Elizabeth Pérez
Patricia Fernández
Beatriz García
Pilar Rodríguez
Marta Cambronero
Sofía Urbano

Había una vez, en un lugar muy muy lejano llamado Reino de los Estereotipos, vivía una humilde aldeana llamada Blancanieves.
Blancanieves estaba un poco cansada de tantas normas y de su trabajo de repostera, así que un día decide ir a dar un paseo para buscar nuevos ingredientes para las recetas.

Al llegar al bosque, Blancanieves se asustó un poco ya que era un paisaje oscuro, lleno de sombras y muy muy terrorífico, pero Blancanieves, había oído de sus compañeras reposteras que allí, las frutas eran mágicas y por eso las tartas salían riquísimas, por eso decidió seguir caminando.

Caminando y caminando, Blancanieves encontró un claro precioso, donde el sol brillaba, los pajaritos cantaban y había muchos animales que parecían muy felices.
Blancanieves estaba sorprendida, porque nunca había visto tan bonito y alegre en todo el reino.
Rápidamente encontró un montón de plantas y empezó a cogerlas sin pensarlo dos veces.

- ¡Hey tú! ¡Así no se cogen las frutas! - Blancanieves se dio la vuelta asustada y no vio nada. - ¡estoy aquí abajo! - Blancanieves miró hacia abajo y se encontró una persona muy pequeña, era una enanita.
- Ay lo siento, no te había visto. Me llamo Blancanieves, soy repostera y me habían dicho que aquí las frutas son mágicas y salen unas tartas riquísimas. – respondió Blancanieves.
- Encantada Blancanieves, Yo me llamo Flora, es verdad que las frutas son mágicas, pero si las arrancas dejarán de crecer y de ellas saldrán Troles que destruyen el bosque, si necesitas frutas te puedo enseñar a cogerlas sin arrancarlas.
- ¿De verdad me ayudarías?


Flora le explicó como coger las frutas sin arrancar la planta. Blancanieves estaba impresionada con la amabilidad de Flora, ya que en su aldea nadie era tan amable y nunca le habían tratado tan bien y menos después de hacer las cosas mal.
Blancanieves y Flora estuvieron todo el día recolectando frutas para sus recetas. Se hicieron muy buenas amigas. Blancanieves se enteró que estaba en el bosque de la igualdad, donde había criaturas de todo los tipos, tamaños, colores y familias, y que allí todo el mundo era amable y siempre brillaba el sol.


Después de toda la tarde hablando, Flora le dijo a Blancanieves que si le podía ayudar en la construcción de una nueva casa.
- ¡Claro que sí!, Tú me has ayudado a recoger las frutas y ahora es justo que te ayude a ti también. ¿Qué hay que hacer? – Dijo Blanca nieves
- ¡sígueme! Vamos a buscar los materiales a la mina de mis hermanos. – le respondió Flora.


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