

Dedicado a todos los patos valientes que se atreven a chapotear en aguas nuevas… especialmente en las del cole.





Era una mañana muy soleada en el lago Brillito , el lugar donde vivía
Paco , un patito amarillo y curioso .
Los pajaritos cantaban, las ranas hacían croac croac y el viento jugaba con las flores.
Paco se respondió.
en el agua brillante y dijo muy decidido. :
— ¡Hoy empiezo el colegio! ¡Qué emoción!
Su mamá le dio un gran abrazo. —Recuerda, Paco —le dijo sonriendo—, sé amable y escucha a la señor



Paco agitó sus alitas y caminó hacia el cole del bosque, donde todos los animalitos iban a aprender cosas nuevas













Cuando llegó, vio muchos compañeros:
una conejita blanca que saltaba sin parar,
un erizo con una mochilita de hojas,
y una tortuga pequeñita con lentes redondos.


—¡Hola! Soy Paco, el patito aventurero —dijo él, levantando una alita.
—¡Hola, Paco! Yo soy Lulú, la conejita saltarina —respondió Lulú—. ¡Qué bonito color tienes!
—Y yo soy Tito, el erizo estudioso —dijo Tito mientras se ajustaba su mochilita.
—Yo soy Lola, la tortuga —dijo Lola muy despacito—. Me gusta aprender, pero tardo un poqu Paco sonrió. Todo parecía perfecto… ¡hasta que sonó el timbre !ito.











La maestra, la señora Osa, entró en el aula.
—¡Buenos días, pequeños exploradores! —dijo con una voz dulce.
—¡Bueeenos díiiias! —r
espondieron todos a la vez.
La seño Osa empezó a enseñar las vocales.
Pero Paco, que era muy curioso, vio por la ventana una mariposa azul y… ¡zas!
Se levantó del asiento para seguirla.
—¡Paco, vuelve! —dijo la seño Osa con paciencia—. La mariposa puede esperar, la clase no
Paco se sonrojó.
—Lo siento, seño… es que quería ver adónde iba.
Todos rieron un poquito, incluso la seño.
—No pasa nada, Paco —dijo ella—. Eres curioso, ¡y eso está muy bien! Pero en clase debemos escuchar primero y explorar después.
A la hora del recreo, Paco quiso impresionar a sus nuevos amigos.
—¡Miren cómo vuelo! —dijo, abriendo sus alitas.
Corrió, saltó… ¡y plof! Cayó directo en un charquito.
El agua salpicó a todos.
Lulú se rió.
—¡Pareces una fuente!
Tito se secó las gotitas de su cara.
—No te preocupes, Paco. Todos tenemos días resbalosos.
Entonces Lola, la tortuga, sacó una toallita de su mochila y se la dio.
—Aquí tienes, para secarte.
Paco los miró agradecido.
—Gracias, amigos. Creo que hoy he aprendido dos cosas:
una, que volar en el recreo es difícil…
y dos, que tener amigos lo hace todo mejor.





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