Este libro fue escrito pensando solo en ustedes. En sus risas, en su curiosidad y en los momentos inolvidables que pasamos juntos.
Que cada lectura sea un recordatorio de que los amo más de lo que las palabras pueden expresar y que siempre estaré aquí para contarles una historia.


EN EL BOSQUE DE LOS SUSURROS, DONDE LOS ÁRBOLES ERAN ALTOS Y EL SOL SIEMPRE BRILLABAN, VÍVIAN UN CONEJO MUY RAPIDO Y UNA ARDILLA MUY ASTUTA.
Un día, mientras buscaban su desayuno, Leo sintió un olor delicioso. Rascó la tierra con sus patas y... ¡Descubrió la zanahoria más grande que jamás habían visto! Era tan enorme que parecía un tronco de árbol naranja.
¡Mira, Tina! ¡Es la zanahoria perfecta! —exclamó Leo, dando pequeños saltos de alegría.
Tina, con sus ojos redondos, miró la zanahoria y luego miró a Leo. —Sí, Leo, es increíble. ¡Pero pesa muchísimo! No podemos sacarla solos. Por más que tiremos, está muy, muy atascada.
Leo empujó y empujó, pero la zanahoria ni se movió. Tina tiró de su punta, pero solo consiguió resbalar. Estaban atascados.

De repente, una idea brillante se encendió en la cabeza de la ardilla. —¡Ya sé! Yo soy más hábil y puedo subir a ese árbol grande. Desde arriba, podré tirar con una liana.
Leo se cruzó de brazos. —No, no, no. Eso es demasiado lento. Yo soy el fuerte. Necesito ir rápido y usar mi fuerza para escarbar por debajo y sacarla con un gran ¡PUUM!
Cada uno creía tener la mejor idea y no escuchaba al otro. Se enfadaron un poco.

Un sabio Búho llamado Bubo, que los observaba desde una rama alta, notó su frustración.
—Hoo-hoo... Queridos amigos, ¿qué problema intentan resolver por separado? —preguntó Bubo con su voz suave.
Leo y Tina explicaron lo de la zanahoria gigante y cómo cada uno intentaba sacarla con su propia técnica. Bubo sonrió con sus grandes ojos. —Ustedes son diferentes, y eso es una ventaja, no un obstáculo. Juntos son mucho más fuertes.

Leo y Tina se miraron. Tenían la solución delante, ¡pero no la veían! Tenían que unir sus talentos.
—Mi fuerza y mis patas excavadoras pueden aflojar la tierra de abajo —dijo Leo.
—Y mi agilidad y mi liana pueden dar un buen tirón desde arriba en el momento justo —añadió Tina.
Leo y Tina se dieron un abrazo de disculpa. Ahora ya no eran solo Leo y Tina, ¡eran el Equipo Zanahoria!

Leo comenzó a cavar con todas sus fuerzas, moviendo la tierra a su alrededor. ¡PLAF, PLAF, PLAF! La zanahoria se aflojó un poco.
Mientras tanto, Tina trepó al árbol, amarró bien la liana a la punta de la zanahoria y la ató a la rama más fuerte.
—¡Ahora! ¡Tira, Tina, tira! —gritó Leo.
Al mismo tiempo, Leo dio un gran empujón desde abajo y Tina tiró con todas sus fuerzas desde arriba.

Con un gran ¡POOOP! la zanahoria gigante salió de la tierra y rodó suavemente hasta la madriguera de Leo.
Leo y Tina se rieron. ¡Lo habían logrado! No por ser rápidos o fuertes por separado, sino por ser mejores amigos juntos. Aprendieron que al unir sus habilidades, cualquier problema se vuelve pequeño.
Esa tarde, compartieron la deliciosa zanahoria con todos sus amigos del bosque, celebrando que la verdadera magia no estaba en la zanahoria, ¡sino en su gran amistad!

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