Proyecto de Cultura Asturiana
CP Manuel Martínez Blanco
Gijón, Asturias

Os voy a contar una historia de un duende pequeñucu, de apariencia humana, muy vivaz, de gesto picardioso, cojo y con la mano izquierda agujereada conocido como Trasgu, pero que en el occidente de Asturias se le llama el Diablu Burlón, trasno, cornín y Xuán dos camíos. viste blusa y gorro rojo, por eso también se le llama "el del gorru colorau
La cuestión, es que este Trasgu, era algo diferente a los demás. No vivía en una casa de aldea, sino en un colegio público de primaria, en concreto en el Colegio Manuel Martínez Blanco de Gijón.
Tampoco era un bromista ni burlón, es decir, no tenía nada de guasón. Todo lo contrario, daba miedo, tenían un aspecto más infernal. ¡Su presencia se sentía en los pasillos, aunque no se apareciera a nadie durante el día!
Su altura era aproximadamente de unos cuarenta centímetros. Su cara era muy fea y desagradable, porque sus orejas eran como las de un duende, muy grandes y puntiagudas.
Sus ojos profundos, grandes y saltones, clavaron su mirada en la maestra de Música, sin ser ella consciente de que era vigilada, desde el cuarto oscuro del aula de la clase donde se escondía de día.

Con su nariz grande, ancha, aguileña seguía el rastro de la maestra por los pasillos del colegio.
Sus cejas arqueadas y peludas se relajaban cuando fijaba su mirada en ella mientras daba clase a los alumnos mientras la vigilaba a escondidas y planeaba qué hacer con ella para cambiar de casa, dado que se había cansado de vivir en el colegio.
Sus mofletes redondos, carnosos y colgantes se hinchaban de aire cuando los llenaba de aire para mantener la respiración cuando la muestra entraba en el cuarto oscuro para coger el material y no ser visto ni oído, dado que su respiración sonaba como un pequeño silbido.
Su boca perfilada, por unos enormes labios, dibujaban una gran sonrisa maliciosa, mientras la espiaba por el agujero de la cerradura de la puerta.
La pobre maestra, que no sabía que estaba siendo vigilada por el Trasgu, de aspecto dulce y cálido, muy delgada, con una hermosa media melena lisa de color castaño, era muy querida por todos sus alumnos, a los cuales daba clase desde primero.
Pero un día la cosa cambió, aquella dulce maestra, algo le pasó, no se sabe si fue una maldición o una posesión por el Trasgu.
Comenzó a levantarse dormida por las noches y a pasear por el bosque, dado que vívia en una casa de campo. Ella no era consciente de ello, ni de la trasformación que sufría, dado que se convertía en una enana que corría por los bosques. La gente que la veía la comenzó a llamar la enana de los bosques, pero nadie sabía que aquella enana era la dulce vecina que daba clases de música a los niños en Gijón.
Una vecina de Deva declaró al periódico a ver visto una enana comiendo los gatos del vecindario.
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