Basado en las fábulas de Jean de La Fontaine.
Autora: Ana Belén Ruiz Arenas.
Ilustración portada y escena final: Pau López Ruiz

EL LEÓN Y EL RATÓN
Después de un largo día de caza, un león dormía debajo de un árbol. Unos ratones salieron a jugar y uno de ellos, el más travieso, tuvo la ocurrencia de esconderse entre su melena con tan mala suerte que lo despertó. El león, muy malhumorado por ver su siesta interrumpida, atrapó al ratón entre sus garras y le dijo dando un rugido:

-Cómo te atreves a perturbar mi sueño, insignificante ratón? ¡Voy a comerte para que aprendas la lección!-
El ratón le dijo temblando:
-Por favor no me comas. No quería molestarte. Si me dejas vivir te estaré eternamente agradecido. Déjame marchar, puede que algún día me necesites.
-¡Ja, ja, ja!-se rió el león mirándole-. Un ser tan diminuto como tú, ¿de qué forma va a ayudarme? ¡No me hagas reír!
Pero el ratón insistió una y otra vez, hasta que el león, conmovido por su tamaño y su valentía, le dejó marchar.
Unos días después el ratón paseaba por el bosque y escuchó unos terribles rugidos.

No te preocupes, yo te salvaré.
Rápidamente, el ratón corrió hacía donde provenía el sonido y encontró allí al león atrapado en una robusta red.
El ratón, decidido a pagar su deuda, le dijo:
¿C´omo? si eres muy pequeño.
El ratón empezó a roer la cuerda de la red y el león se salvó.
El ratón le dijo:
-Días atrás te reíste de mí, pensabas que nunca podría ayudarte. Ahora ya sabes que los ratones somos agradecidos y cumplimos
nuestras
promesas.
El león no tuvo palabras para agradecerle tal gesto al ratón. A partir de ese día se hicieron muy amigos para siempre.
MORALEJA:No debemos subestimar a los demás.
la liebre y la tortuga
Vivía en el bosque una liebre muy orgullosa y vanidosa que no cesaba de pregonar lo veloz que era y se reía siempre de la lenta tortuga:
-¡En tortuga, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu meta!, ja, ja.
Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una apuesta a la liebre:


¿A mí? preguntó asombrada la liebre. Ja, ja, ja...acepto la apuesta.
Apuesto a que puedo ganarte en una carrera.
Todos los animales del bosque se reunieron para presenciar la carrera y, sin más preámbulos, la carrera comenzó en medio de la incredulidad de los asistentes.
Vanidosa y confiada, la liebre dejó mucha ventaja a
la tortuga y se quedó
allí, en la salida, burlándose de ella. Luego, empezó a correr velozmente y pronto la sobrepasó. La tortuga caminaba despacio pero sin parar.
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