesta existencia de la bruja en el pueblo y, preguntando aquí y allá, fue mandado, finalmente, a un edificio medio derruido en las afueras de Rubí.
Al entrar, prudentemente, avanzando con el crujido de la madera y las hojas bajo sus pies, una profunda voz retumbó en la estancia en la que se encontraba. El lugar no era más que cuatro paredes desgastadas. Un espacio sin mobiliario alguno y visiblemente descuidado, que parecía haber sido inhabitado por mucho tiempo. La sala estaba llena de hojas, tierra y enredaderas que cubrían toda la superficie.
Y así se marchó el hombre de vuelta a su hogar, sin cesar de darle vueltas a lo que había escuchado. Sin embargo, su estado mental no iba a su favor y el desánimo y la frustración lo llevaron a la rabia y el enfado.
Con lo cual, una tarde no mucho después, con maldad, tomó su decisión. La vida de Melisa únicamente podía ser recuperada a cambio del alma de alguien a su nivel, así que el sacrificio de Herminia era la única opción.
Y así procedió, envenenando y dando muerte a la única persona inocente.
Entonces, llevó Cristóbal el cuerpo inerte de su hija a la presencia de la bruja y esta cumplió su promesa: lentamente, el cuerpo de Melisa aparecía, traslúcido, al principio, pero cada vez más real, más cerca a cada segundo. Hasta permanecer derecha delante del hombre, que corrió a abrazarla.
Después de una larga conversación, basada en mentiras con apariencia amable que Cristóbal soltaba para justificar lo sucedido, la pareja volvió a su hogar, feliz, a pesar de todo, de tenerse mutuamente. Melisa, engañada por su esposo, no conocía el sacrificio que había cometido él. Las apariencias mostraban una imagen de paz, felicidad y normalidad, después de todo lo ocurrido. La población de la ciudad de Rubí, desconocedora de la realidad, inventaba suposiciones absurdas y alocadas sobre la reaparición de Melisa, la muerte repentina de Herminia, etc. De vez en cuando, interrogaban curiosos a Cristóbal. Él nunca contestaba.
Pese a todo, la historia de los Alameda no quedaría abierta en suspenso, pues, observando de lejos, un alma, un espíritu traicionado por su propio padre, aún divagaba por las tierras y mundos vivientes, en busca de venganza. Mucha paciencia había tenido. Tanta, que su límite había sido traspasado una vez detrás de otra y no podía contener ya su furia. Silenciosamente, el alma asesinada de Herminia aguardaba y observaba. Esperaba paciente.
Un septiembre, más de treinta años después de la inauguración del tren en 1918, Cristóbal Alameda fue asesinado en medio de las vías. Nunca se encontró al culpable.
Poco después, la estación de ferrocarriles fue cerrada por decisión del gobierno local, dados los accidentes producidos en ella.
El edificio, con el tiempo, fue conocido como “la antigua estación”, en recuerdo a todos los sucesos que la habían convertido en un lugar inseguro y obsoleto, finalmente, pero con mucha importancia en la historia de Rubí. La nueva estación de ferrocarriles, construida más tarde y aún activa hoy en día, dejó la antigua estación en el olvido y en la memoria de aquellos que vivieron su momento de máximo esplendor.
LAS HERMANAS FLINT
En 1998, las hermanas Flint, unas señoritas de 18 años, tenían un sueño que querían cumplir. Al ser mayores de edad y ser una familia adinerada, decidieron que sí podían lograr su deseo desde pequeñas de construir una escuela.
Cuando por fin consiguieron convencer al ayuntamiento de aprobar su proyecto, pusieron en marcha la contratación de trabajadores para que empezaran a construirla.
Después de varios meses de trabajo, la escuela por fin estaba terminada, ya tenían a todo el personal contratado y preparado para trabajar y una larga lista de alumnos a los que enseñar, solo había un problema: no sabían cómo llamar al colegio.
