Recuerdo que cuando era niño me gustaba mucho visitar a mis abuelos que vivían en el campo. Allí tenía libertad para hacer lo que yo quisiera, claro era el más minado de todos los nietos, y por eso me gané los celos no sólo de mi hermana sino también el de mis primos. Pero no creo haber hecho nada para ser el preferido.

En una de mis visitas mi abuelo me contó que unos años antes, detrás de su casa pasaba un tren de carga, y cada vez que lo hacía las paredes parecían temblar y toda la vajilla de mi abuela, ¡Pum!, Al piso.
Ese día Susi, mi hermana; Juan Pablo, Josesito y Carlitos, mis primos, se olvidaron de que yo era el más mimado de mis abuelos, y todos juntos nos sentamos, haciendo una rueda en medio del patio, para escuchar la historia del famoso carguero que Antonio, mi abuelito recordaba muy bien.
Nosotros ni pestañábamos, mientras él seguía con su relato El famoso tren solía ir cargado de unas gigantes, jugosas y muy rojas sandías; y recordaba además que en la última cosecha de cada año, José, el maquinista, le regalaba una a todos los hombres que trabajaban en una mina de carbón que se encontraba a pocos kilómetros de la casa de mi abuelo.
Y cuando los ojos lograron descubrir con cuánta alegría los mineros recibían el fruto, decidió armar detrás de la casa su propio sembrado de sandías; las que llegaron a ser las más grandes y sabrosas de todo el lugar. Recordaba que cuando las abría sangraban el jugo más fresco y sabroso que jamás habían probado. Y desde entonces se convirtió en el proveedor de los mineros.
Mi hermana, primos y yo mirábamos hacia los cerros que rodeaban la vieja casa y podíamos imaginar las vías por donde pasaban todos los días los vagones del tren de carga, tirados por una antigua y ruidosa máquina, y hasta podíamos sentir cómo que el suelo donde estábamos sentados se sacudía.
Pero hoy el tren ni las vías, existen. Pero sí mi abuelito.
Nosotros queríamos que nos siguiera contando más de esa historia; de José, los mineros y las sandías. Y como siempre, el mimado, es decir yo, le pedí que lo hiciera.
Entonces, para darme con el gusto, nos contó que José, el maquinista dejó en esas tierras y minas a muchos amigos, como así también, varios ahijados. Recuerda como si fuera hoy que los ojos de cada uno de los hijos de los mineros se agrandaban y achicaban constantemente buscando al final de la mirada la aparición de ese famoso tren de carga.
Y mi abuelo nos decía cómo se ponía de "Bravo", se enojaba muchísimo cuando esos muchachitos se metían a buscar sandías en su quinta. Y lo que más gracia nos daba era cuando nos comentaba, con cierta picardía, que los corría con un palo, con una escoba, con lo que encontraba más a mano.

Pero a los chiquillos esto les causaba gracia y seguían armando el siguiente plan para llevarse las jugosas sandías de mi abuelito, Quien recuerda que un día el maquinista no alcanzó a ver nada.
- Full access to our public library
- Save favorite books
- Interact with authors
El misterio nunca resuelto

Todos los derechos reservados por el autor

- < BEGINNING
- END >
-
DOWNLOAD
-
LIKE
-
COMMENT()
-
SHARE
-
SAVE
-
BUY THIS BOOK
(from $5.99+) -
BUY THIS BOOK
(from $5.99+) - DOWNLOAD
- LIKE
- COMMENT ()
- SHARE
- SAVE
- Report
-
BUY
-
LIKE
-
COMMENT()
-
SHARE
- Excessive Violence
- Harassment
- Offensive Pictures
- Spelling & Grammar Errors
- Unfinished
- Other Problem

COMMENTS
Click 'X' to report any negative comments. Thanks!