
Dedicado a mi madre por ayudarme...
en todo lo que necesito.

Hace diez años aproximadamente, a un niño llamado Juan, le pasó una historia increíble. Juan solo tenía 12 años cuando le ocurrió, y fue mientras se divertía con sus amigos.
Juan era un chico muy normal, solo destacaba por su increíble tez morena, le gustaba mucho hacer amigos, pero sobre todo le encantaba montarse en su monopatín y hacer piruetas. También le gustaba hacer parkour saltando de un lado a otro y decir adivinanzas, porque desde pequeño, su madre le planteaba acertijos muy difíciles que tenía que resolver.
No tenía padre, porque su madre decidió ser madre soltera y se hizo una fecundación in vitro, por eso, todo el mundo se reía de él. Aunque su madre tenía pareja que se llamaba José, Juan siempre se enfadaba por no tener padre porque José le caía mal al no ayudarlo en nada ni con nada.
Ese día, estaba jugando con sus amigos con el monopatín, mientras se comía unas

manzanas que había cogido para merendar, cuando de repente tropezó y cayó al suelo al realizar una de sus piruetas. Sus amigos estaban muy preocupados al observar que el cuerpo de Juan, que estaba tirado en el suelo, poco a poco se iba desvaneciendo. Cuando Juan despertó, vio a un mini diablillo, con alas y ojos muy grandes con los que podía ver cosas que Juan no podía. Juan sintió que era bastante amigable. Estaba saltando encima de su tripa comiéndose la manzana que Juan guardaba en su bolsillo. El diablillo se dio cuenta de que Juan ya había despertado y empezó a interrogarlo.
-Hola niño, ¿cómo te llamas?, ¿eres de aquí?
Juan sorprendido, respondió a todo lo que le preguntaba.

-Hola diablillo, me llamo Juan, tuve un pequeño accidente con mi monopatín y al caer me di un golpe fuerte en la cabeza, y por lo que se ve debí perder el conocimiento, ya que cuando he despertado ya estaba aquí. Creo que estoy soñando.
-No, no es un sueño, esto es real.
-Si es real, tú debes de ser de aquí, entonces ¿Sabes cómo puedo volver a mi casa?
-Primero un poco de educación ¿no? –dijo el diablillo– Me llamo Ryuk, y sí, sí sé cómo puedes volver a tu casa.
Juan entusiasmado le preguntó.
-Entonces ¡Voy a poder salir de aquí! ¿Va a ser fácil?
-Sí que podrás salir de aquí, pero no es tan fácil; para poder volver a tu casa, tendrás que atravesar cuatro puertas. En cada puerta tendrás que superar una prueba. Tras la primera puerta, encontrarás a un guerrero gigante de madera e inmune al fuego, al que debes vencer, es muy rápido y agresivo. Cuando abras la segunda puerta encontrarás un foso lleno de escorpiones venenosos; tendrás que ingeniártelas para poder evitarlo sin que te pique ninguno. Al atravesar la tercera puerta, te encontrarás un pasillo larguísimo repleto de trampas invisibles, incluyendo la puerta que también
es invisible, nuevamente tendrás que utilizar tu ingenio para llegar al final ileso. Y detrás de la cuarta y última puerta deberás enfrentarte al ser más terrible, serio y fuerte que puedes encontrar, tendrás que destruirlo pero ¡además no se puede derrotar en pelea!. También dispones de un comodín, que lo podrás utilizar si no puedes pasar alguna de las puertas, ese comodín se encuentra en todas las salas, en cada una en un lugar distinto, solo te diré que tiene forma esférica. Intenta no usarlo al principio porque si no ya no dispondrás de ninguna ayuda y se te puede hacer muy cuesta arriba, ya que estarás sometido a mucha tensión hasta el final.
Juan estuvo un buen rato pensando cómo conseguir pasar por todas las puertas sin morir en el intento, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo, entonces murmuró.
-Si me ayudas con algunas cosas y me indicas dónde está la puerta, te daré las manzanas que tengo, incluso te puedes venir conmigo a mi casa.
El diablillo parecía dudar porque no debía ayudar a un desconocido, pero ¡le
encantaban las manzanas!
-Vale, yo te voy a acompañar y voy a ayudarte a encontrar las puertas, pero no me voy a ir de este lugar.
Los dos emprendieron el camino hacia la primera puerta. Cuando llegaron, la puerta estaba rodeada por una valla de madera que ardía sin cesar y no llegaba a consumirse. Juan estaba asustado, imaginando el enorme tamaño y las cualidades que le había descrito Ryuk del gigante de madera, pero cuando entraron por la puerta no vieron a nadie. Al cabo de un rato, apareció un elfo con un cubo de lava en la mano.