Indignadas y nerviosas fueron a su lugar favorito de Rubí, la riera, o como lo conocía ellas, el río rojo. Era su lugar favorito para pensar y descansar, para tener tranquilidad,; allí comenzaron a hablar un poco de su lengua favorita, el latín y hablando de lo bonito que era el río, se dieron cuenta de que ya habían encontrado el nombre para su escuela: Rivo Rubeo que en español significa río rojo.
Decididas y emocionadas, decidieron llamar a la escuela Rivo Rubeo, en honor al río rojo de Rubí.
LEYENDA: “El puente de la antigua estación”
Hace tiempo, Silvia, una de las dos hijas de la familia García, una familia pobre y sin recursos, hacía lo posible por sobrevivir en esas condiciones. Tenían que repartirse la comida entre los cinco.
Hasta que un día murió su abuelo, se puso muy triste, igual que su hermana gemela, Fernanda que no lo soportó y se suicidó.
Después de dos semanas, estaba harta de caminar cada día a la escuela por el mismo sitio y siempre a la misma hora de la madrugada.
Lo que le fastidiaba no era andar, cansarse, que llegase tarde o incluso que se perdiese por el camino. Lo que de verdad le dolía era pasar por el mismo sitio donde murió su hermana. Cuando caminaba por ese lugar escuchaba su voz, levemente susurrando en su oído, ese lugar tan frío y tenebroso que para ella era el camino del infierno.
Desde que murió su hermana, cada día se puso peor la situación, escuchaba más voces y incluso llegó a oír una nana que su madre les cantaba a las dos hermanas cuando eran pequeñas.
Silvia intentaba convencer a los otros niños y niñas de que estaba segura de que su hermana la estaba hablando cuando pasaba por ese lugar, se rieron de ella y le hicieron un acoso muy grande como cada día, pegándole y maltratándola.
Silvia, harta de vivir esa vida tan horrible, se tiró por un puente. Por el mismo puente que caminaba cada día y el mismo en el que se tiró su hermana.
Ahora se dice que cualquier persona que pase por ahí, se pegará una neblina en el ambiente y oirá a las gemelas cantar su nana o incluso por las mañanas, cuando el sol está más bajo, verlas en el borde del abismo sugiriéndote acabar con tu vida para así descansar eternamente.
Las piscinas abandonadas
Esta historia ocurrió en 1988. Era época de verano, las personas estaban acaloradas por el abrasador sol de verano.
La gente se iba algunas mañanas o tardes a la piscina pública localizada en Castellnou.
Las piscinas se dividían en tres: una pequeña, otra mediana y otra, para los adultos.
La piscina de los adultos era la más temida por la gente por su profundidad que alcanzaba los 2,5 metros o su gran trampolín, el trampolín más alto y se decía que lo vigilaba el diablo ya que había habido un accidente que acabó con la vida dos personas.
Después de aquel trágico suceso, la gente iba con cuidado cuando pasaban por el trampolín porque creían que su alma se subiría por las escaleras.
Hubo una noche que un seguridad oyó una risa muy alejada, él se iba acercando cada vez más a donde provenía la desagradable risa; cuando llegó a su destino, se detuvo y miró a sus alrededores pero no vio nada, escuchó la risa en lo alto del trampolín y subió, al llegar, no encontró nada, asustado preguntó:
-¡¿HAY ALGUIEN AHÍ!?
Nadie contestó. A la mañana siguiente, se halló el cadáver del policía petrificado , como si le hubiesen quitado de cuajo el alma.
Pasados unos meses del accidente del trampolín, cada vez iban menos personas a bañarse por miedo a quedarse sin alma.
Un día lluvioso de 2001, una pareja de enamorados fueron a los vestuario para resguardarse de aquella desagradable lluvia; ellos, tan inocentes, entraron a un baño juntos, al abrir la puerta, encontraron una figura esbelta, de pelaje negro, con cuernos de cabra y una bolsa de trapo donde guardaba las alma de sus víctimas.
El individuo se abalanzó al chico y le arrancó el alma, la chica agonizando se quedó petrificada. El diablo, después de haber acabado con el chico, miró a la chica fijamente, se metió en los baños y desapareció.
Después de aquel atroz asesinato, las piscinas cerraron y aquel que tenga la mala suerte de adentrase en las piscinas sufrirá la represalia del diablo.
bañarse por miedo a quedarse sin alma.
