Este libro está dedicado a todos los alumnos y alumnas de la clase de 1º de primaria, ya que han sido los autores del cuento y sus dibujos que son maravillosos, y han demostrado que ningún virus puede dejarles sin cumplir sus sueños, y uno de ellos, fue terminar este cuento desde sus casas, con el incondicional apoyo de sus familias.
¡GRACIAS!

Raúl era un niño de 9 años que vivía en un faro con sus padres y su hermana Sofía, de 11 años. Le gustaba el espacio y mirar la luna desde el gran telescopio que tenían en lo alto del faro.
Como todas las noches, Raúl subió a la torre para observar desde su telescopio la luna, aunque le daba algo de miedo porque había tormenta. Entonces, un fuerte rayo cayó sobre el telescopio y el cielo se iluminó.
Cuando Raúl abrió los ojos, se quedó alucinado:
¡Estaba en la Luna!


Lucía
Raúl no podía creérselo, miraba a un lado y al otro, hasta donde le alcanzaba la vista, todo lo que podía ver era la Luna y el espacio.
Le pareció que algo se movía y empezó a escuchar voces.
Raúl asustado quiso esconderse pero al moverse... ¡Comenzó a flotar!
No sabía donde agarrarse, cuando de repente, notó que alguien le sujetaba por detrás...
¡Era un astronauta!


Belén
¡Madre mía! dijo Raúl. ¡Estoy con un astronauta!
Bill tenía 40 años y llevaba 4 años en la Luna. Me cogió de la mano y me llevó a su nave espacial. Era increíble, de color roja y azul.
Por dentro, tenía de todo: mesas, sillas, cocina... ¡Hasta una televisión!
Allí, abrió un armario y sacó un traje de astronauta para mi.


Pablo
Bill me dio el traje y me quedaba... ¡Espectacular!
Entonces, el astronauta le dijo a Raúl: ¡Ven, te presentaré a alguien!
Salimos de la nave y ella estaba allí: ¡Era Elisabeth! Mi gran amiga de la tripulación, la cual, se encargaba de una misión muy especial...


Noa
Bill, Elisabeth y Raúl cogieron los trajes de astronautas y salieron de la nave espacial. Estuvieron andando sobre la Luna, buscando minerales para la misión que querían llevar a cabo.
Necesitaban los minerales para echarlos en una súper máquina y hacer que se pudiera vivir en la Luna.


Isaac
Para que ellos pudiesen tener suficiente oxígeno, tendrían que buscar y meter 35 minerales diarios en la cubeta que se sitúa en el sótano de la nave espacial.
Así, la nave soltaría al exterior todo el oxígeno necesario para que pudiesen vivir.
Bill, Elisabeth y Raúl, como cada mañana, se levantaban en busca de minerales, y cuando conseguían la cantidad necesaria, se sentaban a pensar de qué manera podían conseguir alimento para poder seguir teniendo fuerzas.
De repente, vieron un insecto y Elisabeth dijo:
¡Chicos, podemos ir tras él. Esos insectos tienen muchas proteínas!


Asier
Entonces, empezaron a seguir al insecto y cuando se acercaron se dieron cuenta que no eran insectos sino una especie de alienígenas que habitaban en la Luna.
Enseguida, Bill, Elisabeth y Raúl se quedaron sorprendidos de lo que acaban de descubrir.
¡Ohhh! ¡Hay vida en la Luna!
Entonces se dieron cuenta que había mucho más por descubrir.


Víctor
Siguieron al alienígena muy sorprendidos hasta que llegaron a una especie de cueva donde había más seres recogiendo algo de su interior.
Bill, Elisabeth y Raúl esperaron en silencio hasta que se marcharon; después, con cuidado se acercaron para ver más de cerca la cueva.
Al entrar, se quedaron boquiabiertos... ¡Toda la cueva estaba llena de luces muy brillantes!
Allí, descubrieron un lago cristalino donde había peces de colores, algo diferentes de los que vivían en la Tierra.


