Máster de Enseñanza de Español Como Lengua Extranjera, Uso de Nuevas Tecnologías
Noviembre, 2018

Había una vez una familia muy unida. Los padres y todos sus hijos vivían bajo el mismo techo en la ciudad de Guadalajara, Jalisco en México, pero poco a poco los hijos iban saliendo del hogar.
Leticia se casó y se fue a vivir en la Ciudad de México. Antonio fue contratado para trabajar en un banco en Monterrey.


Alicia llegó a ser gerente de un hotel en Puerto Vallarta, y Rodolfo recibió una beca para estudiar medicina en Estados Unidos, y ahora vive en California.


Un día el padre de la familia, Juan, pensó, «ay, cómo extraño a mis hijos. Cuánto quisiera verlos a todos reunidos otra vez.» La madre de la familia, Raquel, pensó igual.


Afortunadamente, así también pensó Rodolfo.

Sin decirles nada a sus padres, Rodolfo empezó a organizar una reunión familiar, no solamente con sus hermanos, sino también con sus parejas, es decir, el esposo de Leticia, que viene siendo su cuñado Ángel, y la esposa de Antonio, que es su cuñada Gabriela, el esposo de Alicia, que es su cuñado Rafael, y su propia novia Patricia.



Además de los adultos, vendrían también los sobrinos. Leticia y Ángel vendrían con sus hijos Claudia y Miguel, y Antonio y Gabriela con sus hijas Marta y Clara.




La familia de Leticia llegó manejando, y la familia de Antonio en autobús. Alicia y su esposo también llegaron en autobús, pero Rodolfo y su novia llegaron en avión.
Poco a poco empezaron a llegar las familias a la casa de Juan y Raquel, pero nadie reveló el secreto. Al llegar por último Rodolfo, desde California, los padres ya sospecharon de algo planeado, y Rodolfo les contó que había organizado a todos a venir para festejar la época navideña todos reunidos como familia.
Con doce personas adicionales en la casa, no había tanto espacio extra, pero todos se acomodaron en sus habitaciones anteriores, y afortunadamente la casa contaba con cuatro baños. Los hermanos estaban muy contentos por verse de nuevo. Los primos estaban encantados de jugar juntos, y los abuelos estaban llenos de alegría. «Qué buen regalo navideño» pensó Juan. «Qué bendición» pensó Raquel. «Qué alegría» pensaron todos.
Como muchas familias mexicanas, es muy importante honrar a la Virgen de Guadalupe, así que muy temprano (a las cinco de la mañana) el 12 de diciembre todos llegaron a la capilla de la colonia, con cantos y rezos, y cada uno con una hermosa rosa.

Cantaron «Desde el cielo una hermosa mañana, desde el cielo una hermosa mañana. La Guadalupana, la Guadalupana, la Guadalupana bajó al Tepeyac.» En el canto relatan el evento en que Nuestra Señora de Guadalupe apareció al indígena Juan Diego, y cómo su imagen quedó plasmada milagrosamente en su tilma.
Después de misa, todos volvieron a casa para disfrutar de una taza de chocolate caliente, que por casualidad tiene sus orígenes también en México, y los mayas usaban el cacao como monedas.


Unos cuantos días después, el 16 de diciembre, empezarían las posadas, en que los participantes recuerdan y recrean la noche en que José y María llegaron a Belén y pidieron posada, pero no había dónde pasar la noche. Al llegar a una casa, cantan así. «En nombre del cielo, os pido posada, pues no puede andar, mi esposa amada».
Piden posada en varias casas y al final, hay una sorpresa. La última familia de la noche sí, recibe a los participantes, y cantan «Entren santos peregrinos, peregrinos, reciban este rincón.»

Esta tradición es un novenario (nueve noches antes de Navidad), y cada noche tiene un anfitrión diferente. Rodolfo y sus hermanos se programaron para ser los anfitriones para la tercera noche. Tuvieron que preparar todo con mucha anticipación. Afortunadamente, todos ayudaron.
Primero necesitaban comprar los ingredientes del tradicional ponche de frutas navideño mexicano. Necesitaban agua, canela, azúcar, jugos de frutas, jamaica, tamarindo, guayaba, caña, tejocotes, manzana picadita, naranja, y pasitas de uva.


Patricia y Gabriela llegaron al mercado San Juan de Dios para buscar todos los ingredientes, y al llegar a casa, Rodolfo y Antonio ayudaron a preparar el ponche.

También necesitaban los ingredientes para el champurrado, que son agua, leche, canela, chocolate abuelita, piloncillo, y harina de maíz. Entonces, Leticia y Alicia compraron todo del supermercado, junto con la masa de maíz, los hojas secas de maíz, la carne de puerco para los tamales, y ajo, jitomates, y chiles para la salsa.
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¡Acompaña a todos a festejar la época navideña en grande en familia y descubre las bellas tradiciones mexicanas!

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"Una navidad en familia"
Un cuento de hijos adultos que regresan a casa para festejar la época navideña en familia.

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