A mis sobrinas, que sepan que pueden lograr todo lo que se propongan y se tienen la una a la otra para vencer cualquier obstáculo.

Había una vez, hace mucho, mucho tiempo, un hermoso reino al otro lado del mar...
Ahí vivía la Reina Lucrecia junto con sus tres hijas,
La princesa Euge, la princesa Emi y la más chiquita, la princesa Emma.














La princesa Euge era la mayor. Ella era fuerte y entrenaba todos los días con los soldados del reino. Le gustaba ayudar a proteger las tierras del castillo, a sus hermanas y a su madre, la reina.



A la princesa Emi le encantaba soñar despierta y volar con la imaginación. Lo suyo eran las artes, tocaba música, dibujaba y se divertía entreteniendo a los niños del reino con sus títeres.



La princesa Emma era la menor, no paraba nunca. Lo mismo jugaba en los jardines que en los pasillos del castillo y sus incontables habitaciones. Pero detrás de esa actividad sin fin había una gran inteligencia.
La reina Lucrecia estaba orgullosa
de sus hijas y eran muy felices en el reino.
Todos los súbditos las querían mucho.
















Un día, las princesas pidieron permiso a la reina de ir al bosque a buscar manzanas.
-Está bien- dijo la reina -pero no se alejen mucho del castillo y no salgan del sendero, puede ser muy peligroso.
-No te preocupes mamá, yo llevaré mi espada. Con ella protegeré a mis hermanas- le contestó la princesa Euge.






Después de un rato de andar, y sin darse cuenta, se fueron alejando cada vez más del castillo. Ellas no lo sabían pero una bruja malvada les seguía los pasos...













Mientras tanto, en el castillo, llegó corriendo uno de los soldados. -¡Su majestad!- gritó
-¿Qué pasa?-
-Acabamos de recibir noticias de que la bruja malvada anda por el bosque y no hemos podido encontrar a las princesas.
-¡Qué preocupación! y ahora ¿qué vamos a hacer?


El mago Osmár, un hombre sabio que daba consejos a la reina, se encontraba por ahí.
-Su majestad no debe preocuparse- le dijo -las princesas fueron bendecidas con poderes mágicos desde su nacimiento. Ellas van a estar bien.
-¿Pero qué dices? ellas no tienen ningún poder.
-Claro que lo tienen, su majestad, y ya pronto
llegará el tiempo de que lo vean.


Nadie sabía cómo se llamaba esa bruja, pero tan malvada era, que todos le decían la bruja Malicia y lo único que quería era adueñarse de los tesoros de la reina Lucrecia.
-Voy a mandar a mis dragones para que atrapen a las princesas y así quedarme con el reino- dijo la bruja mientras reía.





Cuando menos lo esperaban, los dragones rodearon a las princesas. Tenían garras afiladas y escupían fuego.
-¡Corran y escóndanse!- gritó la princesa Euge -yo me encargo de ellos.
Sus hermanas se refugiaron entre los arbustos y ella sacó su espada.
Sin saber de dónde vino, frente a ella apareció un oso.
-Princesa Euge, tu poder mágico es el del oso. Tendrás una gran fuerza y dominarás la espada como nadie lo ha hecho jamás- después de eso, desapareció.
La princesa atacó a los dragones y uno tras otro fueron cayendo, unos atravesados por su espada mientras otros quedaban sin cabeza.








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