Asociación NEP



Arnold y Max eran dos hermanos que deseaban cumplir un viejo sueño desde su infancia. Descencientes de una familia acaudalada fueron educados en colegios de prestigio de la ciudad.







Motivados por sus proyectos de aventuras, decidieron emprender un viaje donde disfrutar de la naturaleza de lugares reconditos alejados del bullicio y monotonía de la ciudad.






Arnold decía a su hermano: Conoceremos Singapur, Madagascar u otras ciudades.




Max le respondió: De ser así, no disfrutaremos tanto del viaje, que te parece y veo mejor, hacer una aventura por barco, conocer Ame´rica, surcar los mares hasta Japón y Thailandia...








La propuesta de Max fue aceptada por su hermano. No dudaron ni un momento en emprender su ansiada aventura, lejos de ignorar los momentos a los que se enfrentarían a través del inmenso mar.
Un día los hermanos llegaron a Japón en el barco, vieron varias ciudades. Ellos querían bajarse del barco para ver montañas y escalar.






Aunque estaban muy cansados por el viaje, volvieron al barco para ir a Francia.


Cuando llegaron a Francia fueron a ver la Torre Eiffel y comieron queso francés.
Fueron a ver las mezquitas a Marruecos, comieron cuscús, tahín y dátiles


Después fueron a las Islas Canarias, allí comieron escacho, papas arrugadas, pescado fresco y mojo.

Cuando llegaron a La Palma... apareció el coronavirus.









Nada más llegar a la isla, la policía los mandó a bajarse del barco. Ellos la respetaron y le hicieron caso.









Trás recibir las órdenes de la policía estuvieron en casa sin poder salir a la calle. En ese tiempo escribieron algunas cartas, se dedicaron a coger flores en el jardín, a plantar lentejas y a hacer pulseras y collares para amigos y para ellos también. Max y Arnold estuvieron muy entretenidos con todas estas tareas.







Durante el confinamiento, además de hacer todas estas tareas, los hermanos no podían parar de pensar cuándo acabaría... ya que se morían de ganas por conocer la isla... Habían escuchado que La Palma era taaaan bonita. Aunque sabían que no podían salir de la casa hasta nuevo aviso...








Pero un día Max, con su espíritu aventurero le propuso a Arnold...



¿Y si salimos hoy a visitar alguna parte de la isla?





Arnold se quedó pensando durante un segundo... le apetecía muchísimo salir y poder conocer todos los rincones de la isla, pero.... sabía que debía ser responsable y respetar lo que se había establecido. Entonces Arnold le respondió a su hermano...


Max, tenemos que respetar el estado de alarma, ahora mismo depende de todos los ciudadanos el bienestar de la comunidad... si salimos podemos coger el virus... o quizás, incluso, podemos transmitirlo. ¡Verás que pronto podremos hacer todos los planes!






Max se quedó pensando un poco triste... pero sabía que su hermano tenía razón... No había persona más respetuosa y responsable que Arnold. Max también lo era, pero siempre había sido mucho más impulsivo. Max le dijo a Arnold...








Gracias Arnold, porque con tu decisión me has dado una lección y se que es por cuidarnos y cuidar a la gente palmera.
El confinamiento llegó a su fin y Max y Arnold pudieron descubrir La Isla de La Palma. Fueron a los Tilos, a la Caldera de Taburiente, vieron el Volcán Teneguía.... Que gran verdad, estaban asombrados... Era cierto que La Palma era la isla bonita. Después de muchísimos días y de un gran aprendizaje en la isla de La Palma, Max y Arnold sabían que volverían y que nunca la podrían olvidar, se despedían de ella y estaban preparados para continuar con sus aventuras por el mundo.





FIN

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