
Autoras e ilustradoras:
Patrocinio Calahorro López
Narciso Jesús Corrales Sánchez
María Gago Pino
Lola Ginesta Domínguez
Carmen Ríos Rodríguez
Érase una vez una mujer muy flamenca llamada Dolores. Si algo destacaba de ella era que iba a todos lados con su vestido de gitana.
Dolores tenía un gran deseo, algo con lo que había soñado toda su vida. Conocer los pueblos de Andalucía y a su gente. Así que decidió prepararse para comenzar su viaje.
Se peinó, se colocó la peineta y la flor, se puso unos llamativos pendientes y collares, se pintó su rabillo, se puso el traje de gitana y el mantoncillo, sus tacones, cogió su abanico y …
… ¡A viajar!
Comenzó su viaje por la capital de Andalucía, SEVILLA. Se moría de calor, así que decidió tomarse algo bajo la torre de la catedral, La Giralda.
- ¡Ojú qué calo’, muchas gracias!
Cuando cogió fuerzas, no lo pensó dos veces y se fue a la feria de Abril para bailar unas sevillanas.

De camino a La Alhambra, escuchó a unas mujeres cantando, era un cante por granaínas. Dolores salió corriendo a bailar con ellas.
-Estoy enmallá’! ¿Qué tienes ahí?
-¿Esto? Esto es un pionono, lo más delicioso de to’ Granada.
- ¡Lavin’ compae’, claro que sí!
A la mañana siguiente, pasó el Torcal de Antequera de camino a MÁLAGA. Desde allí podía oler los espetos que se hacían en las playas malagueñas y caminó en dirección a este olor.
Al llegar a la playa, Dolores se sorprendió.
- Uy la que hay aquí liá’.
Hacía tanta calor que cogió una colchoneta y se metió en el agua con tan mala suerte que de ventolera que saltó, la arrastró hasta las playas de CÁDIZ.
La levantera la hizo llegar al Puente Canal, en la playa de la Caleta. Dolores, con los rabillos medio borrados del salitre y el moño despeinado se comió unos erizos cogidos en la misma playa mientras de fondo sonaban unas alegrías de Cádiz.
Se encontró con mucha gente disfrazada y al pasar por el gran teatro Falla se dio cuenta que era la final del carnaval. De pronto, escuchó de fondo a un hombre disfrazado de marinero que dijo:
“- ¡Ole ole mi Cai, y lo digo a boca llena, y el que no diga ole que se le seque la hierbabuena!”.
- ¡Ole, ole y ole! respondió todo el mundo.
Se quitó los tacones y se puso unos gargajillos. Como no podía faltar se pintó dos coloretes. Ya estaba bautizada como caletera y carnavalera.
Cuando cayó la noche, tan cansada como se encontraba, Dolores vio un montón de gente en la plaza del ayuntamiento, ¡era la hermandad del Rocío empezando su camino! Ella vio la oportunidad perfecta para conocer su próximo destino, y sin pensarlo ni un segundo, se subió en una de las carrozas y cayó rendida del sueño.
Impresionada por la belleza del paisaje, a Dolores le disgustó ver la cantidad de basura que había en ese entorno natural en el que habitan multitud de especies ¡Este paraíso debe de conservarse! ¡Hay que proteger la vida en él! - dijo Dolores, tras recoger toda la basura que encontraba a su paso.
- ¿Qué es eso que están cantando? - preguntó Dolores.
- Son unos fandangos de Huelva ¡Una maravilla! - Respondió un peregrino. Pero vamos, ¡Maravilla será probar las gambas que hay aquí!
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