Con admiración para esos docentes que con una mirada, una canción o un juego, saben que están construyendo puentes entre el hogar y la escuela, acompañando cada paso en el crecimiento de sus estudiantes.

Capítulo 1:
MI LLEGADA AL MUNDO
Había una vez un niño llamado Nicolás que empezó una gran aventura mucho antes de nacer. Dentro de mi vientre, escuchaba voces dulces que más adelante sabría de quiénes eran y canciones suaves que lo hacían sentir amado y protegido. Desde que supe que estaba embarazada, comencé a cuidarme mucho más: comía sano, descansaba lo suficiente y asistía con frecuencia al médico para asegurarme de que todo estuviera bien. Estos cuidados especiales son conocidos como factores prenatales y son fundamentales para que mi bebé se desarrolle correctamente antes de llegar al mundo.
El 6 de abril fue un día muy especial. Todo estaba listo en el hospital: doctores, enfermeras y una cuna esperaban la llegada de Nicolás. Cuando nació, lo envolvieron en una manta calentita y lo colocaron entre mis brazos. Esos primeros minutos de vida, en los que recibió atención médica, calor y cuidado, forman parte de lo que se llama factores perinatales.
Desde entonces, comenzó a crecer rodeado de amor. En casa, su papá, sus abuelitos y yo le dábamos caricias, le hablábamos con dulzura y sonreíamos cada vez que lo mirábamos. Todas esas influencias iniciales lo ayudaron a sentirse seguro, acompañado y amado desde el primer instante de su vida.
Capítulo 2:
Mis primeros pasos
Los primeros tres años de Nicolás estuvieron llenos de descubrimientos. Desde muy pequeñito se interesaba por todo lo que lo rodeaba: le llamaban la atención las luces, los colores y sobre todo los sonidos suaves. Poco a poco, su sentido de la vista, el oído y el tacto se fueron desarrollando, y con ellos, su forma de conocer el mundo.
En sus primeros meses levantaba la cabecita, luego ya al año comenzó a gatear por toda la casa. Todos lo aplaudimos felices. Más adelante corría, subía escaleras, bailaba y jugaba sin cansarse. Su cuerpo se fortalecía con cada movimiento, y parecía que nunca quería parar. A la par, también aprendía a expresarse emocionalmente: se reía cuando jugábamos, lloraba cuando se frustraba y buscaba consuelo cuando algo lo asustaba, por lo que, con amor y paciencia, fue reconociendo lo que sentía.
En el lenguaje también avanzó mucho. Empezó diciendo “mamá” y “papá”, y con el tiempo fue repitiendo más palabras hasta formar frases. Le encantaban los cuentos, las canciones y repetir todo lo que escuchaba. A los tres años Nicolás ya hablaba con soltura, hacía preguntas y se comunicaba con claridad. Siempre fue un niño curioso, cariñoso y con ganas de aprender. Esos primeros años estuvieron llenos de juegos, abrazos y palabras. Gracias al amor que le dimos, seguía creciendo feliz y con un corazón dispuesto a seguir explorando el mundo.
Capítulo 3:
Mi entorno cercano
Desde que nació, Nicolás ha sido mi compañero de cuentos y canciones. Vivimos todos juntos: él, sus papás y nosotros, sus abuelitos. En nuestra casa, cada rincón tiene una historia y cada día está lleno de amor.
Por las mañanas, le preparo su desayuno favorito y mientras come, le cuento anécdotas de cuando su mamá era pequeña. Después jugamos a que somos chefs, exploradores o jardineros. El abuelo le habla de las plantas, yo le canto mientras cocinamos.
Nicolás siempre fue un niño curioso, lleno de energía y con un corazón gigante. Se ríe con facilidad, y si se cae, se levanta sin miedo, porque sabe que siempre habrá alguien que lo abrace. Lo escuchamos con atención, lo alentamos con palabras bonitas y celebramos cada uno de sus logros, por pequeños que sean.
