
Una día, en plena selva cretácica, el gran Tyrannosaurus Rex decidió organizar un gran concurso en el que podían participar todos los dinosaurios que quisieran.
El Tyrannosaurus Rex era muy grande y tenía una boca enorme llena de colmillos pero tenía unos brazos muy cortitos y no podía cortar madera de los árboles para hacerse una casa en la que vivir.
A veces se sentía un poco triste porque aunque sus rugidos daban miedo y podía correr muy rápido, no era capaz de coger casi nada con sus pequeñas garras delanteras.
Como era muy orgulloso, no quiso pedir ayuda a ninguno de sus amigos dinosaurios así que pensó en hacer un concurso: el dinosaurio que más madera le llevara, tendría como premio una casa igual que la suya y con todo lo que quisiera.
El Tyrannosaurus Rex esperaba que todos los dinosaurios se esforzaran mucho ya que el premio que podían conseguir era realmente bueno.

Los dinosaurios se pusieron muy contentos, ¡todos querían vivir en una casa! Muchos de ellos vivían en cuevas o en agujeros que hacían en el suelo así que se esforzaron mucho para poder ganar el concurso del Tyrannosaurus Rex. Rápidamente todos fueron al bosque para conseguir madera.
Además, los dinosaurios estaban un poco aburridos así que les alegró mucho poder participar en ese concurso que además, les parecía muy fácil. ¡Sólo había que coger madera!
Los pequeños Velociraptor fueron los primeros en llegar porque corrían muy rápido pero los grandes diplodocus podían coger ramas altas gracias a sus largos cuellos. Cada dinosaurio tenía su punto fuerte para intentar ganar el concurso.
– ¿Nos ayudáis? – les dijeron los velociraptor, que solamente podían coger ramitas pequeñas del suelo.
– ¡Claro que sí! Podéis subir por nuestras largas colas – dijeron los diplodocus.
El Tyrannosaurus Rex estaba muy contento viendo trabajar a sus amigos dinosaurios: gracias a ellos, pronto tendría una casa en la que poder vivir y también una cama para dormir.

Los primeros dinosaurios empezaron a llevar la madera y la colocaban enfrente del Tyrannosaurus Rex haciendo montones y montones de leña. Todos estaban contentos, ¡había madera para hacer muchas casas!
El día estaba siendo muy divertido para todos los dinosaurios de la selva, ¡tenían ganas de saber quién iba a ser el ganador del concurso!
El Tyrannosaurus empezó a mirar los montones de madera que le habían traído los dinosaurios: algunos eran muy pequeños pero con muchas ramas pequeñas, otros muy grandes pero con pocas ramas grandes, así que era difícil saber qué dinosaurio había
conseguido más madera.
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Si sabemos trabajar en equipo, los resultados serán enriquecedores.
Todos/as aprenderemos.

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