"La naturaleza es un espectáculo que se desarrolla frente al hombre "
-Aristóteles

Habia una vez un niño de nueve años, de nombre Yuri. Un día de junío llegó con sus padres a Otranto, en una localidad de mar llamada “La Playa Oro”, donde tenían planeado pasar todas las vacaciones de verano. Para Yuri se preveían unos meses de puro aburrimiento: en efecto él era el único niño del lido. Por esta razón pasó los primeros días de sus vacaciones jugando solo en la orilla de la playa y búscando las conchas marinas más extrañas y particulares para su colección.


Aquella mañana se percibía algo diferente en el aire: hacía mucho calor, el sol brillaba como el oro, el mar y el cielo parecían unirse en la distancía, como si invitaran a Yuri a nadar hasta el infinito y más allá.
Estaba sentado en la arena cuando de repente las olas le llevaron a avistar una concha marina muy diferente, nunca antes había visto una así: era de color violeta, pero con la luz del sol cambiaba. Muy atraído por esta, decidió llevársela consigo para tratar de abrirla y descubrir lo que ese magnífico regalo de la naturaleza escondía.
Esa tarde intentó en todos los modos posibles abrirla, ¡Hasta cogió un martillo!, pero nada resultaba funcionar, la concha marina parecía imprenetrable.

Frustrado por la mala suerte, no quiso cenar; Yuri se dirigió al único lugar donde encontraba siempre la calma: el mar. La luna llena, desde el cielo, le hacía compañia. “Será mejor que la dejer ir” pensó el niño, “No vale la pena perder tantas energías por solo un capricho”

Yuri puso la concha marina a la orilla del mar y tan pronto como ésta tocó el agua del mar, unos rayos de luz iluminaron toda la playa vacía y unas piedras parecían llegar de ese objeto que ya no se podía definir como una normal “concha marina”.
Yuri no podía creer lo que estaba viendo, para la edad que tenía se consideraba un niño “grande” con lo cúal no podía permitirse pensar que todo eso fuese una magia, había ya superado esa etapa de su vida. Pero no obstante, no encontraba otra explicación. Por un momento todo volvió a la normalidad, él tuvo el tiempo suficiente para pensar lo que acababa de ocurrir...
La concha ya no estaba en la arena pero en su lugar había un anillo reluciente; Yuri muy intrigado lo agarró en sus manos y se lo puso automáticamente en el dedo: desde aquel momento todos los instantes vividos esa manaña le pasaron por delante como flashes, imágenes rápidas, veloces!, el mundo comenzó a rodearle y de repente Yuri ya no era más un niño:
¡Se había convertido en un caballito de mar! En ese momento lo único en lo que Yuri pensaba eran sus padres, se iban a preocupar muchísimo por él; y también pensaba en como iba a salir de esa situación, ¡A cómo volver a ser un humano!
Mientras no le viniera una idea, comenzó a conocer mejor su nuevo cuerpo, y a nadar admirando lo que muchas personas no tienen la suerte de poder admirar, en búsqueda de una posible solución. Todo a su alrededor parecía tan tranquilo, tan limpio, tan organizado, que el niño... bueno, Yuri el caballito de mar, comenzó a pensar que el mundo marítimo y el océano fuese mejor de lo que había en la superficie. En poco tiempo Yuri pudo ver que había mucho más respeto por la comunidad, los peces se ayudaban los unos a los otros y parecían encarnar valores que el no veía en los humanos. Tuvo modo de reflexionar en como poder mejorar su mundo para hacerlo lo más parecido posible a ese submarino.
- Full access to our public library
- Save favorite books
- Interact with authors

- < BEGINNING
- END >
-
DOWNLOAD
-
LIKE(1)
-
COMMENT()
-
SHARE
-
SAVE
-
BUY THIS BOOK
(from $3.59+) -
BUY THIS BOOK
(from $3.59+) - DOWNLOAD
- LIKE (1)
- COMMENT ()
- SHARE
- SAVE
- Report
-
BUY
-
LIKE(1)
-
COMMENT()
-
SHARE
- Excessive Violence
- Harassment
- Offensive Pictures
- Spelling & Grammar Errors
- Unfinished
- Other Problem

COMMENTS
Click 'X' to report any negative comments. Thanks!