Un día lluvioso de 2001, una pareja de enamorados fueron a los vestuario para resguardarse de aquella desagradable lluvia; ellos, tan inocentes, entraron a un baño juntos, al abrir la puerta, encontraron una figura esbelta, de pelaje negro, con cuernos de cabra y una bolsa de trapo donde guardaba las alma de sus víctimas.
El individuo se abalanzó al chico y le arrancó el alma, la chica agonizando se quedó petrificada. El diablo, después de haber acabado con el chico, miró a la chica fijamente, se metió en los baños y desapareció.
Después de aquel atroz asesinato, las piscinas cerraron y aquel que tenga la mala suerte de adentrase en las piscinas sufrirá la represalia del diablo.
Piscinas abandonadas Francis
Esta aterradora historia ha sido relatada por muchos de los visitantes y pese a ser un rumor, se ha corrido la voz a nivel mundial.
La tarde del 16 de julio del 1976, la piscina estaba llena, familias pasando el rato, niños jugando…
De repente, todo se paralizó, mucha gente corriendo, coches de policía. Dos jóvenes se chocaron, el más joven, de entre 17-25 años, se tiró por el trampolín, el cual se venía avisando que necesitaba revisión urgente, cayó de cabeza sobre un hombre de entre 35-45 años.
Los próximos días las piscinas estaban prácticamente desiertas, aunque consiguieron remontar un poco.
Al año siguiente, la cosa no mejoraba, los rumores de que las almas de estos se quedaron en las piscinas y vagaban para atormentar a los visitantes se hacían cada vez más grandes; de hecho, los pocos atrevidos que entraban eran investigadores de lo paranormal.
Después de años de rumores e investigadores, se cerró, se cree que las almas de los chicos siguen allí y son pocos los que consiguen salir.
El Origen de la Rambla del Ferrocarril
Hace mucho tiempo, en la lejana tierra de Rubí, habitaron ciertas personas, ciertas entidades misteriosas que se arrastraban desde las sombras y observaban a los pueblerinos desde sus invisibles alturas con expresiones neutras e incluso de asco y bueno, para un mago atareado camino al Ministerio de Magia y Hechicería los problemas de un panadero al que se le atascaba la carreta por el fango de la lluvia pasada era una pequeñez de lo más irrelevante… O tal vez no.
Para un joven estudiante de derecho mágico los problemas de la gente del pueblo eran de lo más terribles, ellos no tenían escobas para volar sobre el fango o hechizos de invisibilidad para poder caminar en las paredes y para una persona que nunca en su vida se había llenado de tierra o mojado hasta la plantilla de los zapatos, esos problemas eran una calamidad.
El día que todo cambió fue también el día en el que su paciencia acabó, llevaba días mandando cartas y dando charlas para concienciar a los magos del ministerio que se necesitaba una reforma.
- ¡Pero ellos son nuestro sustento! - gritaba en los pasillos.
- ¡Ellos son solo una molestia! - le replicaban los funcionarios.
Al pobre joven solo le llovían insultos y burlas, al parecer era el único que se daba cuenta de lo importante que eran los pueblerinos, ellos hacían la comida, manejaban el tren, etc… etc, ¡Tantas cosas que hacían por ellos y los trataban como basura! Pero se iban a enterar, iba a obligarlos a resolver el problema de los pueblerinos sí o sí.
Una mañana del 60 se levantó lleno de valor y polvo mágico de mariposas, iba a hacer consciente a los funcionarios de lo tedioso que era tener que caminar por el fango de una estación a otra. Ante la mirada atónita de pueblerinos y magos, pasó sobrevolando el tramo entre estaciones, esparciendo grandes cantidades de polvo de mariposa, elevando grandes cantidades de fango hasta el ministerio en el cielo, embarrando hasta el techo de fango y hojitas.
Los ministerios se escandalizaron, lo persiguieron y le gritaron sin siquiera activar sus hechizos de invisibilidad, un acto de tal magnitud merecía cárcel y condena, o al menos esa era la opinión del escandalizado bullicio celestial. La pelea se asemejaba a una tormenta eléctrica, y, cuando todo parecía perdido para el joven, un grupo de pueblerinos se unieron en batalla protestando y lanzando cosas a los guardias mágicos.