Así, poquito a poco, ha aprendido a confiar, a valorarse, a descubrir que es especial. Yo sé que eso lo va a acompañar toda su vida
Capítulo 4:
Conociendo la escuela
Conocí a Nicolás el primer día de clases. Llegó agarrado fuerte de la mano de su mamá y con unos ojos tan grandes como su mochila. Estaba nervioso, pero bastaron un par de canciones y muchos abrazos para que se sintiera en casa.
Nicolás es de esos niños que llenan el aula con su risa. Le gusta participar, preguntar, contar lo que soñó o lo que desayunó. Es muy expresivo y sensible: si se frustra, se le nota enseguida; pero también aprende rápido a calmarse y pedir ayuda. Con cariño y paciencia, ha ido desarrollando sus emociones y habilidades sociales.
Se lleva bien con sus compañeros, aunque a veces quiere que todo sea a su manera. Hemos trabajado en respetar turnos, escuchar y compartir. Es un niño con mucha energía, lo que llamamos un pequeño torbellino alegre, siempre listo para jugar, pintar o inventar.
Sus padres participan activamente: asisten a reuniones, preguntan, se interesan. Esa conexión entre casa y escuela es clave para que Nicolás se sienta acompañado en todos los espacios.
Capitulo 5:
Mi cuerpito y mi herencia
Desde que conocí a Nicolás, supe que era un niño especial. Como pediatra, lo vi crecer desde sus primeras consultas: un niño activo, saludable y con una sonrisa que contagiaba alegría. Su cuerpito ha ido cambiando con el tiempo: sus piernas más fuertes, sus brazos más largos, y su cabello, que está rizado como el de su mamá. Algunas características físicas que no tienen son casualidad, son parte de lo que conocemos como herencia biológica. Por ejemplo, sus ojos grandes vienen de su papá, y su estatura, parece, la heredó de su abuelo.
Pero no solo la apariencia se hereda. También ciertas condiciones de salud o talentos. Nicolás tiene buena coordinación motriz y una memoria excelente, cualidades que podrían tener relación con otros miembros de su familia. Además, su crecimiento está influenciado por el cuidado que recibe: alimentación, vacunas, horas de sueño y mucho movimiento. Cada consulta médica es una oportunidad para comprobar cómo su cuerpo se desarrolla de forma equilibrada, gracias al amor y la atención que recibe en casa y en la escuela.
¿Por qué soy como soy?
A veces, Nicolás entra a mi oficina con una energía que llena el espacio. Otras veces, lo hace en silencio, observando todo su alrededor. Cada día me muestra una parte diferente de su mundo interior, y eso me ayuda a entenderlo mejor.Nicolás tiene un temperamento vivaz y curioso. Le encanta explorar, preguntar, moverse. Cuando algo no le sale como espera, puede frustrarse, pero ha aprendido a respirar, contar hasta cinco o buscar ayuda. Estas reacciones tienen mucho que ver con su personalidad y con los factores psicológicos que lo hacen único.
Su forma de ser está influenciada por su historia, su familia, sus experiencias y también por cómo ha aprendido a manejar lo que siente. Le gusta liderar juegos, inventar reglas, y a veces quiere tener el control de todo. Con acompañamiento, ha aprendido a ser más flexible y empático.
Cada niño tiene una forma diferente de ver el mundo. En el caso de Nicolás, su fortaleza está en su capacidad para sentir intensamente y adaptarse con el apoyo adecuado
Capitulo 7:
Comer , jugar y crecer

Nicolás tiene una gran familia de día empieza con el olor del pan calentito y la voz dulce de su mamá diciendo, Nicolás , el desayuno está listo! A veces le gusta comer, otras veces no tanto. Si hay huevos revueltos, sonríe. y si hay avena, hace una cara rara y dice que no tiene hambre. Pero su mamá le explica que para jugar bien y crecer fuerte necesita llenar su pancita.
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