Escritor:María Isabel Prieto Rojas
Ilustrador:María Isabel Prieto Rojas
Editor:María Isabel Prieto Rojas
Adulto Responsable: Yurizán Peñarette
Para entretenerse y disfrutar :)

Una vez, cuatro mineros entraron en una cueva, esta no estaba húmeda pero tampoco estaba seca, y tenía un brillo de las paredes, a esta cueva decían que estaba embrujada porque las personas que entraban no volvían a salir.

Los mineros no hicieron caso a las advertencias, por lo que entraron a la cueva con picos palas y demás materiales para empezar a excavar, entre estos mineros estaba un joven que estaba haciendo su primer trabajo bajo tierra; un señor musculoso que llevaba un carro que se podía transportar por tierra y además, era el encargado de sacar las cosas que se encontrasen en la cueva; un hombre que parecía un coyote, que tenía una fuerza en sus brazos y piernas tal que podía hacer alpinismo libre sin sufrir daños; y otro hombre muy serio, pero aun así era el que más material encontraba en las paredes, debido a su experiencia en la minería.
Los mineros al entrar en la cueva quedaron fascinados por la claridad del lugar, tanto que no necesitaban encender sus cascos linterna hasta llegar a una distancia considerable dentro, entre esto al hombre musculoso se devolvió antes de adentrarse a la parte más oscura de la cueva, amarrando una cuerda de seguridad a las rocas grandes de la cueva por si llegaban a perderse encontrar el camino de regreso,
al cabo de un rato el señor musculoso alcanzó a sus compañeros, pero algo había cambiado, pues caminaban más encorvados de lo usual y con la cabeza más cerca al suelo.
Esto no le llamo mucho la atención, ya que pensaba que ya estaban encontrando algo. Más adelante cuando la cueva estaba muy oscura el señor musculoso encendió un casco, esto encegueció a sus compañeros haciendo que se taparan los ojos, y al ver a sus compañeros se horrorizó, el joven muchacho había perdido el cabello y su piel estaba lisa y llena de lunares, el hombre-coyote tenía unas orejas muy grandes, sus brazos se convirtieron en alas y su cuerpo estaba lleno de pelo, y al señor serio, que también estaba muy peludo, sus manos se convirtieron en garras afiladas y bastante feas.
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