Además han puesto sus voces: Ayoub, Carla, Valeria, Lucía, Abdellah, Cristian, Aya, Antonella y David de 3ºA.

Es la última semana antes de Navidad y dos hermanos siguen con su vida rutinaria, trabajando.
Una buenísima mecánica, Irene, y su hermano, un gimnasta profesional llamado Hugo.







Durante uno de los entrenamientos de Hugo, haciendo volteretas, vueltas laterales, mortales hacia atrás... escuchó un “clack” y sintió un fuerte dolor en la rodilla derecha. A su vez, Irene estaba arreglando el coche de su amigo y cortando un tubo se hizo un corte en la mano. Se asustó mucho al ver la herida.
Los dos hermanos fueron llevados al hospital y “¡oh, sorpresa!”, ambos se encontraron en la sala de urgencias.





Los hermanos se miraron fijamente y los dos se preguntaron:
-¿Qué haces aquí Hugo?
-¿Qué te ha pasado Irene?
De repente entró en la sala una doctora y les dijo que tendrían que quedarse unos días en el hospital porque las heridas eran graves. Los dos se pusieron muy tristes porque quedaban pocos días para Navidad.
Por precaución, la doctora les dijo que deberían hacerse una prueba para saber si tenían la COVID 19.
Llegó la noche, los dos hermanos se quedaron dormidos pensando en el resultado. Cayeron en un profundo sueño, en el que aparecía una gran sombra y se escuchaba un cascabeleo a lo lejos.
Mientras, sin saber nada de lo ocurrido, su padre Javier estaba pensando en el menú de la cena de Nochebuena. Se le ocurrían montones de cosas paté, jamón, pescado, sushi, asado, langostinos, tigres... ¡Vaya lío!
Y su madre María, estaba decorando el árbol y colocando todos los adornos de Navidad. Ponía: bolas, estrellas, ángeles, el Belén, Papá Noel, Reyes Magos, guirnaldas de luces, espumillón de colores…
¡Qué trabajazo!









El padre de Hugo e Irene, es enfermero en el hospital y le toca turno de noche. Al llegar al trabajo se llevó un gran susto al ver a sus hijos allí ingresados. Inmediatamente llamó a María, su esposa, para contarle lo sucedido.
Tras pasar bien la noche, a la mañana siguiente entró su padre con los resultados de la PCR, el resultado era positivo, por lo que todos se quedan muy tristes.
Ambos quedaron aislados aunque unas horas después, Javier, recibió una llamada del hospital pidiendo disculpas, ya que los resultados estaban equivocados y los suyos eran negativos.
Días después se recuperan en casa, con la ayuda de sus padres.


Es la tarde de Nochebuena, y mientras están viendo la televisión, escuchan en las noticias algo asombroso: los árboles de Navidad están siendo robados y solo se ven sombras.
Todo el mundo está triste y asustado por las sombras porque no saben qué o quién puede ser.
En las escenas de los robos han aparecido bolas de Navidad y la Guardia Civil las está siguiendo para resolver el misterio.
Hugo e Irene se ofrecieron voluntarios para ayudar a solucionar el caso. Se les ocurrió ir al pueblo de al lado, que se llama Andosilla, y allí se encontraron tres pistas. Una era un mechón de pelo blanco, otra pista era un montoncito de pelo marrón y la última un trozo de lana roja.
Hugo e Irene se pusieron a pensar: quién puede tener pelo blanco o marrón y que viste de rojo. ¿Quién podrá ser?







Deberíamos ir a Andosilla a investigar lo ocurrido.


Con aquella duda regresaron a casa. Allí estaban sus padres Javier y María; sus tíos Mikel y Aroa; sus primos Mikel y Julia y sus abuelos, Rafa y Olga que vivían con sus tíos.
Nada más llegar les contaron lo que había sucedido, el misterio de los árboles desaparecidos. Les dijeron las pistas que habían encontrado. Todos se quedaron sorprendidos, pensativos, extrañados e intranquilos.
Llegó la hora de la cena y se fueron sentando a la mesa. Hugo e Irene les contaron su experiencia en el hospital y cómo les llamó la atención los trajes de protección que utilizan el personal sanitario para protegerse del coronavirus.
La cena estaba riquísima y todos disfrutaron mucho, pero seguían con el misterio sin resolver.












Se fueron a dormir, pero Hugo e Irene no podían parar de pensar en quién sería el ladrón y por qué estaba robando los árboles de Navidad. Decidieron salir por San Adrián para buscar más pistas. Después de un buen rato dando vueltas, Irene vio a lo lejos unas bolas de Navidad esparcidas por el suelo, una detrás de otra...tenía que ser del ladrón y decidieron seguirlas. El rastro los conducía hasta su propia casa…¡Era Papá Noel y estaba intentando robar su propio árbol navideño! Sorprendidos decidieron acercarse más, no podía ser Papá Noel el ladrón, era imposible. Cuando le vieron su cara le reconocieron inmediatamente, ¡ERA LA TÍA AROA! Estaban sin palabras… ¿por qué haría una cosa así?







Irene le preguntó a su tía que porqué estaba haciendo eso. Entonces Aroa le contestó, muy avergonzada, que estaba pensando en construir un círculo decorativo con ellos para celebrar una cena benéfica. A ella acudirían todas las personas que no tuvieran comida, compañía o dinero suficiente para poder cenar el día de Navidad.
A Hugo e Irene les pareció una idea estupenda. Le propusieron celebrar esa cena en la Plaza Muerza. Además pensaron en que cuando pasara la cena los árboles se podrían destinar a hacer juguetes de madera y que se repartieran la noche de Reyes entre los niños y niñas más necesitados del pueblo.

Mi intención es organizar una cena benéfica en este año tan especial.



¡Te ayudaremos!
Quedaba poco tiempo para prepararlo todo, así que se pusieron manos a la obra. Para ello, decidieron pedir ayuda a los bares de la plaza Muerza. Ellos accedieron gustosamente y se ofrecieron a preparar sus mejores recetas.
Los niños de San Adrián al enterarse del plan de Irene y Hugo, decidieron echarles una mano. Ofrecieron un juguete cada uno para que ningún niño se quedase sin juguetes el día de Reyes y también decidieron romper sus huchas. Había personas a los que ese dinero les vendría genial.
Ya no necesitaban utilizar la madera de los árboles, así que decidieron replantar los árboles en el pueblo para que esa Navidad quedara en el recuerdo de todo el pueblo. ¡Qué felicidad sentían!






























Y el día de la cena, llegó. Todo el mundo colaboró, y fue un rotundo éxito. Las mesas rebosaban de comida y la gente hablaba y reía sin parar.
Irene y Hugo decidieron que se haría todos los años ya que personas que estaban solas ese día no lo estarían.
Una semana después alguien que fue a la cena, estaba contagiado y todos y todas tuvieron que confinarse. Al estar tanto día en casa sin poder salir, los árboles se secaron en la plaza y no pudieron replantarlos. Todo no podía salir bien.
Al final, todos se recuperaron y se alegraron de que no hubiera sido peor. ¿Cómo se olvidaron de que no podían juntarse más de 10 personas?
No deberían haber cometido ese error, podía haber sido fatal.





















FIN


¡Feliz Navidad!

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