A mi familia,
porque en cada paso de mi camino han sido mi raíz y mi cielo.
Gracias por enseñarme que la fuerza no siempre se encuentra en el ruido de la batalla, sino en la calma de una palabra de aliento, en un abrazo que todo lo cura y en la fe silenciosa que nunca se apaga.
Ustedes son mi primera historia, la que empezó mucho antes de que escribiera una sola palabra.
Cada página de este libro lleva un pedacito de su amor, de su paciencia y de su luz.
Cuando dudé, me recordaron que incluso una chispa puede encender un fuego inmenso.
Cuando caí, fueron las alas que me levantaron sin pedir nada a cambio.
Por todo eso, por ser mi hogar en cualquier parte del mundo,por ser los guardianes de mi sueño y la llama que nunca deja de arder,este libro —y cada historia que escriba después—siempre será también suyo tambien.
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