


Cumplir años resulta sencillo, pero muchas veces no lo es. Yo conozco una chica llamada Lulú que no podía cumplir años...y eso que se esforzó mucho. La pobre intentaba e intentaba...y no podía. Todo por culpa de la tía Javiera y sus velas malditas.





Esta historia ocurrió un 18 de marzo, el día del cumpleaños de Lulú.
La tía Javiera trajo una torta enorme llena de frutillas (porque a Lulú le encantan) y con tres velitas (aunque a Lulú le tocaba cumplir siete).
















-¡Qué torta más linda, tía!-dijo Lulú, mientras ayudaba a la tía a apoyar la fuente sobre la mesa.
-¿Viste cuántas frutillas?-le señaló la tía con una sonrisa.
-¡Sí! ¡Me encantan las frutillas, tía!-dijo Lulú.













-¿Y viste las velitas?
-Sí, tía. ¡Me encantan los colores!-dijo Lulú.
-Si...pero no son velitas cualquiera. ¡Son especiales!-dijo la tía Javiera.
-¡Me encantan las velitas especiales!-dijo Lulú.
¡´Pobre Lulú! ¡No sabía lo que decía! ¡No sabía lo que le esperaba!













Al principio, el cumpleaños de Lulú se pareció mucho a cualquier otro cumpleaños. Había globos, invitados, regalos...


































Hasta que la mamá de Lulú trajo la torta y dijo:
-Bueno ¡a soplar las velitas!
Todos los invitados salieron corriendo y se colocaron alrededor de la mesa.
-¡Uno, dos, tres!-contó el abuelo Fermín. Y todos se pusieron a cantar "Que los cumplas feliz".
























Hasta que la mamá de Lulú trajo la torta y dijo:
-Bueno ¡a soplar las velitas!-Todos los invitados salieron corriendo y se colocaron alrededor de la mesa. La mamá de Lulú encendió las velitas.
-¡Uno,dos,tres!-contó el abuelo Fermín. Y todos se pusieron a cantar "Que los cumplas feliz".

Lulú juntó aire...¡y sopló!
El fuego de las velitas se agachó, ¡pero no se apagó! Intentó por segunda vez...pero las velitas seguían encendidas.




































































Lulú miró las velitas y puso cara de rabia (porque les tenía rabia). Y los invitados pusieron cara de nerviosos. La mamá de Lulú miró fijo las velas, frunció las cejas y dijo: -¡Soplemos todos juntos!-
Los invitados se prepararon para solpar muy fuerte.





El fuego de las velitas primero se agachó, después se acurrucó y ¡al fin se apagó!




























-¡Viva!-gritaron todos y empezaron a aplaudir como locos.
Mientras aplaudian, se encendió una chispita, después otra y después otra. ¡Se volvieron a encender las muy malditas!








Lulú se puso a llorar.
-Esto no puede seguir así-dijo el papá de Lulú, apretando los dientes.
Y salió corriendo a buscar a los vecinos para que los ayudaran a soplar las velas.

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