Este libro que tienes en tus manos es una invitación a abrir los ojos y los oídos. A través de los ojos curiosos de Kusi y la sorprendente sensibilidad de Menelik, un torito singular capaz de escuchar el latido de la historia, te adentrarás en un fascinante viaje al corazón de Pillo. No se trata solo de una aventura para resolver un misterio, sino de un descubrimiento mucho más profundo: el valor de nuestro patrimonio.

ÍNDICE
Presentación ........................................ 3
Capítulo 1. El torito que escuchaba piedras ........ 4
Capítulo 2. La señal en la cerámica ................ 6
Capítulo 3. El camino que no aparecía en los mapas ... 8
Capítulo 4. El secreto del puquio .................. 10
Capítulo 5. Una puerta debajo de la tierra .......... 12
Capítulo 6. Lo que encontramos allí dentro .......... 14
Capítulo 7. La mentira de la vasija ................ 16
Capítulo 8. La noche de los caminos ................ 18
Capítulo 9. El mensaje de los antiguos ............. 20
Capítulo 10. La decisión de Kusi ................... 22
Capítulo 11. Cuando Pillo volvió a hablar .......... 24
Epílogo. Yo también tengo una historia que contar ... 26

PRESENTACIÓN
Mi nombre es Menelik.
Soy un torito pequeño y, según Kusi, demasiado curioso para mi propio bien.
Vivo cerca de los antiguos caminos de Pillo, donde las piedras parecen estar dormidas bajo el sol. Pero yo sé que no están dormidas.
Las piedras recuerdan.
Recuerdan las manos que construyeron los muros, los pasos de quienes recorrieron los caminos, el agua que alguna vez pasó por los canales y las voces de personas que vivieron allí mucho antes de que nosotros llegáramos.
Durante mucho tiempo pensé que todo aquello eran simplemente piedras viejas.
Hasta que un día encontré una vasija.
Y en ella había una señal que cambiaría nuestra manera de mirar Pillo para siempre.
Esta es la historia de cómo comenzó todo.
Y también es la historia de por qué decidí contarla.
CAPÍTULO 1
EL TORITO QUE ESCUCHABA PIEDRAS
La primera vez que escuché hablar a una piedra pensé que estaba enfermo.
Había pasado toda la mañana caminando junto a Kusi por una de las laderas de Pillo. El sol calentaba tanto que hasta las lagartijas buscaban sombra.
Kusi llevaba una pequeña libreta.
Yo llevaba hambre.
—Menelik, deja de comer y mira esto —dijo ella.º
Levanté la cabeza.
Frente a nosotros había un antiguo muro de piedras.
Algunas estaban perfectamente acomodadas. Otras habían caído con el paso del tiempo.
Kusi se agachó.
—¿Sabes qué es?
Negué con la cabeza.
—Un muro antiguo.Probablemente perteneció
a una vivienda.
Me acerqué.
Entonces ocurrió.
Tac.
Una piedra cayó al suelo.
Kusi dio un salto.
—¿Viste eso?
Yo sí lo había visto.
Pero también había escuchado algo.
No fue una voz exactamente.
Fue más parecido a un murmullo que salió de entre las piedras.
Busca el camino.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué pasa, Menelik?
Miré hacia la ladera.
—¿Tú escuchaste eso?
Kusi frunció el ceño.
—¿Escuchar qué?

No respondí.
Porque el murmullo volvió.
Busca el camino que desapareció.
Sentí un escalofrío.
Por primera vez comprendí que aquel día no habíamos llegado a Pillo por casualidad.
CAPÍTULO 2
LA SEÑAL EN LA CERÁMICA
Kusi siguió caminando sin saber lo que yo había escuchado.
Yo iba detrás de ella.
Cada pocos pasos miraba las piedras.
Nada.
Silencio.
Hasta que vi algo rojo entre la tierra.
Me acerqué y escarbé con una pata.
—¿Qué encontraste? —preguntó Kusi.
Apartó un poco de tierra y apareció un fragmento de cerámica.
Era pequeño, pero tenía dibujos.
Líneas negras.
Una franja clara.
Y una figura que parecía una espiral.
Kusi abrió mucho los ojos.
—¡Es un fragmento arqueológico!
—Yo ya sabía —respondí.
—¿Desde cuándo?
—Desde que lo encontré.
Kusi sonrió.
—Eso no significa que supieras qué era.
No me gustó que tuviera razón.
Ella observó el fragmento con cuidado.
—Mira este dibujo.

