Te amo mucho Mayita.
By: Marty

En un mundo lleno de colores y magia, había dos niñas que vivían en pueblos separados por un gran valle. Marte vivía en el pueblo de Sol de Oro, conocido por sus praderas verdes y montañas doradas. Maya, por otro lado, vivía en el pueblo de Lluvia de Flores, famoso por sus jardines de flores exóticas y ríos cristalinos.
Maya era una niña curiosa y valiente, con el pelo castaño oscuro y ojos cafés. A diferencia de las otras niñas de su pueblo, Maya tenía una pasión por los libros de aventuras y la exploración de cuevas y cavernas. En sus ratos libres, Maya solía descender a las cavernas más profundas, buscando tesoro y secretos ocultos.
Marte, por otro lado, era una niña dulce y soñadora, con el pelo castaño claro y ojos color almendra. Ella vivía rodeada de flores y árboles llenos de vida, y su corazón latía por la magia y la naturaleza. En sus momentos libres, Marte solía caminar por los jardines de flores de su pueblo, recogiendo hierbas y plantas para hacer infusiones y pociones.
Un día, sin embargo, el destino cambió la vida de ambas niñas. Un fuerte torrente de lluvia azotó el valle, y el río que separaba Sol de Oro y Lluvia de Flores se desbordó. El pueblo de Sol de Oro quedó aislado, y Marte se encontró sin camino de regreso a casa. La tormenta llevó a Marte hasta el pueblo de Lluvia de Flores
La niña se refugió en una casita de madera. Esa casita de jardín era de la abuela de Maya. La abuela, una anciana sabia y amable, recibió a Marte con los brazos abiertos y la acogió en su hogar.
Mientras la tormenta azotaba el valle, Maya salió de su casa para ver cómo afectaba a su pueblo. Al ver a la desconocida niña refugiada en la casita de su abuela Maya se acercó, llamando a Marte y presentándose. Las dos niñas se miraron la una a la otra, y se sintieron inmediatamente conectadas.
A pesar de ser de pueblos separados, Marte y Maya descubrieron que tenían mucho en común. Ambas amaban la naturaleza, la aventura, la magia y curiosamente, la danza. La abuela de Maya les contó historias de cómo había conocido al Espíritu de la Naturaleza en su juventud, y cómo había aprendido a comunicarse con los elementos y los seres mágicos del valle. Marte y Maya se sintieron ilusionadas, y pidieron a la abuela que les enseñara cómo comunicarse con la naturaleza como ella.
La abuela aceptó, y comenzó a enseñar a Marte y Maya la magia de la naturaleza. Les enseñó cómo escuchar el
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Gracias por estos años de amistad

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