Inés
Al ver tantos peces, Raúl dijo: ¡Bien, ya hemos encontrado comida! pero... ¿Cómo los vamos a coger?
Bill respondió: "En la nave espacial, yo tengo una red y un cubo, podríamos intentar pescarlos. El problema es que no sabemos si son comestibles o no. Iremos a por la red y el cubo, los pescaremos y los examinaremos". Y así lo hicieron, cogieron todo lo necesario y volvieron a la cueva.
Llenaron el cubo de peces de colores y cuando se disponían a volver a la nave, se encontraron con los pequeños insectos alienígenas. ¡Eran cientos!
Estaban aterrorizados porque no sabían si eran pacíficos o no.


Valeria
De camino a la nave, con el cubo lleno de peces, escucharon que alguien les seguía...
"¡Hola amigos! ¿Qué hacéis por aquí?", yo me llamo Simer y vivo en el espacio con mi familia y mis amigos, y Raúl le dijo: Hola Simer, yo soy Raúl y estos son mis amigos Bill y Elisabeth. Hemos venido a buscar comida y hemos encontrado estos peces de colores pero no sabemos si se pueden comer.
¡No se pueden comer! Dijo Simer, "Son peces de colores que pertenecen al lago cristalino, pero... tengo una idea, ¡Os invito a mi casa a comer!"
Cuando llegaron a casa de Simer, se quedaron alucinando de lo grande que era, y además....
¡Tenía muchas luces de colores!


Lara
Simer invitó a comer a los tres amigos y les contó cómo era su vida y la de su familia en la Luna.
Lo que más les sorprendió a Raúl, Bill y Elizabeth, fue saber que Simer viajaba a menudo al espacio, a bordo de una pequeña nave que tenía.
Tanta curiosidad les despertó, que los tres amigos le pidieron dar un paseo.
El despegue fue... ¡Muy emocionante!
Lo que más le gustó a Raúl fue ver las dos caras de la Luna y el color azul del planeta Tierra.
No podía creer que estuviera viviendo aquella fantástica aventura.


Álvaro
Lo más increíble fue cuando Simer les enseñó el planeta rojo, llamado "Marte", donde descubrieron el "Monte Olimpo" que es el cráter más grande del planeta.
Allí habitaban los primos de Simer, Ben y Laika; dos alienígenas rojos como el planeta, trastos y curiosos.
Ben y Laika jugaban a un juego muy divertido que consistía en saltar de meteorito en meteorito y ver así, las luces del espacio.
¡Alucinante! Elisabeth, Raúl y Bill vieron en poco tiempo muchísimos cometas y estrellas fugaces.
¡Toda una aventura en el planeta rojo! que además, continuó con otra súper aventura cuando volvieron a subir a la nave de Simer.


Rubén
Y así, llegaron a Saturno, el planeta de los anillos, donde encontraron un jardín hermoso, con muchas flores de colores.
Caminando por él, encontraron una flor azul, junto a un lago. Era muy brillante; descrubrieron que era mágica y que les podía conceder un deseo, pero solamente uno, por lo que todos se tenían que poner de acuerdo.
Después de pensarlo muy bien, el mejor deseo sería que la hermana de Raúl, sofía se reuniera con ellos y juntos recorrer el resto de las aventuras, ya que Raúl la echaba mucho de menos.
De este modo, el grupo se vio aumentado y partieron todos juntos y felices a seguir disfrutando de sus aventuras.


Mía
Entonces todos se pusieron muy felices por ver a la hermana de Raúl, llamada Sofía.
Con todo el alboroto y la alegría, Raúl tropezó y se cayó al suelo. Al levantarse, se dio cuenta que todas las aventuras que pasaron fueron, nada más que un sueño mágico y realmente bonito.
Raúl les contó a sus padres y a su hermana Sofía todo lo que había pasado en su viaje a la Luna, y a todos le gustaron mucho sus aventuras.


Aitana
Y colorín colorado, el cuento del espacio...
¡Se ha acabado!

Mauricio
C.E.I.P. Villa de Quer Curso 2019-2020
Clase:1º Primaria Profe: Irene


- < BEGINNING
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