La espiral se parecía a una señal.
De pronto sentí otra vez aquel murmullo.
No es la vasija.
Me quedé mirando a Kusi.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—La piedra dijo que no es la vasija.
Kusi me miró en silencio.
—Menelik...
—¿Sí?
—Las piedras no hablan.
Antes de que pudiera contestar, escuchamos un ruido detrás de nosotros.
Crac.
Nos giramos.
No había nadie.
Solo un sendero estrecho entre las piedras.
Kusi guardó el fragmento en su libreta.
—Será mejor que volvamos.
Yo miré el sendero.
Algo me decía que debíamos seguirlo.
Y cuando una piedra te cuenta un secreto, ignorarla puede ser el peor error.
CAPÍTULO 3
EL CAMINO QUE NO APARECÍA EN LOS MAPAS
Regresamos al día siguiente.
Kusi había llevado agua, comida, su libreta y una copia de un mapa.
Yo llevaba exactamente lo mismo que el día anterior.
Hambre.
—Según el mapa, por aquí no hay ningún camino —dijo Kusi.
Yo miré hacia adelante.
Había un camino.
Era estrecho y estaba cubierto de tierra y pequeñas piedras.


—Pues el mapa está equivocado.
—O tú estás viendo cosas.
—Yo nunca me equivoco.
Kusi levantó una ceja.
—Ayer confundiste una sombra con una alpaca.
—Era una alpaca muy oscura.
Seguimos caminando.
El camino subía entre antiguas estructuras.
Pasamos junto a muros de piedra, pequeñas plataformas y restos de antiguos espacios habitacionales.
Mientras avanzábamos, Kusi escribía.
—Pillo tiene muchas zonas diferentes —dijo—. Viviendas, caminos, andenes...
—Y secretos.
—Eso todavía no lo sabemos.
Llegamos a una bifurcación.
Un camino continuaba hacia arriba.
El otro descendía.
Entonces escuché nuevamente la voz.
Abajo.
Elegí el camino que descendía.
Kusi me siguió.
—¿Estás seguro?
No.
Pero no quería admitirlo.
Unos minutos después encontramos
una piedra tallada.
Tenía la misma espiral de la cerámica.
Kusi dejó de caminar.
—Menelik...
La miré.
—Creo que encontramos algo.
Y por primera vez, ella también pareció creer que las piedras podían estar guiándonos.

CAPÍTULO 4
EL SECRETO DEL PUQUIO
El camino terminaba cerca de unas rocas.
Detrás había un pequeño espacio húmedo.
Kusi se acercó.
—¿Agua?
Yo también lo vi.
Entre las piedras aparecía un pequeño hilo de agua.
Un puquio.
El sonido era suave.
Pero para mí sonaba como una conversación.
Aquí empieza el camino.
Kusi se agachó.
—El agua pudo haber sido muy importante para quienes vivieron aquí.
Recordé las historias que había escuchado sobre Pillo.
Los antiguos habitantes necesitaban aprovechar cuidadosamente el agua para vivir y cultivar.
Los canales y las andenerías no estaban separados del paisaje.
Formaban parte de él.
—Mira —dijo Kusi.
Había unas piedras alineadas cerca del agua.
Seguían una dirección.
Las seguimos.
El canal desaparecía debajo de la tierra.
Kusi se sorprendió.
—¿Adónde irá?
Entonces escuchamos un ruido.
Esta vez no fue una piedra.
Fue un golpe.
¡Toc!
Kusi se puso de pie.
—¿Hay alguien?


Nadie respondió.
Nos escondimos detrás de una roca.
Después apareció un hombre.
Llevaba una mochila y observaba las estructuras.
Kusi susurró:
—¿Quién es?
No lo sabía.
Pero algo me preocupó.
El hombre caminó directamente hacia el lugar donde habíamos encontrado el fragmento.
Y comenzó a buscar.
CAPÍTULO 5
UNA PUERTA DEBAJO DE LA TIERRA
Esperamos hasta que el hombre se marchó.
Kusi respiró aliviada.
—Tenemos que irnos.
Pero yo miraba el suelo.
Había algo extraño.
La tierra junto al canal estaba removida.
Kusi lo notó.
—¿Qué estás pensando?
Con una pata aparté un poco de tierra.
Apareció una piedra plana.
Después otra.
Entre ambas había un espacio.
—Menelik, espera.
Kusi quitó cuidadosamente la tierra.
Debajo apareció una pequeña abertura.
No era una cueva natural.
Parecía una entrada construida.
Nos quedamos callados.

