
Había una vez, en un lugar muy lejano, dos reinos enfrentados: el reino de los humanos y el reino de los animales.
Una niña muy curiosa llamada Zafira había escuchado muchas historias sobre el otro reino. En ellas se contaban cosas terribles sobre los animales: que siempre se aprovechaban de los humanos, que les hacían daño e incluso se los comían.
Sin embargo, Zafira, que tenía un corazón bondadoso, nunca creyó aquellas historias. Estaba convencida de que no podían ser ciertas y decidió que haría todo lo posible por demostrar que no eran verdad.
Un día, preparó sus cosas y comenzó su camino. Este era más largo de lo que imaginaba. Pasó mucho tiempo caminando, atravesando campos y senderos, sin saber si realmente estaba cerca de su destino.
Al llegar a un bosque espeso, se desorientó y terminó perdiéndose entre los árboles. Mientras buscaba la salida, resbaló sin darse cuenta y cayó por una pequeña pendiente hasta el río. La corriente la arrastró y, asustada, intentó agarrarse a los troncos que flotaban, pero sus manos resbalaban una y otra vez.
Cuando ya casi no tenía fuerzas, un pequeño ratón del reino de los animales apareció en la orilla. Empujó una rama hacia ella y la ayudó a sujetarse hasta que consiguió salir del agua. Una vez en la orilla, al ver quién le había ayudado, se asustó, ya que recordó las historias que siempre le habían contado.
Este le convenció de que no quería hacerle daño y le avisó de que iría a llamar a sus amigos para darle una fiesta de bienvenida, porque les encantaban.
Cuando se fue, Zafira no pudo esperar allí y empezó a indagar en el reino. En su camino se encontró con un ser extraño que le dijo de forma mística: "no deberías andar sola por estos bosques; hay ciertos animales que no soportan a los humanos. Ten mucho cuidado".
Zafira se extrañó de su mensaje, pero estaba decidida a seguir con su aventura. Cuando pasó un rato, escuchó un ruido muy raro y decidió esconderse, porque no paraba de rondarle por la cabeza la advertencia del ser. Se asomó desde su escondite y vio una enorme criatura observándola: era un gran perro. Empezó a temblar y este la olfateó extrañado. Al poco rato comenzó a mover la cola porque quería jugar con ella. Zafira no entendía nada, hasta que, sin querer, chutó una piedra y el perro corrió detrás de ella. Cuando este estuvo distraído, continuó con su camino.
Por el bosque iba caminando el rey conejo, que era el ser que más odiaba a los humanos. Todos los animales le temían por el gran poder que poseía. Iba con gran prisa porque le esperaban en una gran asamblea para tomar decisiones sobre el reino.
Todo esto se le olvidó cuando se encontró con una humana en su reino. Se quedó petrificado, ya que no entendía cómo una chica había aparecido allí. Él le tenía un gran miedo a los humanos porque, en el pasado, cuando los reinos estaban unidos, lo utilizaban para hacer espectáculos, haciéndolo sentir menospreciado. Salió huyendo de allí para ordenar que encerraran a Zafira.
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