Nació en Sáenz Peña, provincia de Chaco, Argentina, el 16 de agosto de 1935. Se licenció en Letras Modernas de la Facultad de Filosofía y Humanidades, en la Universidad Nacional de Córdoba. Publicó numerosos libros infantiles que se han convertido en referencia. Obtuvo el primer premio del Concurso Internacional de Cuentos para Niños, del Premio Periquillo (México), el Tercer Premio bibliotecas de Literatura y del Premio del Fondo Nacional de las Artes.
Autor: Gustavo Roldan.


Había una vez una viejita que tenía un pequeño huerto apenas más grande que un mantel, donde había plantado un hermoso cebollar.






















Una mañana, cuando fue a regar sus cebollitas, se encontró con un chivo que se entretenía en pisotearlas.
—¡Salga chivo de mi cebollar! —gritó enojada la viejita.
























El chivo se quedó quieto. La miró de arriba para abajo y de abajo para arriba, y después le hizo:
—¡Brlrlrl! ¡Yo soy el chivo del chivatal y de acá nadie me puede sacar!
































La viejita se fue muy triste. En el camino encontró un perro al que le contó la historia.
El perro la consoló y le dijo: —No se preocupe, viejita.
Ni por el huerto ni por la cebollita.



































Cuando llegaron de vuelta, el perro ladró:
—¡Salga chivo de ese cebollar!
—¡Brlrlrl! —dijo el chivo mirándolo muy fijo a los ojos—. Yo soy el chivo del chivatal y de aquí ninguno me puede sacar.
Al perro se le pararon tres pelos del lomo y pensó que no le convenía pelear con ese chivo, y dijo que volvería otro día para sacarlo.
































La viejita volvió muy triste al camino a buscar quién pudiera ayudarla.
Encontró al caballo y le contó la historia. Y el caballo dijo:
—No se preocupe, viejita. Ni por el huerto ni por la cebollita.





































Y cuando llegaron al huerto relinchó:
—¡Salga chivo de ese cebollar!
—¡Brlrlrl! —dijo el chivo mirándolo muy fijo a los ojos—.
Yo soy el chivo del chivatal y de aquí ninguno me puede sacar.
































Y siguió zapateando en el cebollar.
Al caballo le corrió un escalofrío como si le caminaran siete ciempiés sobre el lomo.
Y pensó que no le convenía pelear con ese chivo, y dijo que volvería otro día para sacarlo.







































La viejita volvió muy triste al camino a buscar quién pudiera ayudarla. Se encontró con el toro y le contó la historia.
Y el toro dijo: —No se preocupe, viejita. Ni por el huerto ni por la cebollita.

















































Y cuando llegaron el toro bramó:
—¡Salga chivo de ese cebollar!
—¡Brlrlrl! —dijo el chivo mirándolo muy fijo a los ojos—.
Yo soy el chivo del chivatal y de aquí ninguno me puede sacar.
Y siguió zapateando más fuerte todavía entre las plantas.
El toro pensó que no le convenía pelear con ese chivo, y dijo que volvería otro día para sacarlo.
















































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