Este libro es dedicado a todos los niños del Perú.

Los duendecillos como todo el mundo ya sabe solían
vivir en los bosques algunas veces hasta no hace mucho incluso se dejaban ver por los jardines pero
eran muy pocos los que como Membrillo que vivían en un jardín. Membrillo era pequeño como un pulgar y vivía en una encantadora casita en forma de hongo.
A Membrillo le gustaba mucho dormir la siesta pero de vez en cuando abría un ojo para vigilar las fresas
que crecían bajo su ventana . Al duendecillo le encantaban las fresas - pero Membrillo no tenía nada que temer de sus vecinos todo lo contrario estaban
orgullosos de vivir con un duendecillo en el jardín y lo mimaban mucho.
Abeja Teresa siempre tan ahorrativa a menudo le llevaba tarros de miel de regalo y Abejorro Modorro
nunca se presentaba con las manos vacías .
Como ven todos los insectos de los alrededores adoraban al hombrecillo bonachón de la barba blanca y todos presumían de ser su mejor amigo.
Hasta que un día un triste día un rumor circuló entre zumbidos por todo el jardín, en realidad Membrillo no era más que un enano de jardín un vulgar enano como cualquier otro de esos que abundan por los alrededores a que venía tanto alboroto acaso no se parecen mucho los duendes y los enanos de jardín.
No se equivoquen el asunto era delicado ya que los enanos a diferencia de los duendecillos tenían muy mala fama .Se solía decir sin motivo alguno que eran ladrones , mentirosos y cosas peores aún.
Ya hacia tres días que Membrillo que no sabía nada
del rumor no recibía vistas de sus vecinos un poco inquieto decidió acercarse a casa de Abeja Teresa que era la que vivía mas cerca.
Teresa estas ahí ábreme gritó mientras llamaba a la puerta .
Es que te has olvidado de tus amigos ya hace tres días que espero tu tarrito de miel.
De repente un torbellino de reproches y nervios abrió la puerta y gritó con fuerza.
Largo de aquí fuera no hay miel para enanos ladrones.
Pero si yo soy un duendecillo respondió con indignación Membrillo.
Demasiado tarde la puerta ya se había cerrado y eso
no fue todo Abejorro Modorro y Gilberto mariposa le dieron el mismo recibimiento.
Desde entonces nadie quiso hablar con él ni siquiera
para darle simplemente los buenos días y eso que Membrillo era un verdadero duendecillo se los puedo asegurar la prueba es que dejo su casa para irse a vivir al bosque y eso nunca lo haría un enano de jardín.
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