Tal fue el esfuerzo de la gente y el joven que el conflicto incluso llegó hasta los oídos de nada más y nada menos que el ilustre José Montilla, el entonces presidente de la Generalitat y una de la mayores autoridades del consejo mágico de Cataluña, quien no tardó en poner en marcha un proyecto de lo más ambicioso.
El joven, el pueblo y el presidente, todos unidos, pusieron en marcha el gran proyecto de construcción de la gloriosa Rambla del Ferrocarril, que no sólo uniría estaciones, sino que también recordaría a los magos el poder del pueblo y serviría como autopista de escobas comunitaria, un ganar-ganar para todas las clases de habitantes.
Una amapola morada Ima Torres
Cuenta la leyenda, que cada 6 de julio, un vapor escalofriante emerge de una grieta situada entre dos árboles durante el crepúsculo. Se dice que durante esa noche se oyen gritos desgarradores de una muchacha pidiendo ayuda.
Se rumorea la historia de aquella muchacha, hija del arquitecto Jeroni Moner Castelllnou, que murió de la manera más cruel y absurda que nadie se haya podido imaginar. Ella murió apaleada por confiar en alguien en que no debía. De la sangre que emergía de su cuerpo, que se derramó en el suelo, se abrió paso una grieta de su cuerpo, que
se derramó en el suelo, se abrió paso una grieta de donde surgió una amapola morada.
Unos chicos que se estaban aburriendo decidieron volver, por simple curiosidad, a confirmar si los rumores eran ciertos. Enrique era un chico bastante orgulloso y poco sensible que tenía como mejor amigo a Miguel, un chico totalmente lo contrario, se conocieron en el instituto.
Antes eran tres, había una chica de cabello negro llamada Lola, ella murió.
-Miguel, he oído una historia y me ha parecido interesante, ¿qué te parecería si vamos a comprobar si es cierto o no?
-Enrique, no me parece buena idea hacer esto.
-No te preocupes, te juro que no pasará nada.
Aquellas fueron las últimas palabras de tranquilidad que pronunciaron aquellos dos chicos ya que el trayecto fue bastante silencioso, pues ellos dos estaban muy nerviosos.
Llegaron a Castellnou y se adentraron al recinto encontrándose con aquel extraño vapor que erizaba el vello. Hubo un momento en el que los dos amigos se separaron y Enrique no hacía nada más que escuchar los gritos de la muchacha pidiendo ayuda, se estaba poniendo muy
nervioso y para empeorar las cosas se empezaron a oír los gritos de desesperación de su mejor amigo.
Los gritos cesaron y solo se oían pasos agitados, Enrique, asustado, procedió a girarse y vio a Lola, pero él no la recordaba de esa manera tan espeluznante, tenía su piel tan pálida que parecía nieve y el pelo negro como la noche. Ella se aproximaba a Enrique y él intentó salir
corriendo, pero ella le sostuvo del brazo y le susurró al oído lo que le pasó aquella fatídica noche mientras le absorbía el alma.
Es así como esta pequeña urbanización es llamada Castellnou, honrando la memoria de Lola Moner Castellnou.
ESCOLA TORRE DE LA LLEBRE
Hace mucho tiempo en la ciudad de Rubí, había una familia llamada Sardothien. Eran una pareja y sus dos hijos: Luna y Lorenzo.
La madre se dedicaba a la enseñanza, como no había ninguna escuela cerca enseñaba en su casa a sus hijos y a los pocos niños que vivían por allí. El padre era cazador, cazaba liebres y las vendía en el mercado para poder pagar la casa y la comida.
Los hijos tenían 10 y 8 años, Luna era extrovertida, se reía por todo, le gustaba soñar, imaginarse todo tipo de cosas, los animales, sobre todo animales fantásticos como los unicornios y los pegasos y de mayor quería ser artista.
