
Quien sabe del dolor, todo lo sabe.
Dante Alighieri
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"
¡Que la vida nunca te envíe todo lo que seas capaz de soportar!" nos dice un adagio
popular. Y es cierto. Nos parece imposible sobrevivir a algunos sufrimientos que son
incompatibles con la vida, con una buena vida. Pero finalmente, esta, la vida, es más
fuerte que nosotros y descubrimos, muy impactados, que es posible.
He escrito esto como en un rapto. Está escrito como un homenaje a toda la gente
que sufre una enfermedad pero muy especialmente a los niños que pasan por la
experiencia de ser hospitalizados, y a sus padres. Y muy en particular a Pablo y a su
padre, Sergio del Molino, por compartir su hora violeta y hacer que las de otras personas
se sintieran acompañadas y menos solas.
Y por supuesto esto es una dedicatoria y un homenaje a estas personas que con
pequeñas acciones revolucionarias e imprescindibles hacen de este mundo un lugar
mejor y nos dan esperanza por recuperar el corazón y la luz en un espacio cada vez más
frío y oscuro:
Gracias a
ASION Asociación de padres con niños con cáncer http://www.asion.org/
FUNDACIÓN THEODORA Payasos para nuestros niños http://es.theodora.org/es
MÚSICA EN VENA. http://musicaenvena.com/

Álvaro ya no preguntaba insistentemente a su
mami por cuándo volverían a casa. Sus cuatro añitos
habían comprendido, sin él saberlo, que esta vez el
parque y sus amigos iban a tener que esperarle un tiempo
más largo.
Del mismo modo, había dejado de quejarse
cuando le pinchaban o tenía que tomar alguna de
esas extrañas "chuches" que tan pachucho le
dejaban. Alguna lágrima traicionera delataba esa
especie de aceptación que no era otra cosa que la
intuición sabia de que debía conservar las energías para
batallas más importantes. Porque Álvaro, con sus cuatro
años, era ya un sabio.



No le gustaba esa nueva casa en la que se había
convertido su habitación 302. Tampoco le gustaban
tanto como sus amigos esos otros niños que, como él,
parecían cometas ancladas al suelo y a esos cables que
constituían su alimento o el calmante que les hacía olvidar
algo que habían comprendido demasiado pronto: el dolor
forma parte de la vida. A veces de manera insoportablemente
injusta.



No le gustaba ese otro universo en el que le tocaba
vivir y , cuando estaba muy cansado o dolorido ,con los
ojos cerrados, se refugiaba en los brazos de su madre,
mullidos de ternura . Su madre que alcanzaba- todavía no
sabía cómo- a disimular el dolor que la atravesaba de arriba
abajo sin tregua.
O se acurrucaba, aliviado, en la sonrisa de su padre que él
todavía no había descubierto aterrada.


Frecuentemente se dormía aferrado al consuelo de
su dedo pulgar en la boca, como un chupete que
nunca antes había necesitado y que ahora, en su
sabiduría, había convocado en su auxilio.
Comprendiendo, sin saberlo, que todos los amparos que a
partir de ahora necesitara debían ser parte de él, de su
organismo y su resistencia. Álvaro, en su inocente sabiduría,
intuía que esa batalla debía darla él solo a fuerza de resistir.


Álvaro había dejado de hacer preguntas y había
dejado de gritar y sollozar. No le gustaba esa su
segunda casa pero había encontrado en ella motivos
para el regocijo y para los anhelos. Y sabía que en
cualquier momento podían aparecer por la puerta y
transformar ese mundo de batas blancas y miradas
cargadas de emociones, en un arcoiris de juegos, melodías,
amor y alegría. Y en ese arcoiris ya era posible vivir con
esperanza, con ilusión, con fuerza.


El día a día era más dulce gracias a algunas enfermeras y
auxiliares que le hacían reír al tiempo que alimentaban sus cables y
hacían de su habitación un entorno cuidado y limpio.
Sin embargo, la vida resonaba plena y cargada de fuerza y de
promesas cuando aparecían unos paraguas protectores, la nariz
roja y encendida de unos doctores muy especiales o la música
simple y radiante que rompía el silencio plomizo de esa reclusión
insalvable.Aquel obligado y demasiado largo paréntesis se
convertía en vida gracias a ellos, que aparecían como un vendaval
transformando y limpiando todas las sombras que poblaban aquellos
pasillos y habitaciones.




ASION
MÚSICA EN VENA
F. THEODORA
Y esos días el calendario se adelgazaba y las horas
volaban y Álvaro y todos sus amigos de aquel parque
improvisado entendían que ese paréntesis tenía un punto
seguido y que no era tan terrible estar obligados a
atravesarlo.




GRACIAS
Hace dos noches Álvaro se quedó dormido, orgulloso, con el
cerdito hucha que había hecho junto a sus amigos, los
voluntarios de ASION, que iban a visitarlos cargados de
colores, materiales, ideas, y ganas de reir. Con su ayuda,
Álvaro había realizado de manera simple pero muy divertida
grandes proezas y estaba especialmente contento de haber
podido hacer con sus pequeñas manos, pequeños regalos para
sus padres o sus abuelos. Los chicos de Asion eran los profes
más chulis que Álvaro conocía: le ayudaban a construir
maravillas al tiempo que reían y cantaban con generosidad.
Álvaro los esperaba con auténtica emoción cada día.




Hoy todavía resuenan en su habitación las risas
cristalinas con las que recibió ayer a la doctora
Kateterina de la FUNDACIÓN THEODORA. Álvaro
todavía no sabe cómo la doctora consiguió sacar de
debajo de su cama un caleidoscopio que no se ha
cansado de mirar durante todo el día. La doctora
Kateterina le hizo llorar de carcajadas con sus bromas y
sus chistes, ayudándole a olvidar, por unos momentos, el
malestar que ayer le impidió ir a jugar con sus nuevos amigos.



Tamborilean en su interior las melodías cantarinas que
Boss and Over han compartido con ellos esta mañana.
Ha disfrutado cantando y dejándose mecer por ese otro
suero que alimenta el alma y la confianza , y se instala en el
corazón con burbujas cosquilleantes que acarician las
heridas y las fortalecen: la música. Gracias a MeV: MÚSICA
EN VENA





Álvaro y sus padres, y todos los niños que viven una
experiencia de enfermedad en un hospital, podrán
atravesar ese paréntesis de dolor, reconfortados.
Podrán vivir ese hueco de incertidumbre y miedo, que
es la enfermedad, acariciados por esos momentos de
alegría, de comunicación, de compañía.
El vértigo y el vacío se llenarán de color, de risas, de
acordes...de esperanza. De vida.


Ellos convierten el hospital en un improvisado útero
de seguridad y alegría donde el futuro es posible
porque el presente se llena de fuerza y generosidad.
Son las personas que hacen ASION, FUNDACIÓN
THEODORA y de MÚSICA EN VENA, un milagro
imprescindible para todos.





- < BEGINNING
- END >
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