Que la vida sea definida por momentos

Adrián es un niño de 6 años, está en la escuela primaria, pero no asiste con frecuencia ya que tiene que ir al hospital porque se encuentra enfermo. Los doctores que lo atienden le agradan, pero cuando vienen con agujas no le gusta porque le duelen, pero entiende que es para curarlo… aunque aún no entiende mucho sobre su enfermedad, sus padres si y eso los pone tristes.



Él ya ha intentado hacer muchas caras graciosas, contar chistes, abrazarlos y besarlos mucho, funciona solo por pequeños momentos y por eso se ha propuesto darles besos y abrazos más a menudo.



Un día pasó algo diferente los padres de Adrián y los doctores lo llevaron a un patio interno del hospital ¡Él no sabía de ese lugar! en ese patio estaban cuatro niños y un señor, todos estaban riendo ¡menos aquel señor con la cara tan seria! A Adrián le daba mucha curiosidad.












Le explicaron a Adrián que, así como aquellos niños, a él pronto se le iba a caer el cabello. Sus padres dijeron que se vería muy guapo, su papá no se quería quedar atrás y quiso verse guapo para su mamá, así que decidió cortarse el cabello también ¡Mamá lloró cuando lo vio tan guapo!
La mamá de Adrián quiso verse guapa, pero Adrián le dijo que con su cabello ya era muy hermosa, eso también la hizo llorar. Creo que mamá es muy sensible, pensaba el niño.


Después de su primer tratamiento Adrián descansó en su habitación, estaba débil.
Después se sintió mejor y quiso ir al patio del hospital con sus nuevos amigos. Ese día solo estaban tres niños y el mismo señor de cara seria.



El niño le entregó una flor de las que había en el patio, a sus padres les gustaba cuando hacía eso y pensó que eso alegraría al señor de cara seria.
Una enfermera reprendió al señor de cara seria cuando se negó a tomar la flor. Eso no incomodo a Adrián, pensó que tal vez no eran sus favoritas y por eso no le gustaban así que comenzó a llevarle diferentes flores hasta encontrar una flor que hiciera sonreír al señor de cara seria.
Seguía con su cara seria, aun así, tomaba todas las flores que Adrián le llevaba, la enfermera le sonreía cuando lo hacía.












El señor de cara seria, aunque no sonreía le daba chocolates cuando se veían, y eso era un avance en la mente de Adrián.



Adrián perdió su cabello, pero ese día sucedió algo maravilloso ¡Hizo reír al señor de cara seria! sabía que su nombre era Joaquín, pero siempre lo llamaba “señor de cara seria” y ¡ahora estaba riendo! cuando Adrián mencionó que el chocolate que le dio estaba tan calvo como él. La risa del señor de cara seria lo hizo muy feliz a él también, sus papás también comenzaron a reírse y él fue aún más feliz.








Un día el señor de cara seria se encontraba muy cansado, así que Adrián le llevó dos flores más esperando que alguna fuera su favorita.
El señor de cara seria ese día le contó algo que fascinó a Adrián, le dijo:
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