-¡Quien osa interrumpirme en mi ducha de lava! –chilló el elfo.
Al instante, el elfo se tiró el cubo de lava por encima de su cabeza y empezó a crecer.
-Si actuáis con fuerza se os responderá con fuerza, pensad muy bien lo que vais a
hacer, porque a lo mejor no salís con vida ninguno de los dos.
Juan se sentó en una roca que había al lado suyo y empezó a pensar y a pensar, y cinco minutos más tarde tuvo una idea.
-Ryuk, ¿qué tal si pasamos sin decirle nada? Sin provocarle pasamos sin más. –Ryuk negó con la cabeza.
-No lo hagas, porque si no... Irá corriendo para alcanzarte y te intentará matar, creo que es muy mala idea.
Entonces a Ryuk se le ocurrió algo.
-¿Y si le pedimos amablemente que nos deje pasar, pidiéndoselo simplemente por favor?
-Vale. –respondió Juan– Gigante, ¿nos puedes dejar pasar por favor?
El gigante se sorprendió, porque nunca le habían pedido las cosas por favor, nunca le habían tratado con amabilidad, siempre había tenido que pelear.

-Claro que sí, si me lo pedís así, por supuesto que os dejo pasar.
Los dos se quedaron alucinados, al darse cuenta de que la llave para abrir ese
-Este es el segundo acceso, el de los escorpiones. –dijo Juan atemorizado.
Los dos entraron por la puerta y vieron una cueva y dentro un foso lleno de pequeños escorpiones rojos, eran muy venenosos y amenazaban con atacar y picar con a su aguijón a cualquier persona que se acercara.
-Juan, creo que en esto es en lo que tienes que usar el comodín.
-No, creo que se cómo pasar hasta la siguiente entrada.
Juan se puso a escalar por la pared intentando pasar por encima de los escorpiones consiguiendo que ninguno le picara, pero de repente una roca se desprendió de la pared y
portón, era simplemente ser amables y pedir las cosas por favor. El gigante les dejó pasar hasta el siguiente acceso, que estaba rodeado con aguijones de escorpiones.
Juan se quedó colgando, sólo estaba agarrado con la punta de los dedos de su mano derecha a una grieta que había en la pared.
-¡Ryuk, ayúdame! ¡Estoy a punto de caer dentro del foso, estoy resbalándome!
Ryuk recordó que tenía alas e intentó volar. Hacía mucho que no lo volaba y por eso cayó varias veces al suelo, pero cuando vio que Juan se estaba resbalando y no podía resistir mucho más, algo dentro de él hizo que reuniera todas sus fuerzas y que volara como si nunca hubiera hecho otra cosa, y salió disparado a por su amigo, sujetando su mano en el último momento.
-¿Estás bien? –preguntó alegre
-Si muchas gracias –respondió exhausto–, casi me caigo al foso, muchisimas gracias Ryuk, me has salvado la vida.
Cuando llegaron al otro lado del foso se encontraron en un lugar en el que a primera vista parecía que no hubiera nada, recordó que el postigo era invisible y tras
ella le esperaban trampas que también lo eran, toda persona u objeto que entrara allí se volvía invisible hasta salir nuevamente, entonces la abrieron, y Juan no vio nada.
Juan y Ryuk se volvieron invisibles nada más pasar la puerta y Juan empezó a gritar.
-Ryuk, Ryuk, donde estas, no te veo
-Estoy aquí Juan, esta prueba, tiene la complicación de que todo es invisible e incluso tú y yo, lo que quiere decir que debes tener mucho cuidado por donde pisas porque puede que hayan múltiples trampas que no veamos.
Entonces Juan empezó a correr y Ryuk lo persiguió
-¡Juan! –le gritó– ¡No sé por qué extraña razón, aunque yo
también soy invisible puedo verte y también todo lo que nos rodea!
Juan paró en seco y se dio la vuelta.
-¡No te pares ahí que hay una cuchilla encima de ti!

-Ryuk, ¿puedes entonces ayudarme con tu visión?
-Si –respondió– Pero no podré ayudarte más en la aventura de regreso a tu casa.
-Vale, confío en ti, por favor, guíame para que pueda esquivar todo aquello que pueda matarme y también evitar el poder caerme.
Dicho y hecho. Los dos juntos cruzaron la sala con las trampas, pero Juan se percató que no había ninguna puerta.
-¿Dónde está la puerta Ryuk?
-No la veo deja que investigue mas.
-¿Qué pasa Ryuk? ¿Estás bien?
-Sí, solo que no me acordaba que
tenemos que pasar un laberinto antes
de llegar al último acceso.
Los dos entraron al laberinto y consiguieron salir después de un rato.

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