Una mañana, el bosque despertó con un estruendo. Un joven viajero llamado Eiden, aprendiz de mago, había llegado atraído por los rumores del castillo encantado. Tharos rugió con fuerza, lanzando fuego hacia el intruso, pero el joven alzó su bastón y conjuró un escudo de luz. El sonido del hechizo llegó hasta la torre, y Lirien, por primera vez en años, sintió curiosidad por el mundo exterior. Desobedeciendo las órdenes de su madrastra, bajó a escondidas y se encontró con Eiden en los jardines prohibidos. Él le habló del reino en ruinas, del pueblo que aún recordaba a su verdadero padre, el rey, y de una profecía que decía: “Cuando la hija del bosque mire al sol sin temor, la oscuridad se desvanecerá”. La princesa comprendió que el cristal que llevaba era la fuente de la magia que la mantenía prisionera y, al mismo tiempo, la llave de su libertad.
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