

Érase una vez un duende que se perdió camino del Polo Norte, mientras ayudaba a Papá Noel a repartir los regalos por todo el mundo. Unos días antes de Navidad, buscando su camino de regreso a casa, aterrizó en el sur de España.
El duende llegó a la ciudad de Sevilla y, aunque era un lugar desconocido para él, se sintió como en casa. El primer sitio que visitó fue el centro de la ciudad, la Avenida de la Constitución. Allí pudo ver el espíritu de la Navidad en las luces que decoraban todas las calles, en los portales de belén de las iglesias, en los centros comerciales y plazas de este bello lugar.

Justo cuando se disponía a salir del centro de la ciudad se dio cuenta de que había perdido su saco. No sabía dónde lo había dejado. Lo buscó en las Setas, en la Torre del Oro, y en la Catedral. Estaba tan triste que decidió sentarse un rato para comerse unos churros con chocolate en una cafetería de la Puerta Jerez. Se acordó de dónde había dejado su bolsa. Era en la Giralda. Se alegró de volver a ver esta torre porque cuando volvió era de noche y se encontraba iluminada.

El duende siguió andando por la ciudad, y vio mucho humo. Se acercó y preguntó a un chico de dónde venía. Respondió que no había peligro, que se trataba de castañas asadas que son típicas de otoño e invierno. El chico invitó al duende a un cartucho de castañas calentitas. -Ten cuidado que queman mucho-, le dijo el chico. Tienes que pelarlas antes para poder comértelas.

El chico, que se llamaba Antonio, le invitó a su casa y el duende aceptó encantado. Cuando llegó, lo primero que le llamó la atención fue un portal de belén. que siempre montaban en el puente de la Inmaculada. Lo tenían colocado en el salón de su casa. Su madre le ofreció unos mantecados, dulces de Navidad hechos con manteca, harina, almendra molida y azúcar, típicos en España para estas fiestas.

La madre de Antonio le contó que en España los regalos no los trae Papá Noel, sino los Reyes Magos el día 5 de enero por la noche. Mientras los Reyes reparten los regalos, hay una cabalgata por las calles del centro con muchísimas carrozas.
Al día siguiente los niños españoles se levantan temprano para abrir sus regalos. Los que han sido malos reciben carbón, pero no es carbón de verdad, es de azúcar.
Antonio le contó al duende que en el Ayuntamiento hay un espectáculo donde se muestran imágenes de estos Reyes Magos.
En

El duende dejó la casa de Antonio sitiéndose bastante triste. Un sentimiento de nostalgia de su hogar le invadió por dentro. Decidió preguntar dónde estaba el aeropuerto. Encontró a una joven que le dejó un mapa de la ciudad. Nuestro elfo planeaba ya su próxima parada ... Italia. Mientras se alejaba del centro escucho a un grupo de amigos cartar unos villancicos en el arco de la Macarena.

Era una noche de niebla cuando el duende llegó al norte de Italia, a la ciudad de Cremona. Un frío viento corría por las calles. El duende vio una luz a lo lejos y como era muy curioso se dirigió hacia allí. Vio a un a un vagabundo con la nariz colorada que llevaba un candil. Vio también a una chica con un velo que cubría su rostro con un burro que llevaba un gran saco a su lomo. Le preguntó quién era a la niña y respondió que era Lucía y que su amigo era Gastaldo, su ayudante.

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