—No podemos entrar —dijo Kusi.
Yo la miré.
—Sí podemos.
—Eso no significa que debamos.
Tenía razón.
Pero antes de que pudiéramos decidir, escuchamos nuevamente aquella voz.
Esta vez fue clara.
No busquen oro.
Kusi palideció.
—Tú también lo escuchaste, ¿verdad?
Asentí.
—Sí.
La abertura parecía llamarnos.
Entramos.
El espacio era pequeño y oscuro.
Kusi encendió su linterna.
Las paredes estaban hechas de piedra.
Al fondo había una estructura circular.
Y sobre ella...
una vasija.
CAPÍTULO 6
LO QUE ENCONTRAMOS ALLÍ DENTRO
La vasija estaba cubierta de polvo.
Tenía un diseño rojo, negro y claro.
Kusi se acercó lentamente.
—No la toques.
Me senté.
Por una vez, hice caso.
Ella observó la pieza.
—Parece relacionada con las cerámicas de Churajón.


En un lado había una figura.
No era una espiral.
Era un pequeño torito.
Me quedé paralizado.
—¿Por qué hay un toro?
Kusi no respondió.
Entonces entendí algo.
La figura no estaba allí para representar a un animal cualquiera.
Parecía estar mirando hacia una dirección.
Kusi siguió la mirada del torito.
En la pared había una abertura.
Nos acercamos.
Detrás había otra cámara.
Pero estaba vacía.
Solo había una piedra con una inscripción muy sencilla.
Kusi limpió la superficie.
Había varias marcas.
No eran letras como las nuestras.
Sin embargo, debajo alguien había dejado algo más reciente.
Una frase escrita con carbón:
«Lo que está escondido no siempre debe ser encontrado.»
Kusi me miró.
—Esto ya no es una historia antigua.
Entonces escuchamos pasos.
Alguien estaba entrando.
CAPÍTULO 7
LA MENTIRA DE LA VASIJA
La luz de una linterna apareció en la entrada.
Kusi apagó la nuestra.
Nos escondimos detrás de la estructura.
El hombre regresó.
Era el mismo.
Entró y se acercó a la vasija.
—Por fin —murmuró.
Sacó una bolsa.
Kusi me sujetó para que no hiciera ruido.
El hombre tomó la pieza.
Entonces vi algo.
La vasija tenía una grieta.
Pero el hombre no parecía sorprendido.
La levantó y la golpeó suavemente.
Tac.
Una parte se desprendió.
Kusi abrió los ojos.
La vasija era falsa.
El hombre había llevado una réplica.
La verdadera debía estar en otro lugar.
El hombre sonrió.
—Todos miran la vasija —dijo—. Nadie mira el camino.
Se marchó.
Cuando estuvimos seguros de que se había ido, Kusi salió.
—Nos engañaron.
Yo miré la pared.
El torito de la cerámica apuntaba hacia una dirección.
—No.
Kusi me miró.
—¿Qué?
—Él dijo que nadie mira el camino.
Salimos de la cámara.
Y seguimos la dirección señalada por el torito.
El camino nos llevó hasta una parte alta de Pillo.

Desde allí podían verse los antiguos espacios agrícolas.
Andenes.
Laderas.
Caminos.
Y el valle.
Kusi se quedó observando.
—Quizá nunca se trató de encontrar una vasija.
Yo sonreí.
—Te lo dije.
—No dijiste nada.
—Pero lo pensé.
CAPÍTULO 8
LA NOCHE DE LOS CAMINOS
El cielo comenzó a oscurecerse.
—Tenemos que regresar —dijo Kusi.
Pero una lluvia inesperada empezó a caer.
El suelo se volvió resbaladizo.
El agua comenzó a bajar por las pendientes.
Recordé los antiguos caminos.
Recordé los canales.
Recordé los andenes.
—¡Por aquí!
Kusi me siguió.
Encontramos una antigua vía de circulación.
El agua seguía un pequeño desnivel entre las piedras.
Comprendí que el paisaje tenía una lógica.
Nada estaba completamente al azar.
Los antiguos habitantes habían tenido que aprender a vivir con un territorio seco, con pendientes y con agua limitada.
Mientras avanzábamos, vimos una sombra.

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