
LA CIGARRA Y LA HORMIGA
Durante todo un verano, una cigarra se dedicó a cantar ya jugar sin preocuparse por nada. Un día, vio pasar a una hormiga con un enorme grano de trigo para almacenarlo en su hormiguero.
La cigarra, no contenta con cantar y jugar, decidió burlarse de la hormiga y le dijo:
—¡Qué aburrida eres!, deja de trabajar y dedica a disfrutar.
La hormiga, que siempre veía a la cigarra descansando, respondió:
—Estoy guardando provisiones para cuando llegue el invierno, te aconsejo que hagas lo mismo.
—Pues yo no voy a preocuparme por nada —dijo la cigarra—, por ahora tengo todo lo que necesito.
Y continuó cantando y jugando.
El invierno no tardó en llegar y la cigarra no encontró comida por ningún lado. Desesperada, fue a tocar la puerta de la hormiga y le pidió algo de comer:
—¿Qué hiciste tú en el verano mientras yo trabajaba? —preguntó la hormiga.
—Andaba cantando y jugando —contestó la cigarra.
—Pues si cantabas y jugabas en verano —repuso la hormiga—, sigue cantando y jugando en el invierno.
Dicho esto, cerró la puerta.
La cigarra aprendió a no burlarse de los demás ya trabajar con disciplina.
Moraleja: Para disfrutar, primero tienes que trabajar.
RESPONDER PREGUNTAS:
1: ¿Qué hacía la cigarra durante el verano mientras la hormiga trabajaba?
La cigarra cantaba y jugaba .
2: ¿Por qué la hormiga no ayudó a la cigarra cuando llegó el invierno?
Porque la cigarra no trabajó ni se preparó durante el verano y se burló de la hormiga.
3: ¿Estás de acuerdo con la actitud de la hormiga al no ayudar a la cigarra? ¿Por qué?
Sí, estoy de acuerdo con la actitud de la hormiga, porque la cigarra no quiso trabajar ni prepararse cuando tuvo la oportunidad y además se burló de la hormiga. La hormiga fue responsable y pensó en el futuro, mientras que la cigarra solo se dedicó a divertirse.
LA LIEBRE Y LA TORTUGA
Había una vez una liebre muy veloz que, consciente de su capacidad, se burlaba constantemente de los demás animales porque se creía superior a ellos.
El blanco preferido de sus ataques era una lenta tortuga, a la cual no dejaba de decirle cosas hirientes.
-¡Pero vaya que eres lenta tortuga! Ten cuidado no seas muy vieja ya para cuando llegues a tu destino de hoy. No vayas tan deprisa que te harás daño –decía continuamente de forma burlona e irónica la liebre.
Al inicio muchos animales les rían sus gracias, pero al no disminuir estas y ser tan constantes, muchos se sentían ya cansados de la liebre, a la que creían altanera, prepotente y realmente pesada.
Cansada también de tanta burla, la tortuga un día se atrevió y le dijo a la liebre:
-Sabes, estoy segura que con toda mi lentitud podría ganarte una carrera.
-¿Cómo? –preguntó la liebre. –Qué puedes ganarme en una carrera, eso lo dudo.
-Pues mira –ripostó la tortuga-, hagamos una apuesta con el resto de los animales como testigos y veamos quién se lleva el premio.
Segura de su velocidad y la lentitud del rival, la liebre ayudó el reto, aunque más que eso lo demostró un pan comido.
Pactaron iniciar la carrera enseguida y llamaron a la línea de partida al resto de los
animales del bosque.
Cuando se hizo la señal de arrancada la liebre se mantuvo alardeando con los demás en la salida y dejó que la tortuga, con paso lento, tomase distancia.
Pasado un rato la liebre emprendió su carrera y ciertamente era veloz. En poco tiempo rebasó a la tortuga, no sin antes proferirle insultos y tildarla de loca.
Cuando tomaba ventaja relativa, la liebre se echaba a un lado del camino a descansar o hacer otras cosas y dejaba que la tortuga, que no se detenía nunca, le pasaba con su andar lento.
Esta operación la repitió muchas veces, confiada en que acabaría ganando la carrera en un impulso final, sin importar cuanta ventaja saquese la tortuga.
Sin embargo, cuando le hubo sacado a esta mucha distancia en uno de los adelantos, vio un frondoso árbol que proyectaba una rica sombra en la que descansar unos minutos. Así lo hizo y tan bien y confiada se sintió, que terminó por dormirse.
Al despertar, la mentira se percató que la tortuga estaba casi llegando a la meta, razón por la que echó a correr con suma velocidad.
No obstante, la velocidad en este punto ya no le era suficiente y la tortuga terminó ganando la carrera, convirtiéndose a la liebre en objeto de risa del resto de los animales, que alababan a la primera por su perseverancia.
Desde ese día, la liebre aprendió a respetar a los demás tal y como son, y a no ser tan orgullosa ni confiada.
PREGUNTAS:
1:¿Por qué la liebre se burlaba constantemente de la tortuga?
Porque la consideraba lenta y se creía superior por ser más veloz.
2:¿Qué errores cometió la liebre durante la carrera que hicieron que perdiera?
Se confió demasiado, se detuvo varias veces a descansar y se quedó dormida, mientras la tortuga avanzaba sin detenerse.
3:¿Qué enseñanza deja la actitud de la tortuga frente a las burlas de la liebre y cómo podrías aplicarla en tu vida diaria?
Nos enseña que no debemos burlarnos de los demás ni confiar demasiado en nuestras habilidades, ya que la constancia, el esfuerzo y la perseverancia pueden llevar al éxito, incluso frente a personas más talentosas.
EL CAZADOR DESAFORTUNADO
Esta es la historia del cazador más desafortunado de todos, Juan, que el día de la boda de su hermana debía aportar el plato fuerte que engalanaría el convite nupcial.
Juan había sido instruido por su madre de cazar una liebre, pues la casamentera quería conejo en el banquete, pero resulta que apenas salió a cazar y divisó una liebre, Juan apuntó el gatillo en vano.
Tenía más puntería que nadie, pero ese día las balas no impactaron a la presa y cayeron al suelo. Juan creyó haber escuchado una voz desde el interior de la escopeta y luego vio cómo la liebre a la que había disparado se paseaba por delante de él vestida de novia y con un ramo de flores.
Resulta que el animal también se casaba y esto le pareció muy raro a Juan, que comprendió que cosas raras estaban pasando ese día.
Por ello decidió cambiar su objetivo y fue a la captura de un bello faisán, pero apenas presionó su gatillo las balas volvieron a caer al suelo y el bello animal huyó de ese desafortunado cazador.
Rabioso Juan fue entonces a por un enorme pájaro que había en un árbol cercano. Apuntó bien como siempre, pero al disparar los proyectiles fueron al piso como hormigas y no al frente, como debía ser.
Impotente y consciente de la refrigeración que le darían su madre y hermana por ir con las
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