
Justo detrás de la luna, donde nadie las ve, viven unas pequeñas criaturas mágicas más conocidas como hadas. Estas maravillosas y majestuosas criaturas tienen grandes trabajos, están constantemente en marcha preparando las estaciones del año y cuidando la Tierra, en la cual nos encontramos todos nosotros.
En este lugar tan asombroso y colorido existen varios tipos de hadas. En primer lugar, está el hada jefa, que es la que controla el trabajo de cada una de ellas. En segundo lugar, podemos encontrar a las hadas encargadas, ellas reciben las órdenes del hada jefa y se lo transmiten a sus compañeras. Por último, encontramos a los grupos especializados en aire, fuego, agua, tierra y en los animales.
Por desgracia, algunas de las hadas no llegan a encontrar su verdadero poder mágico. En este reino hay varias, pero vamos a poder conocer más de cerca a la que llamamos hada gruñona.
La mañana anterior a la llegada oficial del invierno, el hada jefa se levantó muy nerviosa porque todavía quedaban unas cuantas tareas por hacer. Le pareció muy raro no escuchar ningún ruido ni murmullo aquella mañana, puesto que la hora de levantarse siempre ha sido un caos al tener todas un gran carácter. El hada jefa se dirigió confusa a la habitación de las hadas encargadas y cuando abrió la puerta se encontró a todas las hadas dormidas.
¡No puede ser verdad! ¿Se puede saber por qué no ha sonado la alarma a estas horas? – dijo el hada jefa con mucha indignación.
De repente, todas las hadas se despertaron de un sobresalto por los agudos gritos del hada jefa. Al despertar, las hadas estaban muy preocupadas y agobiadas porque no les daba tiempo a preparar el invierno y, a consecuencia de ello, la Navidad no llegaría a tiempo. Las hadas se pusieron a discutir y a culparse entre ellas.
- Seguro que han sido las hadas de los animales, ellas siempre
son las primeras en levantarse para revisar que todos los
animales hayan descansado bien – dijo el hada gruñona.
- Nosotras no hemos tocado la alarma, que nos levantemos las primeras no significa que hayamos sido nosotras. A lo mejor han sido las hadas del fuego – añadió el hada de los animales.
- Nosotras sí que no, eso es imposible. Creemos que han sido las hadas del agua porque siempre son ellas las que molestan a las demás – comentó el hada del fuego.
- Nosotras tampoco hemos sido, siempre estamos jugando con el agua, seguro que las culpables son las hadas del viento porque siempre están montando un alboroto – dijo el hada del agua.
¿Cómo? Nosotras no tenemos nada que ver. Además, cuando me he levantado a beber agua me ha parecido ver a las hadas de la tierra despiertas – añadió el hada del viento.
- ¿Cómo vamos a ser nosotras las culpables? Sólo me he
levantado para ir al aseo, yo también tengo que hacer mis
necesidades en el baño – expusó el hada de la tierra.
- ¡Chicas ya, por favor! Discutiendo no vamos a solucionar nada. Lo que tenéis que hacer es poneros manos a la obra sino, ¡no llegaremos a tiempo a preparar el invierno y eso sería un desastre! Cuando terminemos nuestras tareas buscaremos quién ha sido el culpable de este desastre y no permitiré que esto vuelva a suceder nunca más - le comunicó el hada jefa a todas ellas.
- ¡Pues yo después de esto no quiero trabajar con ellas!
-exclamó el hada gruñona.
- ¡Pues yo trabajo sola! – dijeron todas las hadas a la vez.
Y se pusieron cada una manos a la obra con sus tareas, ya que les esperaba un largo día de trabajo.
El hada de la tierra se puso a repasar su lista y vió que tenía mucho trabajo. Comenzó junto a su grupo plantando las flores de pascua para que crecieran y florecieran. Además, construyeron unos invernaderos para proteger a las flores del frío.
Por otro lado, el hada del agua junto a sus compañeras fue directamente al río, y elevando las manos, cogieron entre todas unas gotas de agua llevándolas así al bosque de forma cuidadosa. Una vez ahí, sacudieron sus manos fuertemente para así poder regar todas las plantas.
Después de que las hadas del agua terminaran su trabajo, el hada gruñona se acercó y aplastó sin piedad todas las flores de una en una.
En el grupo de las hadas de los animales, cada una empezaba la mañana dando clase a su grupo de pajaritos para que perfeccionen su vuelo. Esta clase era muy divertida, ya que el hada movía sus brazos y todos los pajaritos la seguían. Empezaba moviéndolos lentamente y cada vez iba aumentando el ritmo, haciéndolo más y más rápido.
Pero de nuevo, el hada gruñona fue a fastidiar la clase del hada de los animales, asustando a todos sus pajaritos. Al estar asustados ya no querían volar, entonces las clases de vuelo no se podían dar.
Las hadas del fuego se dirigieron a quemar las malas hierbas que existían. Gracias al movimiento de sus fuertes manos pudieron eliminar rápidamente esas malas hierbas que crecían y crecían sin tener fin.
Por último, las hadas del viento despejaron todos los caminos teñidos de colores cálidos provocados por el otoño. Para ello, todas hacían un tornado girando sobre sí mismas, quitando así todas las hierbas quemadas y haciendo desaparecer las hojas que habían en el suelo.
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