Lorenzo era todo lo contrario ya a sus 8 años era más realista, reservado, comedido, serio y era muy curioso. Le gustaba leer (casi siempre ciencia ficción), ver las estrellas, preguntar todo el rato por qué las cosas son así, porque esto se llama así, etc. y también le gustaba ver cazar a su padre ya que algún día él también lo haría. Lo único que hacían los dos juntos era ir de aventuras por el bosque que había al lado de la casa.
Un día, mientras iban de expedición los dos juntos, porque era tan pequeño que no había ningún peligro, vieron un montón de liebres entre los árboles y la hierba. Tenían las orejas muy largas y eran bastante grandes. Estaban comiendo lo que encontraban por ahí. Luna y Lorenzo se quedaron sorprendidos, ya que nunca habían visto uno vivo solo en el plato a punto de ser comido.
A lo lejos, en medio de las liebres había una mujer alta y esbelta, con el pelo largo y oscuro recogido en una larga trenza, vestía un vestido blanco que le llegaba a los pies. Luna y Lorenzo se acercaron a ella, como los niños curiosos que eran, para saber quién era y de dónde habían salido tantas liebres.
Cuando estaban cerca de ella, se dieron cuenta de que no se le veía el rostro, no tenía ojos, ni nariz, ni boca. Aún así, preguntaron quién era. Ella les respondió que era una ninfa protectora de las liebres, que su trabajo era protegerlas y evitar que se cazaran. Los niños no se atrevieron a preguntar qué hacía cuando se cazaban ya que estaban un poco asustados por el hecho de que no tuviera cara y porque su padre se dedicaba a ello.
Salieron corriendo a llamar a su padre para preguntarle si sabía que existía una ninfa que protegía las liebres y por qué él las mataba sabiendo que podía pasarle algo. El padre contestó que no sabía de qué estaban hablando, que no conocía tal cosa. Pero fue a mirar a ver si era verdad y de paso, cazar liebres.
Una vez llegaron allí, no vieron a nadie, no había rastro de las liebres ni de ninguna ninfa. El padre, atribuyendo que era una tontería de sus hijos solo para llamar la atención, volvió a casa. Al día siguiente, los niños volvieron pero tampoco había nadie y las liebre mágicamente habían desaparecido; por lo tanto, el pueblo no tenía para comer ya que el señor Sardothien no tenía qué cazar.
Pasaron así unos días, el pueblo estaba ya nervioso ya que habían aprovechado las reservas que tenían, pero se estaban quedando sin comida. No sabían qué hacer, así que el señor Sardothien decidió ir de nuevo al bosque.
Esta vez sí que estaba la ninfa, pero estaba sola, no había liebres, la ninfa estaba enfadada ya que cada vez quedaban menos.
El señor Sardothien se encaró a ella y le exigió que hiciera volver a las liebres, que si no, el pueblo se moriría de hambre. La ninfa, dijo que una vida por una vida, si quería liebres ella tendría que recibir algo a cambio.
El señor Sardothien no sabía qué hacer, ¿valía la pena sacrificar su vida por la de su pueblo? Obviamente sí, pero también quería ver a sus hijos crecer, cumplir sus sueños y a su mujer envejecer a su lado. Pero sabía que si no daba su vida, tampoco lo vería ya que se morirían de hambre.
Fue a casa a pensar su decisión y al contarlo a su esposa, esa se puso a llorar diciendo que no quería vivir sin él, pero que debería hacerlo para que sus hijos y el resto del pueblo tuvieran comida. Tomaron su decisión.
Al volver al bosque, dijeron a la ninfa que querían dar sus vidas a cambio con la condición de que ella cuidara de sus hijos hasta que se hicieran mayores. Así lo hicieron, la pareja desapareció inesperadamente, pero las liebres volvieron. Los hijos devastados por la pérdida de sus padres se apoyaron en la ninfa hasta que fueron capaces de vivir por ellos mismos.
Cuando se cumplió 20 años de la muerte de sus padres, los hijos montaron una escuela llamada “Torre de la Lliebre” para conmemorar a sus padres. Luna se convirtió en una profesora y enseñaba allí mientras Lorenzo la ayudaba.

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